Spanish

El Desarrollo Sostenible y el Espíritu Humano

El Desarrollo Sostenible y el Espíritu Humano

Río de Janeiro, Brasil—4 June 1992

Junio de 1992

Por encima de cuestiones técnicas y políticas como los límites que han de fijarse a los gases que producen el efecto invernadero, la forma de promover un desarrollo sostenible y quién ha de pagar por ello, la cuestión fundamental que enfrenta la comunidad mundial es ésta: ¿Puede la humanidad, con sus arraigadas esquemas de conflicto, intereses egoístas y falta de previsión, comprometerse a una cooperación bien orientada y una planificación de largo alcance a escala global?

Las decisiones de la Cumbre para la Tierra destacaron tanto la complejidad como la interdependencia de los problemas que enfrenta la humanidad. Ninguno de estos problemas - las debilitantes desigualdades en el desarrollo, las amenazas apocalípticas del calentamiento de la atmósfera y la reducción de la capa de ozono, la opresión de las mujeres, el abandono de niños y pueblos marginados, por nombrar algunos - puede ser abordado en forma realista sin considerar todos los demás. Ninguno puede ser abordado plenamente sin una medida de cooperación y coordinación en todos los niveles que supere con creces todo cuanto haya experimentado colectivamente la humanidad.

Sin embargo, la posibilidad de tal cooperación es arruinada por la degradación generalizada del carácter humano. Aunque no son comúnmente debatidos en relación con los desafíos del medio ambiente y el desarrollo, hay actualmente en el mundo ciertas tendencias - entre las que se cuentan la muy difundida falta de disciplina moral, la glorificación de la avaricia y la acumulación de riquezas, el creciente colapso de la familia y la comunidad, el aumento de la delincuencia y el desorden, el dominio del racismo y la intolerancia y la prioridad que se da a los intereses nacionales por encima del bienestar de la humanidad - todas las cuales destruyen la confianza y la credibilidad, que constituyen la base de la colaboración.

La inversión de estas tendencias destructivas es esencial para el establecimiento de la unidad y la cooperación. Esta inversión requerirá una profunda comprensión de la naturaleza humana. Pues, si bien la economía, la política, la sociología y la ciencia ofrecen importantes herramientas para abordar las crisis interdependientes que enfrenta la humanidad, una verdadera resolución del peligroso estado de las cosas en el mundo sólo podrá lograrse cuando sea tomada en consideración la dimensión espiritual de la naturaleza humana y el corazón humano sea transformado.

Aunque hay aspectos místicos que no son fácilmente explicables, la dimensión espiritual de la naturaleza humana puede ser comprendida, en términos prácticos, como la fuente de cualidades que transcienden el estrecho interés personal. Tales cualidades incluyen el amor, la compasión, la tolerancia, la confiabilidad, la valentía, la humildad, la cooperación y la disposición al sacrificio en aras del bien común: cualidades propias de una ciudadanía esclarecida, capaz de construir una civilización del mundo unificado.

Los cambios profundos y de largo alcance, la unidad y cooperación sin precedente, requeridos para reorientar el mundo hacia un futuro justo y sostenible respecto del medio ambiente, sólo serán posibles tocando el espíritu humano, apelando a los valores universales que son los únicos que pueden hacer que las personas y los pueblos actúen en concordancia con los intereses de largo plazo del planeta y de la humanidad como un todo. Una vez que sea utilizada, esta poderosa y dinámica fuente de motivación individual y colectiva liberará un espíritu tan profundo y benéfico entre los pueblos de la tierra, que no habrá poder que resista su fuerza unificadora.

La verdad espiritual fundamental de nuestra época es la unicidad de la humanidad. La aceptación universal de este principio - con sus efectos en la justicia económica y social, la participación universal en la toma de decisiones sin antagonismo, la paz y seguridad colectiva, la igualdad de los sexos y la educación universal - hará posible la reorganización y administración del mundo como un solo país, el hogar del género humano.

Hace más de cien años atrás, Bahá'u'lláh desafió a los gobernantes y pueblos de la tierra a hacer que su visión abarcara el mundo: "No debe enorgullecerse quien ama su propio país, sino más bien quien ama el mundo entero."La respuesta a este desafío está pendiente.

Mujeres y Hombres: Una Sociedad para un Planeta Saludable

Mujeres y Hombres: Una Sociedad para un Planeta Saludable

Exposición prsentada al "World Women's Congress for a Healthy Planet"

Miami, Florida—8 November 1991

8-12 Noviembre, 1991

"El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que se establezca firmemente su unidad." Estas palabras proféticas, pronunciadas por Bahá'u'lláh durante las décadas finales del siglo diecinueve fueron poco menos que pasadas por alto por los dirigentes de la época. No obstante, en la década final del siglo veinte, la humanidad ha comprendido cada vez mejor su interdependencia y se ha convencido finalmente que ningún individuo, institución o nación puede vivir completamente aislados del conjunto. La crisis del desarrollo / medio ambiente ha hecho que muchos re-examinen sus opiniones sobre el mundo y a mirar a la tierra como un sistema único, orgánico y unificado. En consecuencia de ello, la búsqueda del equilibrio entre las necesidades de la sociedad y los recursos limitados del mundo natural se está produciendo en el contexto más amplio de la búsqueda del equilibrio, paz, y armonía dentro de la sociedad misma.

La relación íntima entre la unidad de la raza Humana y la igualdad de los sexos se explica en las Escrituras Baha'is: "... la mujer debe recibir el mismo privilegio en la educación que recibe el hombre y pleno derecho a sus prerrogativas. Es decir, no debe existir diferencia en la educación del varón y la mujer para que las mujeres puedan desarrollar igual capacidad e importancia que el hombre en la ecuación económico-social. Entonces el mundo alcanzará la unidad y la armonía. En épocas pasadas la humanidad fue defectuosa e ineficiente porque estaba incompleta. La guerra y su desolación agotaron al mundo. La educación de la mujer será un paso gigantesco hacia su abolición y fin, ya que la mujer ejercerá toda su influencia contra la guerra. La mujer cría al niño y educa al joven hasta la madurez. Ella rehusará ofrecer sus hijos en sacrificio sobre el campo de batalla. Ciertamente, ella será el factor más importante en el establecimiento de la paz universal y el arbitraje internacional. Es seguro que la mujer abolirá las guerras entre los seres humanos".

Hasta la fecha, la mayoría de los sistemas de organización social han marginado a las mujeres. En su conjunto, las estrategias modernas de desarrollo han tendido a reforzar y, en ocasiones, exacerbar las condiciones de falta de igualdad. Para enfrentar la desigualdad entre los sexos, las Naciones Unidas lanzó el hito "El Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer: Igualdad, Desarrollo y Paz (1975-1985)." Como consecuencia de investigaciones hechas durante el Decenio, se hicieron más visibles las contribuciones vitales de las mujeres a la vida social y económica de sus naciones. Las nuevas investigaciones también destacaron las cargas innecesarias llevadas por las mujeres y los obstáculos que impedían su plena participación en la sociedad. Más, significativamente, el Decenio reunió a las mujeres y les suministró oportunidades sin precedentes para intercambiar puntos de vista y experiencias. Las mujeres encontraron que sus preocupaciones compartidas por su propio futuro y por el de la familia humana les permitían trascender fronteras nacionales, de clase y de raza. Además, el Decenio catalizó la revitalización de las organizaciones femeninas tradicionales y la creación desde las raíces de nuevas Organizaciones. No-Gubernamentales (ONGs) que se preocupen de las necesidades específicas de las mujeres. Estas ONGs han facilitado una extensa red entre las mujeres, dándoles el poder para articular sus necesidades, diseñar sus propios programas, y comenzar a efectuar la elaboración de políticas a todos los niveles. Como resultado de los esfuerzos emprendidos durante el Decenio, los planificadores del desarrollo han comenzado a enfrentar la falta de acceso de las mujeres a recursos tales como la educación, la tecnología y el crédito. Las agencias de las Naciones Unidas, los gobiernos nacionales y las agencias internacionales de desarrollo han establecido divisiones para que aborden las necesidades de las mujeres.

Estos son logros significativos que deben ser fortalecidos y ampliados considerablemente. No obstante cierto progreso, las mujeres permanecen marginadas de la elaboración de políticas, y los sistemas que tradicionalmente las han oprimido permanecen, en gran medida, intactos. Estos sistemas adhieren al modelo de dominación que ha caracterizado a la sociedad por miles de años: los hombres han dominado a las mujeres; un grupo racial o étnico ha dominado a otros; y nación ha dominado a nación. No obstante la renuencia de la humanidad al cambio, "el equilibrio está variando, la fuerza está perdiendo su dominio, y la viveza mental, la intuición y las cualidades espirituales de amor y servicio, en las que la mujer es fuerte, están ganando en poder. En adelante tendremos una época menos masculina y más influida por los ideales femeninos o, para explicamos más exactamente, será una época en la que los elementos masculinos y los femeninos de la civilización están más equilibrados".

En tanto que las mujeres deben desarrollar sus capacidades y adelantarse para desempeñar un papel activo en la solución de los problemas del mundo, el impacto de sus acciones será limitado si no reciben la plena cooperación de los hombres. Mujeres trabajando juntas en unidad y armonía ya han logrado mucho en las esferas de influencia que les están abiertas. Ahora las mujeres se deben unir a los hombres como socios iguales. Cuando los hombres brinden su pleno apoyo al proceso, dando la bienvenida a las mujeres en todos los campos del esfuerzo humano, valorando sus contribuciones y estimulando su participación, los hombres y las mujeres juntos ayudarán a crear el clima moral y sicológico en el que puede emerger la paz y pueda avanzar y florecer una civilización sostenible ambientalmente.

La transformación que se requiere para la verdadera igualdad será, sin duda, difícil tanto para los hombres como para las mujeres, porque ambos deberán revaluar lo que es familiar, lo que es rutina. Se debe abandonar la culpabilidad porque ningún individuo puede cargar con la culpa de haber sido modelado por fuerzas históricas y sociológicas. La culpa se debe descartar en favor de la responsabilidad por el crecimiento. A la luz de los profundos desafíos que enfrenta la humanidad, todos cargan con la responsabilidad de reconocer que el antiguo modelo ya no funciona, y todos deberán responder ante las futuras generaciones por su fideicomiso de la civilización humana y su relación con la tierra.

El cambio, no obstante, es un proceso evolutivo que requiere de paciencia con uno mismo y con los demás, educación amorosa y el transcurso del tiempo. La transición se facilitará cuando los hombres comprendan que ellos no podrán lograr sus plenas potencialidades en tanto que se impida a las mujeres de alcanzar las suyas. En verdad, cuando los hombres promuevan activamente el principio de la igualdad, las mujeres ya no tendrán necesidad de luchar por sus derechos. Gradualmente, tanto las mujeres como los hombres abandonarán antiguas actitudes no saludables e incorporarán progresivamente en sus vidas los valores que conducen a la verdadera unidad.

La opinión de la Comunidad Internacional Baha'i es que la civilización mundial que emerge tendrá por base un compromiso común con un nuevo conjunto de valores, una comprensión compartida del equilibrio entre derechos y responsabilidades, y la disposición por parte de cada cual para servir los mejores intereses de la humanidad como un todo. Para los Baha'is, el compromiso con la emancipación de la mujer no es algo reciente y tampoco es la igualdad entre los sexos un vago ideal. Es nuestra convicción que la unificación de la raza humana depende del establecimiento de la igualdad entre hombres y mujeres. La humanidad, explican las Escrituras Baha'is, al haber pasado por las etapas de la infancia, niñez y turbulenta adolescencia, ahora se acerca a su madurez, una etapa que atestiguara "la reconstrucción y la desmilitarización de todo el mundo civilizado - un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su vida."

Legislación Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo

Legislación Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo

Una declaraciòn presentada por la Comunidad Internacional Baha'i al Comité Preparatorio para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (UNCED - Cumbre Para La Tierra).

Ginebra, Suiza—13 August 1991

Agosto 1991

Hace poco más de cien años, en una serie de cartas enviadas a los dirigentes de la época, Bahá'u'lláh habló de la humanidad como que entraba a una etapa histórica que traería la reestructuración radical de la vida sobre el planeta. Desafíos nunca antes vistos, dijo Él, pronto abrumarían los recursos incluso de los países más avanzados. Podrían ser enfrentados solamente por un sistema federado mundial cuyo órgano central fuese un parlamento mundial representativo, dotado de poderes para crear un código de leyes universalmente acordado y obligatorio. "La tierra es un sólo país", afirmó Bahá'u'lláh, "y la humanidad sus ciudadanos".

A medida que la magnitud, complejidad y urgencia de los problemas ambientales se han ido imponiendo gradualmente a la opinión pública, la lógica de esta prescripción se ha hecho cada día más aparente. La maquinaria y procedimientos legislativos internacionales disponibles demuestran ser inadecuados, ante todo porque se basan en leyes que rigen naciones-estado. Para la Comunidad Internacional Baha'i parece evidente que, a no ser que se adopten nuevos pasos creativos para la reestructuración del orden internacional, la degradación ambiental por sí sola, con sus implicancias de largo alcance para el desarrollo social y económico, será conducida inexorablemente a un desastre de dimensiones sobrecogedoras.

El procedimiento actual para la creación de legislación internacional sobre el medio ambiente, que aborda solamente un problema a la vez, es fragmentario y no sistemático. Se han adoptado convenciones, tratados y protocolos sobre asuntos tan diversos como la protección de la capa de ozono y el control del tráfico internacional de desechos peligrosos. Se están negociando otras convenciones sobre cambios climáticos y sobre diversidad biológica. Aún se han sugerido otras sobre temas como las fuentes terrestres de contaminación marina. No existe un cuerpo único responsable por la redacción de legislación internacional sobre medio ambiente. Tampoco se han puesto de acuerdo las naciones del mundo sobre un conjunto de principios en que se pueda basar la legislación ambiental. Más aún, las naciones firmantes de los diversos instrumentos jurídicos son raras veces las mismas. De esta manera es casi imposible armonizar o combinar los acuerdos.

Es bien sabido que el procedimiento legislativo internacional es lento, engorroso y caro. Una vez identificado un problema, se convocan reuniones de expertos para preparar un borrador de acuerdo. El acuerdo es negociado por los gobiernos interesados y es firmado en una reunión de plenipotenciarios. Después de lo que a menudo es un largo período de ratificaciones y agregados, la legislación entra en vigor, pero solamente en aquellos estados que lo han firmado. Generalmente se establece una secretaría que facilite y supervise la implementación de la convención. Si es necesario modificar la legislación, como fue el caso en el Protocolo de Montreal, en el que el deterioro de la capa de ozono sobrepasó lo estipulado en el protocolo, la puesta al día puede ser tan lenta como la adopción. Muchos países que tienen un número limitado de diplomáticos y expertos no pueden enfrentar procedimientos tan demorosos y caros, particularmente a medida que el número de negociaciones va en aumento para responder a los urgentes problemas globales del medio ambiente.

El actual procedimiento ad hoc para la legislación ambiental sólo puede llegar a ser mas inmanejable. Se han ofrecido numerosas proposiciones para proveer mecanismos globales para crear y apoyar un modelo sostenible de desarrollo. Algunos expertos aconsejan fortalecer el sistema existente de la NU, reforzando los mandatos de agencias tales como el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA), remodelando el Consejo Económico y Social (ECOSOC), o utilizando el Consejo de Administración Fiduciaria para la administración de ciertos recursos globales. Otros sugieren crear nuevos cuerpos tales como un consejo para la seguridad ambiental, un Tribunal Mundial de Justicia del Ambiente, o un cuerpo internacional para negociaciones ambientales para que prepare, adopte y revise la legislación internacional sobre asuntos que requieren acción global.

Por muy bien motivados y de ayuda que son tales propuestas, parece evidente para la Comunidad Internacional Baha'i que el establecimiento de un modelo sostenible de desarrollo es una tarea compleja con amplias ramificaciones. Esta claro que requerir un nuevo nivel de compromiso para resolver problemas mayores que no están asociados exclusivamente con el medio ambiente. Estos problemas incluyen la militarización, la excesiva disparidad de riqueza entre y dentro de las naciones, el racismo, la falta de acceso a la educación, el nacionalismo irrestricto, y la falta de igualdad entre mujeres y hombres. En lugar de un abordaje por partes concebido para responder a las necesidades de naciones-estado, parece preferible adoptar un acuerdo general bajo el cual se podrían promulgar códigos internacionales específicos.

Soluciones de largo alcance requerirán una visión nueva y comprensiva de una sociedad global, apoyada por nuevos valores. En opinión de la Comunidad Internacional Baha'i, la aceptación de la unidad de la humanidad es el primer prerrequisito fundamental para esta reorganización y administración del mundo como un sólo país, el hogar de la humanidad. El reconocimiento de este principio no implica abandonar lealtades legítimas, la supresión de la diversidad cultural, ni la abolición de autonomía nacional. Pide una lealtad más amplia, una aspiración mucho más elevada de la que ha animado el esfuerzo humano hasta ahora. Está claro que necesita la subordinación de los impulsos e intereses nacionales a las exigencias imperativas de un mundo unificado. Es inconsistente no solamente con cualquier intento por establecer la uniformidad, sino con cualquier tendencia hacia una excesiva centralización. Su meta está bien expresada en el concepto de "la unidad en la diversidad".

Las Escrituras Baha'is visualizan el sistema federado mundial propuesto por Bahá'u'lláh como uno "a favor del cual todas las naciones del mundo voluntariamente habrán de ceder sus derechos de hacer guerra, ciertos derechos de gravar impuestos y todos los derechos de mantener fuerzas armadas, excepto con el propósito de mantener el orden interno dentro de sus respectivos límites". Tal mancomunidad mundial incluiría "una legislatura mundial, cuyos miembros, en calidad de fideicomisarios de toda la humanidad controlarán, en última instancia, los recursos totales de todas las naciones integrantes, y estatuirán aquellas leyes que fueran requeridas para regular la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas las razas y pueblos. Un poder ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevar a cabo las decisiones a las que se haya arribado, y aplicar las leyes dictadas por esta legislatura mundial, y proteger la unidad orgánica de toda la mancomunidad. Un tribunal mundial aplicará y dictaminará su veredicto obligatorio y final en todas y cada una de las disputas que surjan entre los diversos elementos constituyentes de este sistema universal". Bajo tal sistema, "un código único de derecho internacional - producto del criterio reflexivo de los representantes federados del mundo -será sancionado por la intervención instantánea y coercitiva de las fuerzas combinadas de las unidades federales...". Al mismo tiempo, "la autonomía de [los] Estados miembros y la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen [serán] definitiva y completamente resguardadas".

Por lo tanto, la Comunidad Internacional Baha'i urge al Comité Preparatorio que considere iniciativas audaces y creativas para la creación de maquinarias y procedimientos legislativos internacionales. Ningún cambio real es posible sin visión. La Carta de la Tierra que se propone puede contribuir mucho para articular una visión unificada para el futuro y afirmar valientemente los valores sobre los cuales debe descansar. Al trabajar sobre el texto, bien puede ser que el Comité Preparatorio desee referirse a La Promesa de la Paz Mundial, una declaración hecha a los Pueblos del Mundo que fue emitida por la Casa Universal de Justicia en apoyo del Año Internacional de las Naciones Unidas de la Paz (AIP).

Los baha'is en todo el mundo encuentran que el proceso UNCED es un poderoso refuerzo del optimismo que ellos sienten para el futuro de la humanidad. Nosotros creemos que, con el poder del reconocimiento universal de los peligros que en la actualidad enfrenta el planeta, se puede inducir a los gobiernos del mundo para que actúen con valentía en representación de la raza humana como un todo. El resultado bien puede ser no solamente una respuesta efectiva a los problemas de medio ambiente y desarrollo que ahora nos enfrentan, sino también un paso enorme hacia adelante en la construcción de un sistema federal que pueda abordar a la totalidad de los desafíos que enfrenta una raza humana que se integrará rápidamente.

Carta de la Tierra

Carta de la Tierra

Río de Janeiro, Brasil—5 April 1991

5 de Abril 1991

La Comunidad Internacional Baha'i aplaude la proposición del Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (UNCED) que una Carta de la Tierra sea uno de los seis componentes principales que serán presentados a UNCED en Río de Janeiro, Brasil, en junio de 1992. En realidad, un acuerdo sobre los "principios que gobiernen las relaciones de los pueblos y naciones entre sí y con la tierra"será esencial "para asegurar nuestro futuro común tanto en términos del medio ambiente como en los del desarrollo". Por lo tanto, damos la bienvenida a esta oportunidad para compartir nuestros puntos de vista sobre los elementos que deben ser considerados para su inclusión en la Carta que se propone.

Es nuestra convicción que cualquier llamado a la acción global para el medio ambiente y para el desarrollo debe tener sus raíces en valores y principios universalmente aceptados. De igual manera, la búsqueda de soluciones para los graves problemas ambientales y de desarrollo del mundo, debe ir más allá de las propuestas técnico-utilitarias y abordar las causas subyacentes a la crisis. Desde el punto de vista Baha'i, las soluciones genuinas requerirán una visión del futuro aceptada globalmente, que se base en la unidad y voluntaria cooperación entre las naciones, razas, credos y clases de la familia humana. Será esencial el compromiso con una norma moral más elevada, con la igualdad entre los sexos y con el desarrollo de habilidades de consulta para el funcionamiento efectivo de los grupos a todos los niveles de la sociedad.

Hay muchas declaraciones sobre el medio ambiente a los que se podría referir la Carta de la Tierra de UNCED y de los que podría obtener material, incluyendo la Declaración de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano (1972), la Declaración de Nairobi (1982), la Carta Mundial de La Naturaleza (1982), y documentos más recientes tales como el Código Universal de Conducta Ambiental (Bangkok, octubre de 1990).

Está claro que una declaración o Carta de la Tierra de UNCED se beneficiaría con la más amplia consulta con los gobiernos y los organismos no-gubernamentales. Por lo tanto, la Comunidad Internacional Baha'i se complace en ofrecer los siguientes elementos para su posible inclusión en tal declaración de principios.

Con la finalidad de reorientar a los individuos y a las sociedades hacia un futuro sustentable, debemos reconocer lo siguiente:

La unidad es esencial si pueblos diversos han de trabajar en pro de un futuro común. La Carta de la Tierra bien podría identificar aquellos aspectos de la unidad que son pre-requisitos para lograr un desarrollo sostenible. Desde el punto de vista Baha'i, "El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que se establezca firmemente su unidad".

La explotación irrestringida de los recursos naturales es tan sólo un síntoma de una enfermedad generalizada del alma humana. Cualquier solución a la crisis del medio ambiente/desarrollo debe, por lo tanto, tener sus raíces en un enfoque que promueva equilibrio y armonía espirituales dentro del individuo, entre los individuos, y con el medio ambiente como un todo. El desarrollo material no debe servir tan sólo al cuerpo, sino también a la mente y al espíritu.

Los cambios que se requieren para reorientar al mundo hacia un futuro sustentable involucran grados de sacrificio, integración social, acción desprendida y unidad de propósitos que rara vez se han logrado en la historia humana. Estas cualidades han alcanzado su grado más elevado de desarrollo mediante el poder de la religión. Por lo tanto, las comunidades religiosas del mundo tienen un papel preponderante que desempeñar para inspirar estas cualidades en sus miembros, liberando capacidades latentes del espíritu humano y dando poder a los individuos para actuar de parte del planeta, de sus pueblos y las generaciones futuras.

Nada que sea menos que un sistema federado mundial, guiado por leyes implantables universalmente acordadas, hará que sea posible que los estados naciones puedan manejar cooperativamente un mundo cada vez más interdependiente y que cambia velozmente, posibilitando de esta forma la paz y la justicia social y económica para todos los pueblos del mundo.

El desarrollo se debe descentralizar con el objeto de involucrar a las comunidades en la formulación e implementación de decisiones y programas que afectan sus vidas. Dicha descentralización no necesita entrar en conflicto con un sistema y estrategia globales, sino que aseguraría que los procesos de desarrollo se adapten a la rica diversidad cultural, geográfica y ecológica del planeta.

La consulta debe reemplazar a la confrontación y el predominio con el objeto de lograr la cooperación de la familia de las naciones en planificar e implementar medidas que preservarán el equilibrio ecológico de la tierra.

Solamente a medida que se dé la bienvenida a las mujeres como socias plenas en todos los campos del esfuerzo humano, incluyendo el medio ambiente y el desarrollo, podrá crearse el clima moral y sicológico en que pueda emerger y florecer una civilización pacífica, armoniosa y sustentable.

La causa de la educación universal merece el máximo apoyo, ya que ninguna nación puede tener éxito a no ser que se conceda educación a todos sus cuidadanos. Tal educación debería promover la conciencia tanto de la unidad de la humanidad como de la conexión integral entre los seres humanos y el mundo de la naturaleza. Al nutrir un sentimiento de ciudadanía mundial, la educación puede preparar a los jóvenes del mundo para los cambios orgánicos en la estructura de la sociedad que implica el principio de la unidad.

La Comunidad Internacional Baha'i está lista para contribuir al desarrollo adicional y promoción de una Carta de la Tierra en consulta con otras entidades interesadas.

Combatiendo el Racismo

Combatiendo el Racismo

Exposición escrita presentada par la Comunidad Internacional Baha'i, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva de la Categoría II El Secretario General ha recibido la siguiente comunicación, que se distribuye de conformidad con la resolución 1296 (XLIV) del Consejo Económico y Social.

26 January 1990

La Comunidad Internacional Baha'i elogia las actividades desarrolladas por las Naciones Unidas durante el período 1985-­1989 con miras a aplicar el Programa de Acción para el Segundo Decenio de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial, y expresa su más firme apoyo a las actividades previstas para el bienio 1990­-1991. Tome nota, en particular, del notable estudio sobre los logros alcanzados y los obstáculos surgidos durante los Decenios de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial (E/CN.4/Sub.2/1989/8 y Add. 1 y 2), presentado par el Sr. Asbjørn Eide, Relator Especial de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías.

El racismo es pernicioso y pertinaz, y representa una gran rémora para el progreso humano. La Comunidad Internacional Baha'i cree que sólo será posible contrarrestar eficazmente esta práctica odiosa si se tiene conciencia clara de la unicidad fundamental del género humano y ello se traduce en medidas jurídicas adecuadas que gocen de aceptación universal. Por ello, ofrece a la Comisión las observaciones siguientes relativas a medidas prácticas que podrían promover los objetivos del Programa de Acción.

En primer lugar, la Comunidad Internacional Baha'i desea referirse a la tarea de promover una conciencia universal sobre la unicidad del género humano. A juicio de los Baha'is, la unicidad del género humano supone una interdependencia orgánica dentro de una entidad social corpórea. Esto supone que el bienestar de las partes integrantes de ese cuerpo está indisolublemente ligados al de su conjunto. Más aún, la unicidad esencial del género humano no se circunscribe a su dimensión física, sino que alcanza a los aspectos sociales y espirituales de la vida humana. Nutriendo y desplegando los valores trascendentales del hombre, cabe empezar a considerar la diversidad cultural como expresión de esa verdad básica y universal. Sólo entonces podrán superarse barreras raciales manifiestas. A este respecto, la educación es de capital importancia.

El Relator Especial afirma que las teorías de la superioridad racial basadas en razones biológicas han quedado "totalmente desacreditadas", ya que "contradicen los datos científicos" (E/CN.4/Sub.2/1989/8 y Add.1 y 2, párr. 437). Sin embargo, reconoce que, pese a la gran aportación de los biólogos a la eliminación de "la falsa mitología de la superioridad racial", debería alentarse a los especialistas en ciencias sociales "a explorar los elementos ocultos y subconscientes del racismo y las formas en que se manifiesta" (ibid., párr. 445, recomendación 5). Ganada ya en parte la batalla contra el racismo pseudocientífico, es indispensable que ahora se haga hincapié en este elemento del racismo, si se desea lograr un mayor reconocimiento de las dimensiones sociales y espirituales de la unidad fundamental de la humanidad. La Comunidad Internacional Baha'i suscribe plenamente la recomendación del informe según la cual esa tarea debería llevarla a cabo la UNESCO, en cooperación con el Centro de Derechos Humanos, y deberían intensificarse los esfuerzos para incluir esas conclusiones en todos los niveles del sistema educativo mundial (ibid.). Además, deben hacerse esfuerzos para que la UNESCO pueda preparar cuanto antes material escolar y equipo auxiliar para promover la enseñanza de los derechos humanos, haciéndose especial hincapié en la enseñanza primaria y secundaria.

Además de esas medidas, tal vez sea necesario un mayor esfuerzo con miras a proporcionar los instrumentos pedagógicos adecuados para combatir el racismo. Por ello, la Comunidad Internacional Baha'i recomienda, como ya lo hizo en el pasado, que se elabore y aplique en los diversos países un plan de estudios universal, adaptado, eso sí, a las distintas culturas, que permita inculcar la idea de la unidad orgánica del género humano. Una vez más, la UNESCO puede ser el organismo adecuado para facilitar la elaboración de ese plan de estudios. A este respecto, la Comunidad Internacional Baha'i acoge favorablemente la decisión de la Asamblea General de convocar, durante el bienio 1992-1993, una mesa redonda de expertos encargada de discutir la preparación de materiales didácticos destinados a combatir el racismo y la discriminación racial.

En lo que respeta a la adopción de medidas jurídicas adecuadas encaminadas a la eliminación del racismo y la discriminación racial, la Comunidad Internacional Baha'i elogia las muchas e importantes actividades que las Naciones Unidas y sus organismos desarrollaron el año pasado. En particular, el nuevo Convenio de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes (N° 169), los esfuerzos del grupo de trabajo de la Subcomisión para elaborar una declaración de derechos de los pueblos indígenas, y la convención sobre los trabajadores migratorios y sus familias, que está ya en la fase de negociación, han contribuido a colmar lagunas existentes en el derecho internacional aplicable a los grupos sociales referidos. A este respecto, y como se sugiere en el informe, el examen por las Naciones Unidas de los problemas jurídicos a que han de hacer frente las minorías contribuiría también substancialmente a resolver una cuestión muy controvertida. Entre otras importantes actividades normativas cabe señalar la recomendación del Sr. Eide de que "el Centro de Derechos Humanos debería acelerar sus esfuerzos para elaborar leyes modelo encaminadas a prevenir la discriminación racial" (ibid., recomendación 39). Esas leyes brindarían a los Estados normas voluntarias con las que podría armonizarse la legislación interna.

Un proceso semejante en el plano nacional, junta a una más amplia ratificación de los instrumentos internacionales y, muy en particular, de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, proporcionaría un amplio régimen jurídico para la lucha contra el racismo y la discriminación racial. Hay que señalar asimismo que la formalización de declaraciones de conformidad con el artículo 14 de la referida Convención, sobre comunicaciones de personas o grupos de personas, serviría también para aumentar sensiblemente la virtuosidad y eficacia de los instrumentos internacionales de derechos humanos y para promover una mayor cooperación internacional.

La Comunidad Internacional Baha'i ha participado ampliamente en actividades destinadas a erradicar el racismo y la discriminación racial. Ha acogido favorablemente la proclamación del Segundo Decenio para la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial y, entre otras cosas, ha distribuido el texto del Programa de Acción para el Segundo Decenio entre sus 148 filiales nacionales. En los últimos años, muchas de esas comunidades han patrocinado reuniones públicas, conferencias, cursos de verano, artículos de prensa, programas de radio y exposiciones en apoyo de los objetivos del Segundo Decenio. Además, imbuidos del espíritu creador que se derive de la participación de las bases, los Baha'is de varios países han establecido comités de unidad racial, en los que participan miembros de todas las razas, que han elaborado programas destinados a combatir los prejuicios raciales y a establecer lazos de respeto mutuo entre los pueblos de las distintas razas en sus comunidades locales. Dichos comités han intentado ayudar a los Baha'is a liberarse de sus propios prejuicios raciales y han tratado de contribuir, además, a eliminar los prejuicios raciales en la sociedad en general mediante una amplia colaboración con personalidades del gobierno, la enseñanza y la religión. Pese a los obstáculos, inevitables, con que tropiezan los Baha'is en el proceso iniciado para erradicar el racismo de sus comunidades, su experiencia ha sido positiva e integradora.

La Comunidad Internacional Baha'i sostiene firmemente que las fuerzas constructivas que contribuyen hoy a configurar la evolución del género humano se están manifestando con mayor intensidad cada día. Por eso abriga la profunda esperanza de que la comunidad internacional saque partido de esas fuerzas y aproveche las oportunidades que brindan para lograr así, en la segunda mitad del Segundo Decenio de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial, victorias sin precedentes que permitan hacer frente a los nuevos desafíos.

GE.90-10141/4342E

La Declaración Universal de Derechos Humanos

La Declaración Universal de Derechos Humanos

Comisión de Derechos Humanos 45° período de sesiones Tema 8 del programa Cuestión de poner en práctica, en todos los paises, los derechos económicos, Sociales y culturales que figuran en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales, y estudio de los problemas especiales con que se enfrentan los paises en desarrollo en sus esfuerzos para la realización de estos derechos humanos Exposición escrita presentada por la Comunidad Internacional Baha'i, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva de la Categoría II El Secretario General ha recibido la siguiente comunicación, que se distribuye de conformidad con la resolución 1296 (XLIV) del Consejo Económico y Social. Temas 8 a) y b) del programa

20 January 1989

20 de Enero de 1989

La Comunidad Internacional Baha'i está convencida de que "el derecho a disfrutar de un nivel de vida adecuado" y "el derecho al desarrollo"son realizables, pero exigirán la plena utilización y coordinación de todos los recursos humanos y materiales del Planeta. Por lo tanto, la Comunidad Internacional Baha'i apoya plenamente la declaración sobre el derecho al desarrollo --aprobada en 1986-- en que se establecen las normas mediante las cuales todas las naciones pueden medir los progresos hechos en la consecución de estos objetivos. Además, encomia las iniciativas tomadas por la Comisión y por su Grupo de Trabajo de Expertos Gubernamentales para determinar las medidas prácticas que permitan aplicar la Declaración.

El derecho a disfrutar de un nivel de vida adecuado y el derecho al desarrollo están, en realidad, al alcance de las naciones. Los Baha'is creen que los adelantos científicos y tecnológicos que se están logrando en este siglo trascendental anuncian un gran avance en la evolución social de la humanidad, y aportan los medios necesarios para resolver sus problemas prácticos. De hecho, hacen posible la administración de la vida compleja de un mundo unido.

Sin embargo, subsisten los obstáculos. Las dudas, las malas interpretaciones, los prejuicios, las sospechas y los egoísmos estrechos erizan de dificultades las relaciones entre las naciones y los pueblos. Lamentablemente, los árbitros de los asuntos humanos, en vez de abrazar el concepto de la unidad de la humanidad y de fomentar la concordia entre los diferentes pueblos, han tendido a deificar al Estado, a subordinar al resto de la humanidad a una nación, raza o clase, a intentar suprimir todo debate e intercambio de ideas, o a abandonar cruelmente a millones de hambrientos al funcionamiento de un sistema de mercado que, sin duda alguna, está agravando la difícil situación de la mayoría de la humanidad, permitiendo al mismo tiempo que unas pequeñas minorías vivan en condiciones de opulencia sin precedentes.

Para eliminar los "efectos que el injusto orden económico internacional actual tiene sobre las economías de los países en desarrollo, y el obstáculo que ello representa para la aplicación de los derechos humanos y las libertades fundamentales" los Baha'is-- creen que debe proclamarse y aceptarse universalmente el concepto de la unidad de la humanidad, y que deben reconocerse sus inmensas consecuencias.

En opinión de los Baha'is, el reconocimiento de la unidad de la humanidad exige nada menos que la reconstrucción y la desmilitarización del mundo. La humanidad debe buscar un mundo orgánicamente unido en todos los aspectos esenciales de su vida, sus mecanismos políticos, su aspiración espiritual, su comercio y finanzas y, no obstante, infinita en la diversidad de las características nacionales de sus unidades federadas. Para nosotros, la unificación de la raza humana y del planeta no es una mera esperanza piadosa. Por el contrario, es el desafío decisivo del período histórico actual y el requisito básico para resolver la mayoría de los problemas sociales.

Tema 8 c) del programa

Un elemento esencial de la idea Baha'i sobre la participación popular en el desarrollo es el concepto, igualmente estimulante, de la naturaleza y el propósito de la existencia humana. En opinión de los Baha'is, el hombre no es ni una criatura caída ni el mero producto de las fuerzas socioeconómicas. El alma racional, a juicio de los Baha'is, es un fenómeno con potencialidades ilimitadas intelectuales, espirituales, emocionales y morales. El servicio a la humanidad es una de las influencias esenciales que revelan las facultades individuales.

En este contexto, la Comunidad Internacional Baha'i opina que la participación popular es indispensable para el desarrollo y para la plena realización de todos los derechos humanos. Creemos que inculcar el respeto del principio del servicio a la humanidad despertará y mantendrá una motivación que, aunada a la adquisición de conocimientos prácticos y de una tecnología, abrirá posibilidades aún no imaginadas para el desarrollo nacional e internacional. En particular, los programas de enseñanza a nivel popular pueden ayudar a los jóvenes a acrecentar la confianza en sí mismos y a adquirir los conocimientos especializados necesarios para contribuir al proceso de desarrollo de sus propias comunidades.

Además, la Comunidad Internacional Baha'i cree que es especialmente importante promover la participación entre grupos tradicionalmente oprimidos o desatendidos, tales como los pueblos indígenas y las mujeres, para que puedan asumir el papel que les corresponde en la adopción de decisiones en materia de desarrollo que los afectan directamente.

La participación activa de la mujer, propugnada en el artículo 8 de la Declaración sobre el derecho al desarrollo, es crítica para el proceso de desarrollo. En la mayoría de las sociedades, la mujer ha sido relegada a un papel inferior en el orden social, aunque soporta el mayor peso del trabado cotidiano. No sólo debe permitirse a la mujer desempeñar un papel más destacado en la búsqueda de soluciones para los problemas con que se enfrentan sus comunidades, sino que se le debe alentar a ello. Por lo tanto, uno de los objetivos de los programas de desarrollo debe ser el mejoramiento de la condición de la mujer.

Para el proceso de desarrollo es indispensable fomentar una creencia genuina en la unidad de la humanidad, una conciencia de la interdependencia mundial y un compromiso moral respecto del servicio a la humanidad, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados. Por una parte, crea en los pueblos que han sido oprimidos un sentido de dignidad y de confianza en sí mismos. Por otra parte, desenmascara y contrarresta las prácticas económicas injustas y explotadoras en las sociedades que las perpetran, restaurando así su integridad, y permitiendo que cumplan más adecuadamente sus obligaciones internacionales.

Observaciones finales

El enfoque Baha'i del desarrollo parte de la premisa de que, en la actualidad, todos los pueblos, en la medida en que son capaces de consultar sus necesidades en un espíritu de unidad, parecen encontrar en sí mismos la dirección y la capacidad para el desarrollo. Teniendo en cuenta este criterio básico, los valores y las necesidades materiales no resultan artificialmente separados entre sí, la educación adquiere consecuencias importantes, tanto morales como prácticas. El aprender la disciplina que entraña la adopción de decisiones es tan importante como los beneficios materiales que resultan de esas decisiones. Estos son los rasgos que caracterizan a las iniciativas de desarrollo Baha'is en todo el mundo, a saber, la integración de lo moral y lo práctico, una unidad de concepción que permite a una gran flexibilidad en la aplicación y, sobre todo, la habilidad para suscitar y mantener la motivación.

Aunque los proyectos de desarrollo Baha'is representan sólo una fracción pequeñísima de los que se están ejecutando actualmente en todo el mundo, su éxito mas importante ha sido sistemático y cualitativo más que cuantitativo. La comunidad internacional Baha'i cree que el estudio cuidadoso del modelo de comunidad que los Baha'is han construido penosamente en los últimos decenios dará muchas satisfacciones a quienes se interesan en los problemas del desarrollo.

GE.89-15450/7906s BIC Document #89-0120S

La Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de America Latina y el Caribe

La Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de America Latina y el Caribe

TEMA 4 DEL PROGRAMA: Revisión y evaluación crítica de algunos aspectos de la condición de la mujer en la región, incluso su integración en el mercado laboral, mujeres jefes de familia y el papel de la mujer en el comercio en el Caribe.

Ciudad de Guatemala, Guatemala—27 September 1988

Ciudad de Guatemala, Guatemala
27­ al 30 De Septiembre de 1988

Como bien se sabe, la discriminación sistemática contra la mujer no sólo hizo de ella la víctima principal de una pobreza en expansión, sino también suscitó actitudes malsanas en el hombre. Por el hecho que a la mujer se le niega educación y capacitación técnica, que ella está restringida por la familia el trabajo y las estructuras sociales que favorecen al hombre y que a demás se la excluye del proceso de la toma de decisiones a todo nivel, ella frecuentemente tiene que trabajar en el sector no-formal de la economía como comerciante y vendedora ambulante de comida, sin protección de la legislación y sin beneficio de las mejoras generales de las condiciones laborales, mientras tanto, el hombre desarrolla actitudes de superioridad y hábitos de opresión que lleva de la familia al lugar de trabajo, a la vida política y, en última instancia, a las relaciones internacionales.

Estudios llevados a cabo durante la Década de las Naciones Unidas para la Mujer han mostrado, sin embargo, que la integración de la mujer en los proyectos de desarrollo ya existentes no mejora necesariamente sus condiciones de vida. Si los proyectos en sí no toman en cuenta las necesidades reales de la mujer, su participación no puede ser de mucha ayuda. Desde luego, las soluciones efectivas a problemas locales, puesto que requieren a menudo recursos de gobiernos y de agencies externas, tienen que ser generadas en consulta con aquellos a quienes se espera servir ­- hombres y mujeres. La mujer, por lo tanto, no tiene que ser incluida sólo como ejecutante y beneficiaria de los proyectos de desarrollo, sino también como autora y planificadora.

Como verdaderos asociados, la mujer y el hombre tendrían que identificar juntas las necesidades de la comunidad y responder creativamente con soluciones apropiadas. Un proceso de desarrollo social y económico promovería no sólo el bienestar material sino también el bienestar espiritual de la comunidad. Desde el punto de vista de la Comunidad Internacional Baha'i, la mujer puede contribuir a la solución de problemas con cualidades especiales, de valor particular en la planificación económica, e incluso con aquellas cualidades que incrementan sus capacidades de creadora de paz y con la sabiduría derivada de su conocimiento de asuntos sociales fundamentales como los domésticos y otros. Este enfoque humano de mayor integración tomaría, por supuesto, en consideración el papel crucial que desempeña la mujer como madre, educadora, nutricionista, promotora de salud y proveedora de apoyo emocional para toda la familia.

La importancia de la educación no se puede enfatizar demasiado. La educación de las mujeres de todas las edades es particularmente importante, porque es uno de los medios más eficientes de difundir el beneficio del conocimiento en todos los niveles de la sociedad, ya que la mujer es la primera educadora de los niños. Más aún, la educación eleva la condición de la mujer, permitiéndole participar más en los asuntos de la comunidad. Finalmente, el desarrollo de sus talentos y habilidades capacitará a la mujer para contribuir con su percepción y sensibilidad especiales a todas las esferas de actividades humanas.

La mejora de la condición de la mujer también requerirá un cambio de las actitudes del hombre. Este cambio de actitud tiene que ser una de las metas de la educación. Los niños y las niñas deben criarse con el principio de la igualdad de los sexos, y tienen que aprender desde muy jóvenes a desarrollar sus capacidades de cooperar. Los medios de comunicación pueden ayudar a promover actitudes de igualdad y presentar modelos de roles positivos tanto para el hombre como para la mujer. El teatro popular, los títeres y otras estrategias creativas pueden involucrar a la comunidad en foros abiertos en los cuales se examinarían y cambiarían aquellas actitudes que no promuevan la salud y el bienestar de la sociedad.

La Comunidad Internacional Baha'i cree que el bienestar de la humanidad, la realización del desarrollo social y económico y el establecimiento de la paz mundial requieren el reconocimiento de la igualdad del hombre y la mujer como un principio espiritual y, por consiguiente, de la participación de la mujer con el hombre en todas las esferas de actividades humanas. Miles de comunidades locales Baha'is en América Latina y el Caribe están involucrados en este proceso de integración del hombre y de la mujer en todos los aspectos de la vida comunitaria y en la toma de decisiones. Quisiéramos compartir con Ustedes algunos de los puntos de nuestra propia experiencia que nos parecen valiosos.

  1. En las comunidades Baha'is, tanto el hombre como la mujer, como acto de FE, están comprometidos en la implementación del principio de igualdad. Ambos se ocupan en desarrollar actitudes apropiadas a la condición de igualdad de la mujer. De hecho, el hombre, por su pertenencia a una comunidad Baha'i, está aprendiendo por experiencia que cuando la mujer está integrada del todo en la vida comunitaria, todos se benefician.
  2. Desde el inicio de la comunidad Baha'i, la mujer se involucró en el procedimiento electoral de las instituciones de dicha comunidad. Las asambleas locales elegidas que guían los asuntos de la comunidad Baha'i han contribuido mucho a fomentar la participación de la mujer y a nutrir el respeto por los diversos puntos de vista. Estas organizaciones de base involucran a la comunidad en la identificación de sus necesidades, en la elaboración de planes, y en la realización de los mismos. Entre sus inquietudes están la educación de los niños y la implementación de proyectos de servicio que benefician a toda la comunidad. En el mundo entero, se está eligiendo cada vez más a mujeres Baha'is en estas asambleas locales, de tal modo que ellas ejercen responsabilidades en calidad de miembros y ganan así experiencia en la toma de decisiones.
  3. La participación regular del hombre y la mujer Baha'is en el procedimiento de la consulta los acostumbra a solucionar problemas en colaboración. La consulta requiere que cada persona brinde sus puntos de vista libremente al grupo, en búsqueda de una respuesta que provea el bienestar de la comunidad en su conjunto. Sin embargo, una vez que estos puntos de vista se han dado, no pertenecen más a la persona quien los ha dado, sino que están considerados como propiedad del grupo. La decisión a la cual se llega por este procedimiento queda, asimismo, aceptada como el producto del grupo y no de algún individuo en particular.
  4. Un paso hacia una mayor participación de la mujer ha sido la formación de grupos consultivos de mujeres. En estos grupos, las mujeres, quienes estaban a menudo aisladas unas de otras, pueden compartir sus experiencias, practicar la consulta, darse ánimo y elaborar planes. Esta experiencia las prepara para el servicio en las asambleas locales elegidas y las anima a expresar sus puntos de vista. Estos grupos también constituyen un lugar para la alfabetización, el crecimiento espiritual e intelectual y para la difusión de informaciones sobre la salud, la nutrición, el cuidado de los niños y otras informaciones prácticas.
  5. El incentivo de la comunidad es esencial. Los planes ideados por estos grupos consultivos se someten a la asamblea elegida que va a consultar, aprobar y hacer recomendaciones subsecuentes a la comunidad que los va a llevar a cabo. El desarrollo del espíritu comunitario en apoyo a sus iniciativas, les da a las mujeres el coraje necesario y crea el ambiente moral y psicológico posibilitando un cambio dinámico y armonioso, lo cual es la meta de todo proyecto de desarrollo Baha'i.

La Comunidad Internacional Baha'i tiene el agrado de brindar estos breves comentarios y sugerencias a favor de un marco permitiendo la integración total de la mujer en todos los aspectos del desarrollo y de la sociedad. Estamos dispuestos a extenderle a la CEPALC, en el espíritu de cálida cooperación, la experiencia y asistencia de las comunidades Baha'is en toda América Latina y el Caribe para lograr una majar calidad de vida para los pueblos de dicha región.

Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorias

Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorias

Declaración de la Comunidad Internacional Baha'i en el cuadragésimo período de sesiones de la Subcomisión de las Naciones Unidas de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías Sexto período de sesiones del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas Tema 5 del programa: Actividades normativas: Evolución de las normas relativas a los derechos de las poblaciones indígenas

Geneva—1 August 1988

Ginebra
1 al 5 de Agosto de 1988

Señora Presidenta,

En este período de sesiones, el Grupo de Trabajo ha empezado una nueva temporada en cuanto a sus esfuerzos. Después de seis años de examen cuidadoso de los problemas y temas concretos con los cuales se enfrentan los pueblos indígenas y sus gobiernos, el Grupo de Trabajo está preparado para comenzar la redacción de una declaración internacional que salvaguarde los derechos y promueva el estatuto de los pueblos indígenas. A lo largo de esos seis años, los miembros del Grupo de Trabajo, y de las numerosas organizaciones indígenas que han contribuido en las actividades del mismo, han mostrado una gran dedicación, sinceridad y buena voluntad al proseguir con sus tareas. Sus esfuerzos están a punto de dar frutos.

La Comunidad Internacional Baha'i la felicita a Usted, Señora Presidenta, por la preparación de un proyecto bien concebido de un conjunto de principios sirviendo de punto de partida para la discusión. Quisiéramos hacer unos comentarios sobre dichos principios, sobre el contenido de una declaración concerniente a los derechos de los indígenas y sobre el procedimiento de redacción de la declaración.

Para empezar, pensamos que cualquier declaración concerniente a los derechos de los pueblos indígenas debe enfatizar cuatro principios mayores: primero, el respeto por las comunidades indígenas y sus culturas; segundo, el aprecio por la diversidad cultural; tercero, la plena participación de los pueblos indígenas; y cuarto, la cooperación entre los pueblos indígenas y sus gobiernos.

Primero, una declaración tendría que insistir en el derecho que tienen los pueblos indígenas de mantener y desarrollar sus culturas y modos de vida únicos. La declaración tiene, por supuesto, que condenar categóricamente el genocidio, la discriminación legalmente aprobada y otras formas directas de opresión. Pero también tendría que fomentar los esfuerzos que apuntan a erradicar formas más sutiles de discriminación y prejuicio dirigidos contra los pueblos indígenas.

Segundo, la diversidad cultural: los pueblos indígenas han sufrido una opresión terrible porque nuevos colonizadores no toleraban la diversidad, sino que consideraban sus propias culturas como superiores y más avanzadas. El aprecio por culturas y características étnicas distintas es, del punto de vista Baha'i, un requisito esencial para la eliminación de la discriminación contra las poblaciones indígenas. Por consecuencia, estamos convencidos que una declaración tendría que pedir medidas educacionales que procuran suscitar una conciencia de la diversidad cultural y un aprecio por la misma. Todos -- tanto los pueblos indígenas como los miembros de otras culturas -- tendrían que tener la oportunidad de beneficiar de programas educacionales cuyes metas son la abertura de espíritu y la profundización de la comprensión entre los pueblos indígenas y la sociedad dominante, como también entre los distintos grupos de pueblos indígenas entre sí. Por esas razones, acogemos con beneplácito el principio 11 del proyecto de declaración, adoptado por el Grupo de Trabajo en su último período de sesiones, principio que afirma el derecho de los pueblos indígenas "de promover la información y la educación interculturales, reconociendo la dignidad y la diversidad de sus culturas."

Tercero, los pueblos indígenas deben tener el derecho de participar plena y activamente en sus sociedades nacionales y en decisiones que los afectan. Su participación enriquecerá la vida de sus comunidades nacionales. De más importancia aún es el hecho que eso les permitirá de guiar sus propios destinos. Una participación plena y activa ayudará a los pueblos indígenas a desarrollar la confianza, la voluntad de autonomía colectiva y la habilidad de dirigirse a sí mismos, todas cualidades esenciales para jugar un papel activo cuando se trata de proporcionar un bienestar social, económico y espiritual de más nivel a su gente. Les permitirá de volverse miembros coparticipantes de sus comunidades nacionales, al mismo tiempo que conservarán sus culturas e identidades únicas. Una declaración tiene que pedir medidas que favorezcan el desarrollo de oportunidades para este tipo de participación activa de los pueblos indígenas.

Cuarto y último punto, la cooperación entre los pueblos indígenas y sus gobiernos es esencial. Desde el punto de vista Baha'i, el respeto por culturas distintas se alcanza tan sólo si somos capaces de percibir, debajo de nuestras variaciones culturales, nuestra unidad esencial de raza humana única. El respeto mutuo no sucederá por el separatismo o el antagonismo. Los pueblos indígenas sienten un enfado muy comprensible ante las injusticias que han sufrido. Pero la mejora de su situación actual requiere un diálogo nuevo entre los pueblos indígenas y sus gobiernos -- una comunicación positiva cuyo propósito es encontrar medios de promoción de los derechos de los indígenas y de su participación. Una declaración tendría que exigir esta cooperación. Tendría que recomendar la creación de un mecanismo permanente - tal vez un mediador o un sucesor a este Grupo de Trabajo -- a fin de ayudar a los pueblos indígenas y a sus gobiernos a ponerse de acuerdo sobre una base regular de manera que puedan clarificar los problemas y las perspectivas y discutir los remedios y las soluciones de manera constructiva.

Señora Presidenta, la Comunidad Internacional Baha'i considera que el proyecto que preparó Usted enuncia admirablemente, de manera objetiva y positiva, los cuatro principios que hemos subrayado -- respeto por la cultura indígena, aprecio por la diversidad, participación plena y cooperación. Asimismo como pensamos que una declaración sobre los derechos de 106 indígenas tiene que enfocar estos principios en su esencia, también es nuestra convicción que los mismos tienen que caracterizar el procedimiento de redacción de una declaración. El procedimiento de redacción tendría que reflejar una comprensión de los modos de vida únicos que han cultivado los pueblos indígenas y fomentar esfuerzos para proteger dichos modos. Al redactar la declaración, el Grupo de Trabajo tendría que buscar opiniones de grupos y organizaciones indígenas tan variados como posible, ilustrando así en la práctica el aprecio por la diversidad cultural que la declaración ha de abrazar. Además tendría que fomentar la participación activa de los grupos indígenas en el procedimiento de redacción y favorecer el espíritu de cooperación en esta empresa delicada pero crucial.

Señora Presidenta, es evidente que el Grupo de Trabajo se está esforzando para manifestar las cualidades que acabamos de mencionar. Aplaudimos al Grupo de Trabajo por este logro. Brilla como ejemplo para otros órganos de derechos humanos de las Naciones Unidas en cuanto a las posibilidades de permitir a las víctimas de discriminaciones -- en este caso, los pueblos indígenas -- de tener una voz que se escucha en medio de los esfuerzos mundiales para mejorar su situación. El Grupo de Trabajo ha enfocado la cuestión de la salvaguardia de la cultura indígena, siempre reconociendo el vasto conjunto con facetas tan múltiples de culturas que merecen protección. Solicitó concienzudamente la participación enérgica de los pueblos indígenas en sus deliberaciones, y también mantuvo un ambiente de buena voluntad y cooperación. Si el Grupo de Trabajo continúa siguiendo el camino que se ha trazado con tanta sabiduría, confiamos en que logrará cumplir con su importante misión.

La Condición Jurídica y Social de la Mujer

La Condición Jurídica y Social de la Mujer

Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer 32° período de sesiones Tema 5 b) del programa*

Vienna—17 March 1988

Viena
14 al 23 de Marzo de 1988

La Comunidad Internacional Baha'i reconoce que el proceso de solución de los problemas que enfrenta la mujer de las zonas rurales requiere tiempo, además de energía. Celebra las medidas esbozadas en el informe del Secretario General sobre la mujer de las zonas rurales y le complace en poder señalar que muchas de sus comunidades miembros ya están aplicando programas que se ajustan a las recomendaciones formuladas.

La Comunidad Baha'i acoge con especial beneplácito el llamamiento hecho a las propias mujeres de las zonas rurales para que reconozcan la necesidad de ser participantes plenas y en pie de igualdad en las actividades productivas, tanto en calidad de contribuyentes como de beneficiarias.

La experiencia adquirida por las comunidades Baha'is en proyectos de desarrollo muestra que los valores preconizados por las comunidades e individuos influyen en el grado de cambio social que puede lograrse. Sin embargo, en los documentos y en las actividades y proyectos de investigación relacionados con el desarrollo, rara vez se pone de relieve la necesidad de cambiar las actitudes básicas que refuerzan la aceptación de la desigualdad de las funciones que la mayoría de las sociedades atribuyen a la mujer. La Comunidad Baha'i está convencida de que es necesario promover un clima de mayor sensibilización a fin de fomentar el cambio. Las actitudes de la sociedad respecto de la mujer rigen la vida de ésta, determinan sus actividades, prescriben sus limitaciones y perfilan sus responsabilidades y deberes.

La Comunidad Baha'i desearía recomendar dos medidas de carácter práctico. La primera consiste en alentar a los Estados Miembros a que aprovechen todos los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los nuevos, a fin de fomentar un clima propicio al cambio social para el adelanto de la mujer. La segunda medida consiste en promover la educación de las niñas. Se ha demostrado una y otra vez que la ampliación de la enseñanza pública puede tener efectos considerables para las demás actividades encaminadas al desarrollo: la agricultura, la salud, la vivienda, la higiene pública y el medio ambiente.

Varios proyectos de desarrollo también han demostrado que la vida de la población puede resultar considerablemente modificada por la difusión de mensajes apropiados a través de los medios de comunicación, reforzados con actividades prácticas. Esto se está logrando, por ejemplo, en la esfera de la salud, en que los programas difundidos a través de los medios de comunicación están modificando las actitudes fundamentales de la población con respecto a las enfermedades diarreicas. En algunos casos, se persuade a las personas a que cambien radicalmente su comportamiento habitual (por ejemplo, a que alimenten a los niños durante un período diarreico en vez de suprimir toda alimentación) En los programas de carácter demográfico, la comercialización social tiene por objeto alentar incluso a aquellas personas que puedan tener una disposición negativa con respecto a la planificación familiar a adoptar una actitud social más responsable.

A juicio de la Comunidad Internacional Baha'i, es fundamental para el éxito de las recomendaciones del Secretario General poner en práctica proyectos por conducto de los medios de comunicación con miras a modificar las actitudes y el comportamiento respecto de la mujer y de las cuestiones relacionadas con ella. La comunicación para el desarrollo ya constituye una esfera de actividades firmemente establecida. Gracias a investigaciones preliminares sobre las actitudes vigentes, es posible determinar, por una parte, los grupos a que se deben dirigir los esfuerzos y, por otra, los mensajes apropiados para cada grupo, así como los vehículos adecuados para la difusión de dichos mensajes.

A menudo puede ser necesario dirigir un mensaje importante a un grupo que no sea el beneficiario. Uno de los grupos principales a que pueden dirigirse los medios de comunicación en relación con proyectos de desarrollo para el adelanto de la mujer podría perfectamente ser la población masculina. Cada país ha de determinar el grado de intensidad que debe darse a la estrategia de comunicación para que resulte más eficaz: una campaña intensiva, de corta duración y gran visibilidad, o una campaña de carácter acumulativo cuyas repercusiones lleguen a un público más reducido pero vayan haciendo su efecto a lo largo de cierto tiempo.

Además de los medios de comunicación de masas, otros vehículos apropiados para transmitir los mensajes de cambio a las zonas rurales son actividades como el teatro popular, incluida la utilización de canciones y títeres. Estas actividades pueden reforzar los debates en los foros abiertos más tradicionales.

Como lo demuestra la participación de las mujeres en programas para el adelanto de la mujer, cuando la aldea apoya las iniciativas individuales se crea una relación de fortalecimiento mutuo. Este proceso de creación de un espíritu comunitario con miras a apoyar y reforzar los esfuerzos individuales desplegados por las mujeres se logra mediante la ejecución de un programa de educación y comunicación previo a la realización de actividades en el marco de proyectos. Los programas de desarrollo social de las comunidades Baha'is se caracterizan por los esfuerzos para alcanzar este tipo de relación progresiva, dinámica y, sobre todo, armoniosa.

El concepto fundamental en que se basa el enfoque dual de la comunicación y la educación es que la modificación de los comportamientos y actitudes pueden ser prescritos por ley pero no siempre impuestos. Lo que la legislación sí puede lograr es permitir la introducción de nuevas ideas en una comunidad, las cuales pasan a ser objeto de reflexión y son finalmente adaptadas y adoptadas en forma armoniosa y no agresiva. Un programa de comunicación y educación fomenta el diálogo e involucra progresivamente a los participantes en el proceso de desarrollo hasta que el estímulo para el cambio surge de la propia comunidad. Esto optimiza las posibilidades de continuidad una vez que ha cesado el apoyo externo.

La Comunidad Internacional Baha'i ofrece estas observaciones y recomendaciones como contribución a la elaboración de un marco para la ejecución de actividades en pro del desarrollo. Apoya plenamente las recomendaciones contenidas en el informe del Secretario General y está dispuesta a brindar toda la asistencia que sea posible con miras a difundir estas directrices.

* E/CN.6/1988/1

Eliminación de la Intolerancia Religiosa

Eliminación de la Intolerancia Religiosa

Tema 23 del programa: Aplicación de la Declaración sobre la Eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones

Ginebra, Suiza—17 February 1988

17 de Febrero de 1988

"Todas las religiones enseñan que tendríamos que amarnos unos a otros; que tendríamos que buscar nuestros propios defectos antes de pretender condenar las imperfecciones de los demás; que no tenemos que considerarnos superiores a los demás."

Si toda la gente respetara estas normas descritas en el pasaje de los escritos que acabamos de citar, la intolerancia religiosa cesaría de manchar los asuntos humanos. Los ideales de la Declaración de 1981 se harían realidad para las víctimas de las persecuciones religiosas.

La Comunidad Internacional Baha'i piensa que normas internacionales obligatorias para la protección a los derechos humanos son de suma importancia. Por esta razón, estamos siguiendo con gran interés las recientes discusiones en la Subcomisión y la Comisión acerca de la posible elaboración de un instrumento internacional obligatorio que trate la libertad de religión o convicciones, instrumento inspirado por las recomendaciones contenidas en el excelente estudio de la Sra. Odio Benito. Estamos, sin embargo, convencidos de que a lo largo de este procedimiento tan delicado es importante no perder de vista los criterios ya enunciados en la Declaración de 1981. Como lo indicó en su informe del año pasado el Relator Especial de la Comisión, el Dr. Ribeiro, estos criterios pueden considerarse como directivas morales para aquellos Estados que votaron a favor de la Declaración en 1981.

También pensamos que las manifestaciones contemporáneas de la intolerancia religiosa merecen una atención particular. Por eso hemos estudiado con interés el informe anterior del Dr. Ribeiro; esperamos que su mandato sea nuevamente prorrogado por la Comisión y queremos enfatizar la importancia de la creación de un consenso amplio, y que no sea partidario, en lo concerniente a la eliminación de la intolerancia religiosa.

Si bien el Dr. Ribeiro ha optado por concentrar su atención en las violaciones de la libertad religiosa en siete países, también es importante recordar siempre que son muchos los países que sufren de la perniciosa influencia de la intolerancia religiosa. Los esfuerzos dedicados a aplicar la Declaración de 1981 y a formular una convención final deben ser guiados por el reconocimiento de que el problema es de naturaleza universal.

Desde el punto de vista Baha'i, un medio crucial para aplicar la Declaración de 1981 es el desarrollo de la tolerancia entre los individuos y la abolición de la exclusividad religiosa y del fanatismo. El Dr. Ribeiro señaló con mucha razón que las actitudes intransigentes, las revendicaciones de unos creyentes a tener la verdad en exclusividad absoluta y la denegación del derecho de cada uno a ser diferente son todas causas fundamentales de la discriminación religiosa.

Desde luego, los seres humanos tienden a considerar sus propias creencias como las verdaderas y las de los otros como las equivocadas. Sugerimos que esto es debido a una interpretación errónea de los principios de su propia fe, interpretación que sostiene la tesis de la exclusividad y, a veces, del derecho a perseguir a creyentes de otras religiones por defender su versión de la verdad. Los escritos Baha'is advierten a la humanidad que abandone semejantes actitudes de intolerancia y las reemplace con respeto mutuo y tolerancia.

¿Cómo se puede suprimir el dogmatismo religioso de la mente y del corazón humanos? En primer lugar, pensamos que todas las grandes religiones del mundo se han originado en la misma Fuente, venerada igualmente par los Baha'is, los budistas, los cristianos, los hindúes, los judíos y los musulmanes, así como por los adeptos de otras religiones. Las enseñanzas procediendo del fundamento de cada religión -- por ejemplo, el amor al próximo -- son esencialmente las mismas, y asumimos que reflejan una solo verdad universal.

La comprensión de este punto permitirá a cada uno, cualquiera sea su religión, considerar las demás religiones con el respeto debido. Este enfoque promueve la tolerancia entre la gente de creencias distintas, a pesar de las diferencias que tal vez existan en sus prácticas religiosas exteriores. Por esa razón, acogemos con agrado la sugerencia del Dr. Ribeiro de que se tendría que fomentar el diálogo interreligioso y que discusiones de este tipo habrían de tener como propósito el "enfatizar las similitudes entre las distintas religiones y creencias más bien que sus diferencias."

Según nuestra Fe, todas las grandes religiones se reúnen en los principios fundamentales que abrazan; con relación a eso, los escritos Baha'is preconizan la obligación moral para cada uno de investigar la verdad de manera independiente. Las religiones y las creencias no deben nunca imponerse a la gente. Los escritos Baha'is indican que en vez de eso cada persona tendría que utilizar sus propias capacidades intelectuales, su razón y su mente para investigar la verdad.

El principio de la investigación independiente de la verdad puede ayudar a curar las heridas infligidas por la intolerancia, y eso de al menos dos maneras importantes. Por un lado, induce a cada uno a actuar humildemente con los demás, en vez de tener aires de superioridad, y a respetar su derecho de elegir las creencias que les parezcan mejores según su propia búsqueda de la verdad.

Por el otro lado, pensamos que, si se le permite a la gente hacerse preguntas sobre los dogmas transmitidos de generaciones en generaciones e investigar la verdad utilizando sus propias facultades de percepción, entonces desarrollará un aprecio auténtico par la tolerancia religiosa.

Por consiguiente, acogemos con beneplácito las iniciativas concebidas con el afán de incrementar el respeto por las distintas creencias y por la comprensión entre las religiones. Es por eso, por ejemplo, que la Comunidad Internacional Baha'i participó activamente, con otras organizaciones no gubernamentales, en los proyectos elaborados para la Segunda Conferencia Internacional sobre la Tolerancia hacia la Diversidad de Religión o de Convicciones, conferencia que tendrá lugar en 1989 en Varsovia, Polonia.

Pages

Subscribe to Spanish