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Movilización de recursos institucionales, jurídicos y culturales para lograr la igualdad entre los géneros

Movilización de recursos institucionales, jurídicos y culturales para lograr la igualdad entre los géneros

Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer 52º período de sesiones 25 de febrero a 7 de marzo de 2008 Tema 3 a) i) del programa provisional Seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y del período extraordinario de sesiones de la Asamblea General titulado “La mujer en el año 2000: igualdad entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”: consecución de los objetivos estratégicos, adopción de medidas en las esferas de especial preocupación y medidas e iniciativas ulteriores: la financiación en favor de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer Declaración presentada por la Comunidad Internacional Baha'i, organización no gubernamental reconocida como entidad de carácter consultivo ante el Consejo Económico y Social El Secretario General ha recibido la siguiente declaración, que se distribuye de conformidad con los párrafos 36 y 37 de la resolución 1996/31 del Consejo Económico y Social.

New York—1 February 2008

Declaración

El papel central que desempeñan las niñas y las mujeres en el desarrollo de las familias, comunidades y naciones se ha establecido claramente: las mujeres son las primeras educadoras de la siguiente generación; su educación tiene una repercusión enorme en el bienestar físico, social y económico de la familia; su participación económica aumenta la productividad y fomenta el progreso económico; su presencia en la vida pública se ha asociado a una mejor gobernanza y niveles más bajos de corrupción. Sin embargo, todavía ningún país ha conseguido la igualdad plena entre los géneros. Si bien las mujeres sufren las repercusiones más directas de esta continua desigualdad, el progreso de todas las facetas de la sociedad humana se ve entorpecido porque se impide a la mitad de la población mundial la realización de su potencialidad.

En los últimos decenios se han producido documentos históricos en los que se ha entrado en detalle en cuanto a los derechos de la mujer, se ha instado a poner fin a toda forma de discriminación contra la mujer y se han esbozado estrategias para promover la igualdad entre los géneros[1]. No cabe duda de que la aplicación sistemática de esas medidas exigirá un cuidadoso replanteamiento de las prioridades y procesos presupuestarios. No obstante, la financiación de este esfuerzo es solo una parte de la ecuación. Como la Comunidad Internacional Baha'i señaló en la declaración que hizo en el 51° período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, todavía existe una brecha enorme que separa el ordenamiento jurídico y la cultura, contenidos en los valores y normas institucionales, necesarios para lograr la igualdad entre los géneros[2]. La adopción de un enfoque amplio para la financiación de la igualdad entre los géneros hará necesario abordar la constelación de obstáculos culturales, institucionales y jurídicos que impiden el progreso que se necesita urgentemente de la mitad de la población mundial.

Desde esta perspectiva, ofrecemos tres medidas para su examen por los gobiernos: a) la adopción de una perspectiva de largo plazo que oriente los esfuerzos a corto y mediano plazo para financiar la igualdad entre los géneros; b) el uso de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) para la evaluación de los presupuestos nacionales, y c) la inclusión de perspectivas e instituciones religiosas.

Adopción de una perspectiva de largo plazo

Para articular una visión de la igualdad entre los géneros lógica y convincente los líderes tendrán que alejarse de las actuaciones predominantemente reactivas, de respuesta a situaciones de crisis. Junto con los objetivos de corto plazo tendrán que formular políticas desde una perspectiva de largo plazo, libres de las limitaciones intelectuales de los ciclos electorales. Centrarse exclusivamente en los objetivos de corto plazo con demasiada frecuencia equivale a limitarse a normas mínimas, orientaciones estrechas intolerantes y posiciones intermedias. Una orientación de largo plazo, con vistas a una, dos o más generaciones futuras, permitiría a los gobiernos estudiar opciones programáticas y normativas más diversas y considerar múltiples contribuciones, incluso las del sector no gubernamental, las empresas, y los sectores académico y no estructurado[3].

El primer pilar del enfoque de largo plazo es llegar a un consenso en cuanto a los objetivos más amplios del desarrollo y los resultados que deben lograrse. Los gobiernos deberán articular los objetivos de la igualdad entre los géneros en términos del bienestar de la sociedad en su conjunto: sus niños, niñas, hombres y mujeres, su paz y seguridad, su salud y su bienestar, el progreso económico, la sostenibilidad ambiental y sus instituciones de gobernanza. El segundo pilar del enfoque de largo plazo incluye la determinación de los progresos en función de los objetivos establecidos. Incluso en los países en que se tiene en cuenta la dimensión de género a menudo no se dispone de los instrumentos y sistemas de vigilancia para medir el impacto de sus políticas en las niñas y las mujeres. Como tales, los indicadores de desarrollo serán esenciales para determinar la efectividad de las iniciativas de financiación. Dada la diversidad de contextos nacionales y locales, los indicadores universales no serán aplicables, cada región tendrá que desarrollar los instrumentos más apropiados para sus circunstancias. La Comunidad Internacional Baha'i espera con interés participar en el debate sobre esta importante iniciativa.

Armonización de los presupuestos nacionales con las normas
de derechos humanos

Nuestra segunda recomendación a los gobiernos se refiere a las medidas para que los presupuestos nacionales se ajusten a las normas internacionales de derechos humanos. El presupuesto de un gobierno dista mucho de ser un valor neutral; refleja los valores del país, a quiénes valora, el trabajo de quiénes valora y cómo lo recompensa[4]. Si bien los presupuestos no suelen formularse teniendo en cuenta la perspectiva de género, la proliferación de las iniciativas de presupuestación por género indica que estos mundos están acercándose gradualmente para armonizar los procesos presupuestarios con las obligaciones de los Estados, de conformidad con las obligaciones que incumben a los Estados en virtud de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) . Este tipo de análisis de género ayuda a determinar las desigualdades entre los géneros en los procesos, consignaciones y resultados presupuestarios y evalúa las responsabilidades de los Estados de abordar esas desigualdades[5]. Sin embargo, para que el enfoque basado en los derechos sea efectivo, debe tener en cuenta no solo a la mujer sino todo su ciclo de vida, desde el nacimiento hasta la niñez y la juventud, ya que la discriminación empieza y aumenta en estas primeras etapas.

El enfoque basado en los derechos tiene precedentes. Varios países han conseguido el empoderamiento de la mujer en la esfera política, han aumentado su nivel de participación en la fuerza de trabajo y han facilitado un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar[6]. Los gobiernos saldrían beneficiados si examinaran de cerca las prácticas de los países que han logrado cierto éxito en estos problemas aparentemente inmanejables. Noruega, que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ocupa el primer lugar en el índice de desarrollo humano ajustado por género y en el índice de potenciación de la mujer, puede ser un ejemplo útil. Un análisis de políticas específicas en función del género y de los obstáculos jurídicos, institucionales y culturales a la adopción de ese tipo de políticas en otros países ayudaría a formular recomendaciones de política sobre la base de ejemplos concretos.

Incorporación de la religión y los líderes religiosos

Con demasiada frecuencia los encargados de la formulación de políticas se han mostrado reticentes a abordar las dimensiones culturales y religiosas de las actitudes que determinan el tratamiento que se da a las mujeres por temor al carácter potencialmente divisivo de ese tipo de iniciativas o por no saber a quién dirigirse o cómo proceder. Pero el logro de la igualdad entre los géneros ha sido extremadamente lento precisamente por el hecho de que las cuestiones de las funciones y responsabilidades de las mujeres ponen en entredicho algunas actitudes humanas profundamente arraigadas. Dada la tremenda capacidad de influencia que tiene la religión sobre las masas —ya sea para inspirar o para calumniar— los gobiernos no pueden permitirse hacer caso omiso a su respecto.

Si no hay un diálogo sostenido entre los gobiernos y las religiones florece el extremismo religioso. En muchas ocasiones exacerbadas por la pobreza, la inestabilidad, los cambios socioeconómicos que acompañan a la globalización y el acceso a las tecnologías de la información, las voces religiosas radicales han ejercido una tremenda influencia en la política y las normas públicas. Entre los afectados por estos cambios está el papel de la mujer en la vida pública como lo demuestra, en algunas partes del mundo, el retorno a un concepto estrecho del lugar que ocupa la mujer en la familia, en la comunidad y en el mundo. La disminución de la cantidad de fondos destinados a los derechos de la mujer se ha atribuido en parte a estos cambios sociales y culturales. La situación se complica aún más con el hecho de que muchos Estados continúan refugiándose tras reservas culturales y religiosas de los tratados internacionales relativos a los derechos de la mujer. Hoy en día, casi 60 años después de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos y 26 años después de la entrada en vigor de la Conferencia sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer —los gobiernos no pueden seguir ignorando las prácticas y doctrinas religiosas que violan abiertamente las normas internacionales de derechos humanos. Éstas deben estar sujetas a examen y escrutinio.

Pese a esta realidad problemática, las organizaciones religiosas constituyen algunas de las redes más antiguas y de más amplio alcance del mundo. En muchos países destrozados por los conflictos son las únicas instituciones que han sobrevivido. En las esferas de la salud, el medio ambiente, el alivio de la deuda y el apoyo humanitario, las organizaciones religiosas han liderado los esfuerzos por llegar hasta los sectores desatendidos e influir en las políticas gubernamentales. Además, dado el tremendo peso que tienen la religión y la cultura para formar la percepción del papel de la mujer en la sociedad, las organizaciones religiosas y los grupos interesados tendrán que participar de manera significativa en los esfuerzos por llevar adelante el programa de igualdad entre los géneros. Pese a que, en un principio, el lenguaje financiero y económico parece ser incompatible con el de la ética y los valores (común a las religiones), tanto los gobiernos como las organizaciones religiosas tienen que familiarizarse con la lógica y perspectivas mutuas, reconociendo que éstas hacen referencia a una misma realidad. Un sistema económico igualitario no puede existir si no se llega a un acuerdo acerca de los valores subyacentes y, no se materializarán las nociones de ética y de valores divorciados de las condiciones económicas.

Al adoptar una perspectiva de largo plazo, esforzándose por trabajar para armonizar los presupuestos nacionales con las normas de derechos humanos e incluyendo a la religión, los gobiernos pueden movilizar los recursos institucionales, culturales y jurídicos que facilitan los esfuerzos para financiar la igualdad entre los géneros. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el empoderamiento de la mujer no es un privilegio, un ejercicio técnico ni una fórmula mágica. Es parte de un ejercicio más amplio de creación de una sociedad ordenada en la que las relaciones entre el hombre y la mujer, los padres y los hijos, los empleados y los empleadores, los gobernantes y quienes son gobernados se ciñan a los principios de justicia y emulen las más altas aspiraciones de la humanidad.

[1]   La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la Plataforma de Acción de Beijing, la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad, relativa a la mujer, la paz y la seguridad y los objetivos de desarrollo del Milenio han proporcionado una visión y planes concretos para proceder a la acción.

[2]   Comunidad Internacional Baha'i (2006). Beyond Legal Reforms: Culture and Capacity in the Eradication of Violence Against Women and Girls, Nueva York .

[3]   Dado que una persona tarda uno 17 años en completar sus estudios secundarios y unos 20 años en acabar los estudios superiores, con una perspectiva de largo plazo se podrían tener en cuenta y tratar de ajustar los recursos educativos de una nación de manera más plena.

[4]   Budlender, D. (ed.) (1996). The Women’s Budget, Instituto en pro de una alternativa democrática en Sudáfrica (IDASA), Ciudad del Cabo.

[5]   Elson, Diane. (2006). Budgeting for Women’s Rights: Monitoring Government Budgets for Compliance with CEDAW (Presupuestación en favor de los derechos de la mujer: supervisión de los presupuestos gubernamentales para el cumplimiento de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer), Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM): Nueva York.

[6]   Hausmann, Ricardo, Laura D. Tyson y Saadia Zahidi. (2007). The Global Gender Gap Report 2007. Foro Económico Mundial de Davos, Suiza.

 

Transformación de los valores para empoderar a la niña

Transformación de los valores para empoderar a la niña

Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer Quincuagésimo primer período de sesiones 26 de febrero a 9 de marzo de 2007 Tema 3 a) i) del programa provisional

New York—26 February 2007
Seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer

y del vigésimo tercer período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General titulado “La mujer en el año 2000: igualdad
entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”: consecución
de los objetivos estratégicos, adopción de medidas en las esferas
de especial preocupación y medidas e iniciativas ulteriores:
eliminación de todas las formas de discriminación y violencia
contra la niña

Declaración

La Comunidad Internacional Baha’i acoge con satisfacción el examen de la “eliminación de todas las formas de discriminación y violencia contra la niña” como el tema prioritario del quincuagésimo primer período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

También acogemos con agrado el estudio del Secretario General sobre la violencia contra los niños, el cual confiamos que pondrá de relieve esta cuestión fundamental y facilitará la formulación de estrategias a todos los niveles de la sociedad.

La Comunidad Internacional Baha’i considera que la era de formular marcos para eliminar la violencia contra las niñas ahora debe ceder el paso a un hincapié en la aplicación y la prevención. El reto que enfrenta la comunidad internacional consiste en cómo crear las condiciones sociales, materiales y estructurales que permitan a las niñas y las mujeres lograr su pleno potencial. La creación de esas condiciones no debe limitarse a las reformas legales e institucionales; más bien se precisan cambios profundos para crear una cultura en que la justicia y la igualdad prevalezcan por encima de la impetuosidad del poder autoritario y la fuerza física. La educación y la formación deben impartirse de forma que los niños crezcan intelectual y moralmente, inculcando en ellos un sentido de la dignidad y de responsabilidad por el bienestar de su familia, su comunidad y el mundo.

Ofrecemos las siguientes recomendaciones:

  • En la inteligencia de que el entorno que más influye en la niña es su familia, las intervenciones, las políticas y los programas nacionales e internacionales deben promover valores y actitudes que apoyen a la familia y permitan a hombres y mujeres trabajar juntos como copartícipes en un pie de igualdad en todos los ámbitos del desempeño humano.
  • Las instituciones docentes deberían formular una asignatura de desarrollo moral e incorporarla en sus planes de estudio. En el marco de esta asignatura, las escuelas Baha'i, por ejemplo, buscan el desarrollo integral del individuo, integrando lo espiritual y lo material, lo teórico y lo práctico, así como el sentido de progreso individual junto con el servicio al bien común. La concienciación sobre las cuestiones de género también deberían formar parte integrante de la educación de los niños, para impedir que se perpetúe la discriminación y los estereotipos de género.
  • Se necesitan mecanismos de consulta para la coordinación, la aplicación y el seguimiento a nivel nacional dirigidos a reforzar la comprensión por parte de la sociedad civil y los gobiernos de la responsabilidad que les incumbe en la aplicación efectiva de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención sobre los Derechos del Niño.

La Comunidad Internacional Baha’i y sus afiliados en 182 países se esfuerzan por dar al mundo un ejemplo de familias que no solo rechazan la violencia contra la niña, sino que también procuran crear un entorno de apoyo y comprensión en que las niñas y las mujeres son valoradas como copartícipes en un pie de igualdad con los hombres.

Por encima de las reformas legales: Cultura y capacidad en la erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas

Por encima de las reformas legales: Cultura y capacidad en la erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas

New York—2 July 2006

Julio de 2006

En gran medida, la condición social de las mujeres y de las niñas ha mejorado significativamente durante los últimos 50 años. Han alcanzado mayores tasas de alfabetización y educación, ha crecido su ingreso per cápita, y han ascendido a cargos destacados en las esferas profesional y política. Además, extensas redes locales, nacionales y mundiales han logrado poner en la agenda mundial y han catalizado la creación de mecanismos legales e institucionales para abordar estas preocupaciones. A pesar de los avances positivos, en todos los rincones del mundo continúa causando estragos una epidemia implacable de violencia dirigida contra mujeres y niñas, que se perpetúa por normas sociales, fanatismo religioso y condiciones políticas y económicas de explotación. A medida que la comunidad internacional se empeña por poner en práctica leyes que protejan a las mujeres y a las niñas, es evidente que una enorme brecha separa aún el aparato legal y la idiosincrasia, —materializada en nuestros valores, conducta e instituciones— necesaria para detener la epidemia.

La alarmante violencia contra las mujeres y niñas tiene lugar con un telón de fondo de dos procesos simultáneos que caracterizan la condición mundial actual. El primero es un proceso de desintegración, el cual manifiesta en todos los continentes y en cada una de las esferas de la vida humana la impotencia de instituciones desgastadas, doctrinas obsoletas y tradiciones desacreditadas, y conduce al caos y declinación en el orden social. El deterioro de la capacidad de las religiones para ejercer una influencia moral ha dejado una secuela de vacío moral que es llenado por voces extremistas y planteamientos materialistas de la realidad que niegan la dignidad de la vida humana. Un orden económico explotador, que da pábulo a los extremos de riqueza y pobreza, ha empujado a millones de mujeres a una situación de esclavitud económica y les ha negado el derecho a la propiedad, herencia, seguridad física y participación igualitaria en las empresas productivas. Los conflictos étnicos y los estados fracasados han hecho aumentar la cantidad de mujeres emigrantes y refugiadas, hundiéndolas en situaciones de inseguridad física y económica aún mayor. Dentro del hogar y la comunidad, la alta incidencia de violencia en el seno de la familia, el aumento del trato degradante de mujeres y niños, y la propagación del abuso sexual han acelerado este declive.

Junto con este modelo de deterioro, se distingue un segundo proceso constructivo y unificador. Arraigado en la ética de la Declaración Universal de Derechos Humanos y alimentado por una creciente solidaridad en los empeños de las mujeres de todo el mundo, los últimos 15 años han logrado colocar el tema de la violencia contra las mujeres y las niñas en la agenda mundial. El amplio marco legal y normativo desarrollado en este período ha llevado a la atención de una comunidad internacional distraída, la cultura de impunidad en que tales abusos eran tolerados e incluso aprobados. 1993, la histórica Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres por Naciones Unidas definía la violencia como:

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.1

Esta definición contradecía la noción falaz de que la violencia contra las mujeres y las niñas era asunto privado. El hogar, la familia, la propia cultura y tradición ya no eran los árbitros finales de la acción justa al tratarse de violencia contra niñas y mujeres. El posterior nombramiento de un Relator Especial sobre la violencia contra las mujeres proporcionó otro mecanismo más para investigar y llevar a la atención de la comunidad internacional las múltiples dimensiones de esta crisis.

Pese a algunos avances importantes logrados en los últimos quince años, el fracaso del intento de las naciones de reducir la violencia ha puesto en evidencia las limitaciones de un enfoque principalmente “reactivo” y ha ido adoptando el objetivo más amplio de la prevención de la violencia en primer lugar. Desde este nuevo marco, el desafío que tiene la comunidad internacional ahora es cómo crear las condiciones sociales, materiales y estructurales en que las mujeres y las niñas puedan desarrollarse hasta su pleno potencial. La creación de tales condiciones implicará no sólo intentos deliberados de cambiar las estructuras legales, políticas y económicas de la sociedad, sino, lo que es igualmente importante, requerirá la transformación de las personas – hombres y mujeres, niños y niñas – cuyos valores, de distintas maneras mantienen esquemas de comportamiento basados en la explotación. Desde la perspectiva baha'i, la esencia de todo programa de cambio social es el entendimiento de que la persona tiene una dimensión moral o espiritual. Ello perfila la comprensión del propósito de su vida, sus responsabilidades para con la familia, la comunidad y el mundo. Junto con cambios fundamentales que lentamente van tomando forma en la arquitectura legal, política y económica, el desarrollo de las capacidades morales y espirituales de las personas es un elemento esencial en la aún esquiva búsqueda de cómo impedir el abuso de mujeres y niñas en todo el mundo.

La idea de promover costumbres o valores determinados puede causar controversias; muy a menudo en el pasado tales intentos se han relacionado con prácticas religiosas represivas, ideologías políticas opresivas y visiones muy limitadas del bien común. Sin embargo, las capacidades morales, cuando se articulan de forma consecuente con los ideales de la Declaración Universal de Derechos Humanos y apuntan a promover el desarrollo espiritual, social e intelectual de todas las personas, representan un elemento clave del tipo de transformación que una sociedad no violenta necesita que tome forma. Además, tales capacidades deben apoyarse en el principio central, social y espiritual de nuestro tiempo, a saber, la interdependencia e interconexión de la humanidad entera. De esta manera la meta del desarrollo moral se desplaza de las nociones individualistas de “salvación” hasta abarcar el progreso colectivo de toda la raza humana. A medida que nuestra comprensión de los sistemas sociales y físicos del mundo evoluciona para abrazar este paradigma, igualmente debemos desarrollar las capacidades morales requeridas para funcionar éticamente en la época en que vivimos.

¿Cómo se traduce esto en objetivos educacionales? Varias instituciones de educación superior y escuelas baha'is han identificado capacidades morales concretas que ayudan a equipar a los niños y jóvenes para desarrollar destrezas de razonamiento moral y asumir la responsabilidad de contribuir al mejoramiento de sus comunidades. La base de ese currículo tales asignaturas es la creencia de que toda persona es un ser espiritual con un potencial ilimitado para las acciones nobles, pero para que ese potencial se manifieste debe cultivarse conscientemente mediante un programa que armonice con esta dimensión humana fundamental. Las capacidades morales identificadas por instituciones educativas baha'is incluyen las siguientes: participar eficazmente en la toma de decisiones colectivas no confrontativas (esto incluye la transformación de modelos basados en la explotación mediante el uso de la fuerza y falsamente arraigados en la idea de que el conflicto es una de las bases principales de la interacción humana); actuar con rectitud de conducta basada en principios éticos y morales; cultivar el sentido de dignidad y valor propios; tomar la iniciativa en forma creativa y disciplinada; comprometerse con actividades educativas empoderadoras; crear una visión de futuro deseado basada en valores y principios compartidos, e inspirar a otros para que trabajen por su cumplimiento; entender las relaciones basadas en la dominación y contribuir a su transformación hacia relaciones basadas en la reciprocidad y el servicio. De esta forma, el programa trata de desarrollar a la persona integralmente, aunando lo espiritual y lo material, lo teórico y lo práctico y el sentido de progreso personal con el de servicio a la comunidad.

Si bien tales valores pueden enseñarse en las escuelas, el ambiente familiar es donde los niños crecen y generan perspectivas sobre ellos mismos, el mundo y el propósito de la vida. En la medida que una familia no atiende las necesidades fundamentales de los hijos, en esa misma medida se verá abrumada la sociedad con las consecuencias del descuido y el abuso y sufrirá sobremanera de las condiciones resultantes de apatía y violencia. En la familia, la niña aprende acerca del poder y de su expresión en las relaciones interpersonales; es aquí donde por primera vez aprende a aceptar o rechazar el dominio y violencia autoritarios como medio de expresión y resolución de conflictos. En este ambiente, la amplia violencia cometida por hombres contra mujeres y niñas constituye un ataque al elemento fundamental de la comunidad y la nación.

El estado de igualdad en la familia y en el matrimonio requiere una capacidad cada vez mayor de integrar y unir en lugar de separar e individualizar. En un mundo que está cambiando muy rápidamente, en el que las familias sufren las insoportables presiones de inestables trastornos ambientales, económicos y políticos, asume importancia suprema la capacidad de mantener la integridad del lazo familiar y de preparar a los hijos como ciudadanos de un mundo complejo que se contrae. Por lo tanto, es imperioso ayudar a los hombres en su papel de padres a entender sus responsabilidades en la familia por encima del bienestar económico, lo cual incluye dar un ejemplo de relaciones sanas entre hombres y mujeres, de autodisciplina e igual respeto por los miembros varones y mujeres de una familia. Este es un papel complementario al de la madre, que es la primera educadora de sus hijos y cuya felicidad, sentido de la seguridad y autovaloración es esencial para su capacidad para actuar eficazmente como progenitora.

Lo que los hijos aprenden en el seno familiar es confirmado o bien contradicho por las interacciones y valores sociales que dirigen su vida comunitaria. Todos los adultos de la comunidad, ya sean educadores, trabajadores de la salud, empresarios, representantes políticos, jefes religiosos, funcionarios policiales, profesionales de los medios de comunicación u otros, comparten responsabilidades en la protección de los niños. Sin embargo, en muchísimos casos la red protectora de la vida comunitaria aparece rasgada irreparablemente: se trafica con millones de mujeres y niñas cada año, sometiéndolas a prostitución forzada y condiciones semejantes a la esclavitud; las trabajadoras emigrantes afrontan una doble marginalización como mujeres y como emigrantes, y sufren abuso mental, físico y económico a manos de sus empleadores en una economía irregular; la violencia contra las ancianas, cuyo número ha aumentado y que a menudo carecen de los recursos para protegerse a sí mismas, ha aumentado notablemente; la pornografía infantil se ha extendido como un virus que sacia el apetito de un mercado global sin reglas ni excepciones; en muchos países, incluso el acto de acudir a la escuela expone a las niñas a un tremendo riesgo de abuso físico y sexual. Exacerbando las condiciones provocadas por estados débiles y la no aplicación de la ley, está el profundo dilema moral que obliga a la comunidad a preguntarse: ¿qué induce a un individuo a explotar la vida y dignidad de otro ser humano? ¿Qué capacidad moral fundamental han dejado de cultivar la familia y la comunidad?

En todo el mundo, las religiones tradicionalmente han desempeñado un papel determinante en el cultivo de los valores de una comunidad. Mas hoy en día muchas voces que se alzan en nombre de la religión constituyen el obstáculo más formidable para erradicar conductas violentas y explotadoras que se cometen en contra de las mujeres y las niñas. Apelando a la religión en beneficio de su propio poder, los proponentes de interpretaciones religiosas extremas han tratado de “domar” a las mujeres y niñas limitándoles la movilidad fuera del hogar, restringiendo su acceso a la educación, sometiendo sus cuerpos a prácticas tradicionales dañinas, controlando la vestimenta e incluso matándolas para castigarlas por acciones que supuestamente denigraban el honor de la familia. Es la propia religión la que necesita desesperadamente una renovación. Un elemento clave de esa renovación es la necesidad de que los jefes religiosos defiendan inequívocamente el principio de igualdad de hombres y mujeres y se conviertan en sus portaestandartes: un principio moral y práctico que se requiere urgentemente para progresar en las esferas social, política y económica de la sociedad. Hoy día deben examinarse profundamente e inspeccionarse minuciosamente las prácticas y doctrinas religiosas que violen flagrantemente las normas de derechos humanos internacionales, tomando en consideración que todas las religiones contienen las voces de mujeres, que a menudo han estado ausentes de la definición cambiante de lo que es la religión y lo que requiere.

El entorno de la persona, su familia y la comunidad están en último término bajo la protección del Estado; es a este nivel donde se requiere desesperadamente un liderazgo esclarecido y responsable. Sin embargo, la mayoría de los gobiernos continúan sin reconocer como suya la obligación de castigar e impedir la violencia contra las mujeres y niñas y su explotación; muchos carecen de la voluntad política; algunos no asignan recursos suficientes para aplicar las leyes; en muchos países no existen servicios especializados para abordar la violencia contra las mujeres y las niñas; y en casi todos los contextos la labor de prevención se ha limitado a medidas locales de corto plazo2. De hecho, pocos estados pueden afirmar que se ha reducido en lo más mínimo su incidencia global3. Muchos estados continúan ocultándose tras reservas culturales y religiosas ante los tratados internacionales que condenan esta violencia, perpetuando aun más un clima de impunidad legal y moral que hace que sean en gran extremo invisibles la violencia y sus víctimas.

La época del desarrollo de marcos legales debe ser seguida ahora por un hincapié en la puesta en práctica y la prevención. La base de tales medidas es una estrategia arraigada en la educación y formación integral de los niños en una forma que les permita crecer tanto intelectual como moralmente, cultivando en ellos un sentido de dignidad al igual que una responsabilidad por el bienestar de su familia, comunidad y el mundo. Desde un punto de vista presupuestario, la prevención conlleva la adopción deliberada de medidas específicas para cada género para asegurar que se asigne una porción suficiente de recursos a fin de proporcionar servicios sociales accesibles y de ejecución de las leyes. Tales empeños deben reforzarse con definiciones claras de lo que es violencia, así como métodos globales de recolección integral de datos a fin de evaluar los esfuerzos nacionales en esta área y despertar consciencia entre hombres y mujeres acerca de la gravedad y predominio de violencia que se da en su comunicad.

La comunidad internacional, pese a su importante liderazgo en este tema mediante la Declaración de 1993, su reconocimiento de la violencia contra las mujeres y las niñas como un “obstáculo para el logro de igualdad, desarrollo y paz” y la labor del Relator Especial, ha estado dividida y ha sido tarda en poner sus palabras en práctica. En 2003, la falta de acción fue puesta de relieve en las reuniones de la 47ª sesión de la Comisión de Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, la cual, por primera vez en la historia de la Comisión, resultó ser incapaz de llegar a un conjunto de conclusiones acordadas acerca de la violencia contra la mujer. En este caso, se usaron argumentos basados en la cultura y la religión en un intento de eludir las obligaciones de los países, que están descritas en la Declaración de 1993. Por tanto, es imperioso que en futuras reuniones de la Comisión se adopte un lenguaje decisivo en cuanto a la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas como conclusiones acordadas, imprimiendo no sólo el tono legal sino moral que corresponda a esta epidemia mundial.

A fin de cumplir sus numerosos compromisos, la comunidad internacional necesita aumentar drásticamente el poder, la autoridad y los recursos dedicados a los derechos humanos de la mujer, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. La Comunidad Internacional Baha'i participa en las discusiones que sugieren crear un organismo autónomo de Naciones Unidas con un mandato amplio dedicado a toda la gama de los derechos e intereses de las mujeres. Dichas discusiones derivan de la Plataforma de Beijing para la Acción, el Programa de Trabajo de El Cairo y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y aseguran que la perspectiva de derechos humanos se integre completamente en todos los aspectos de la labor de Naciones Unidas. Para garantizarles una voz a las mujeres a los más altos niveles de toma de decisiones en Naciones Unidas, dicho organismo debiera ser conducido por un director con la categoría de Subsecretario General. Para desempeñar eficazmente su mandato, la institución requiere una presencia nacional suficiente al igual que expertos independientes en derechos de las mujeres como parte de su cuerpo gubernativo.

De todos los niveles de la sociedad deben surgir esfuerzos para erradicar la epidemia de violencia contra las mujeres y las niñas y deben ser reforzados por todos esos niveles, desde el individuo hasta la comunidad internacional. Sin embargo no deben limitarse a reformas institucionales y legales, pues éstas se aplican solo al delito manifiesto y son incapaces de generar los profundos cambios necesarios para crear una cultura en que imperen la justicia y la equidad por encima de la vehemencia del poder autoritario y la fuerza física. De hecho, la dimensión interior y exterior de la vida humana son recíprocas: ninguna puede reformarse sin la otra. Esta dimensión interior, ética y moral es la requiere ahora una transformación pues, en último término, es la que proporciona la base más segura para los valores y el comportamiento que hacen surgir a las mujeres y las niñas y, así, promueve el avance de toda la humanidad.

Notas

  1. Asamblea General de las Naciones Unidas resolución 48/104 del 20 de diciembre de 1993. Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Artículo 2. Documento UN A/RES/48/104.
  2. División de las Naciones Unidas para el Avance de la Mujer (2005). Informe de la Reunión del Grupo de Expertos:

    Buenas prácticas cuando se combate y se elimina la violencia contra las mujeres. 17-20 de mayo de 2005, Viena Austria. http://www.un.org/womenwatch/daw/egm/vaw-gp-2005/docs/FINALREPORT.goodpractices.pdf

  3. Ibíd.

 

Una misma sustancia: Crear Conscientemente una Cultura Mundial de Unidad

Una misma sustancia: Crear Conscientemente una Cultura Mundial de Unidad

Exposición escrita presentada por la Comunidad Internacional Baha'i en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerencia; publicada como documento oficial de las Naciones Unidas (A/CONF.189/10/Add.2) en inglés, francés y español en relación con el tema 9 del programa provisional.

Durban, Sudafrica—31 August 2001

Durban, Sudáfrica
31 de agosto al 7 de septiembre de 2001

El racismo se origina no en la piel, sino en la conciencia de las personas. En consecuencia, los remedios dirigidos a atajar los prejuicios raciales, la xenofobia y la intolerancia han de abordar primero y ante todo las ilusiones mentales que durante tantos milenios han dado lugar entre los pueblos a los falsos conceptos de superioridad e inferioridad.

En la raíz de todas las formas de discriminación e intolerancia se encuentra la creencia errónea en que la humanidad se compone en cierto modo de razas, pueblos o castas separadas o diferenciadas, y que dichos subgrupos poseen de forma innata diferentes capacidades intelectuales, morales o físicas a las que a su vez se recurre para excusar formas de trato diferenciado.

La realidad es que sólo existe una raza humana. Somos un solo pueblo que habita el planeta tierra, una sola familia humana unida por un destino común, una sola entidad creada de una misma sustancia, obligada a "ser como una sola alma".

El reconocimiento de esta realidad constituye el antídoto contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia en todas sus formas. De acuerdo con ello, debería constituirse en principio rector de las discusiones, deliberaciones y resultado final de la Conferencia Mundial contra el Racismo.

Comprender este hecho de forma cumplida permitiría impulsar a la humanidad no sólo más allá del racismo, el prejuicio racial y étnico, y la xenofobia, sino también superar las nociones intermedias de tolerancia o multiculturalismo -conceptos importantes y que constituyen pasos importantes hacia la meta tan ansiada de que la humanidad alcance a construir un mundo pacífico, justo y unificado, pero que son insuficientes para la erradicación de tan arraigados flagelos como son el racismo y sus acompañantes.

El principio de la unidad de la raza humana toca una fibra sensible en lo más hondo del espíritu humano. No se trata de una forma más de plantear el ideal de la hermandad o de la solidaridad. Tampoco de una consigna o de una vaga esperanza. Antes bien, refleja una realidad eterna espiritual, moral y física que ha adquirido mayor relieve con la llegada colectiva de la humanidad a su madurez en el siglo XX. Emerge de manera tanto más visible cuanto que, por primera vez en la historia, resulta posible para todos los pueblos del mundo percibir su interdependencia y volverse conscientes de su totalidad.

La realidad de la unidad humana está plenamente avalada por la ciencia. La antropología, la fisiología, psicología, sociología, y, más recientemente, la genética, con su decodificación del genoma humano, demuestran que existe una sola especie humana, si bien infinitamente variada en sus aspectos vitales secundarios. Asimismo, las grandes religiones mundiales sostienen este mismo principio, por más que sus seguidores, a veces, hayan prestado oídos a las ideas falaces de superioridad. Todos los Fundadores de las grandes religiones mundiales han prometido que habrá de llegar un día en que la paz y la justicia prevalecerán y en el que toda la humanidad quedará unida.

La actual toma de conciencia de la unidad colectiva de la humanidad ha cobrado cuerpo tras un proceso histórico en el que las personas se han fundido en unas unidades mayores. Tras el tránsito habido desde el clan, pasando por la tribu, la ciudad-estado y la nación, el siguiente paso inevitable que ha de dar la humanidad lo constituye la creación nada menos que de una civilización global. En esta nueva civilización global todas las personas y pueblos son partes integrantes de un solo gran organismo: la propia civilización humana. Tal como afirmó Bahá'u'lláh hace más de 100 años, "la Tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos".

Además, tal como se explica en los escritos baha'is, la unidad de la humanidad "implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad contemporánea, un cambio tal como el mundo jamás ha experimentado (...) requiere nada menos que la reconstrucción y desmilitarización de todo el mundo civilizado y, un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su vida, su maquinaría política, sus aspiraciones espirituales, su comercio y finanzas, y su escritura e idioma, y no obstante infinito en la diversidad de las características nacionales de sus unidades federadas".

Al considerar los temas de la Conferencia Mundial contra el Racismo, el hecho de plantear correctamente la realidad de la unidad de la humanidad conlleva numerosas repercusiones.

Comporta que cualquier ley, tradición o constructo mental que confiera derechos o privilegios superiores a un grupo de la humanidad sobre otro no sólo es un error moral, sino algo que está reñido con los mejores intereses incluso de quienes en cierta forma se consideran superiores.

Conlleva que los estados-nación, en tanto elementos de construcción de la civilización global, deben guiarse por pautas de derechos comunes y dar pasos activos para purgar de sus leyes, tradiciones y prácticas cualquier forma de discriminación basada en la raza, nacionalidad u origen étnico.

Conlleva que la justicia deba ser el principio rector de la organización social, principio derivado que requiere amplias medidas por parte de los gobiernos, de sus organismos y de la sociedad civil destinadas a afrontar en todos los ámbitos las injusticias económicas existentes. Los escritos baha'is hacen un llamamiento en favor de las aportaciones voluntarias y de medidas oficiales, tales como "la nivelación y la asignación" de la riqueza excesiva, de modo que las grandes disparidades entre los ricos y los pobres se vean eliminadas. Los escritos baha'is también prescriben medidas específicas, tales como el reparto de beneficios y la equiparación del trabajo con la adoración, que promueven la prosperidad económica general entre todas las clases.

Los temas relacionados con la xenofobia y con los problemas contemporáneos de las diásporas minoritarias, la aplicación desigual del derecho de ciudadanía, y los asentamientos de refugiados admiten igualmente un tratamiento más acorde si se examinan a la luz de la unidad de la humanidad y, tal como Bahá'u'lláh indicaba, el concepto de ciudadanía mundial.

Más aún, el principio de la unidad de la humanidad expone como artificial y equívoco cualquier intento que se realice en la actualidad por distinguir entre "razas" o "pueblos". Aunque la herencia racial, nacional o étnica pueden considerarse fuentes de legítimo orgullo e incluso un motor para el desarrollo social positivo, tales distinciones no deberían aducirse como fundamento de nuevas formas de separación o superioridad, no importa cuán sutiles.

A lo largo de los años y en declaraciones dirigidas a Naciones Unidas, la Comunidad Internacional Baha'i ha prestado su apoyo o instado a que se adopten medidas específicas que respalden la unidad de la humanidad en la lucha contra el racismo, incluso:

  • La promoción extendida de campañas educativas internacionales que enseñen la unidad orgánica de la humanidad, instando específicamente a que Naciones Unidas misma facilite tales esfuerzos, contando con los gobiernos nacionales y locales, así como con las organizaciones no gubernamentales.
  • La ratificación más amplia o la adhesión a los tratados internacionales que representan la conciencia colectiva de la humanidad, afín de que contribuyan a la creación de un amplio régimen legal con el que combatir el racismo y la discriminación racial, especialmente el Convenio Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial.
  • La promoción mundial de la educación en derechos humanos, con vistas a crear una "cultura de derechos humanos".

La Comunidad Internacional Baha'i también ha copatrocinado o participado extensamente en actividades encaminadas a la erradicación del racismo y la discriminación racial. Trabajando sobre todo a través de sus filiales nacionales, las cuales ascienden actualmente a 182, la Comunidad ha patrocinado, por ejemplo, numerosas reuniones públicas, conferencias, programas educativos, artículos de periódico, programas de radio y exposiciones encaminados de forma específica a combatir el racismo.

Por otro lado, valiéndose del espíritu creativo de la participación de las bases, los baha'is de cierto número de países han establecido comités de unidad racial, compuestos por personas de diferentes razas, gracias a los cuales se han desarrollado programas destinados a combatir el prejuicio racial y a crear lazos de respeto mutuo entre los pueblos de diferentes razas de entre sus comunidades locales. Dichos comités se han esforzado por ayudar a los propios baha'is a zafarse de sus propios prejuicios raciales y, por encima de ello, a eliminar el prejuicio racial en el conjunto de la sociedad mediante una intensa colaboración con las autoridades gubernativas, educativas y religiosas. De modo más concreto, las comunidades baha'is de todo el mundo han patrocinado numerosos talleres juveniles que promueven la unidad racial, han organizado miles de actividades como "día de unidad racial", han lanzado campañas de televisión y vídeo para promover la armonía racial, han patrocinando diálogos de unidad racial entre vecinos, y han participado en varias comisiones nacionales para combatir el racismo.

Quienes deseen comprender más en detalle cómo la unidad de la humanidad puede llevarse a la práctica quizá encuentren útil examinar la experiencia de la Comunidad Internacional baha'i, la cual ofrece un modelo de avance continuo en cómo personas tan diversas pueden convivir en armonía y unidad. Con sus más de 5 millones de miembros, la comunidad mundial baha'i está compuesta de personas procedentes prácticamente de todos los orígenes. Más de 2100 grupos raciales y tribales diferentes están representados en ella, al igual que personas procedentes de prácticamente todas las nacionalidades, antecedentes religiosos y clases sociales.

Pese a su gran diversidad, reflejo del conjunto de la población de la tierra, la comunidad mundial baha'i constituye uno de los conjuntos más integrados de población de la tierra. Dicho sentido de unidad va más allá del hecho de compartir una misma teología. Las personas de estos múltiples orígenes han contraído matrimonio entre sí, por ejemplo, algo que promueven las enseñanzas de la Fe baha'i, o bien trabajan en estrecho contacto en sus respectivas comunidades locales baha'is, sirviendo conjuntamente en las instituciones de gobierno de ámbito local y nacional. Un examen detenido de la comunidad mundial baha'i revelará la existencia de un cuerpo sorprendentemente diverso y, pese a ello, singularmente comprometido, un conjunto de personas que se esfuerzan por crear conscientemente una cultura global, un conjunto en el que priman la paz, la justicia y el desarrollo sostenible, y donde no se sitúa a ningún grupo en posición de superioridad.

Los baha'is creen que su propio éxito en la construcción de una comunidad unificada se debe únicamente a su inspiración en las enseñanzas espirituales de Bahá'u'lláh, quien abordó ampliamente la importancia de la unidad, la realidad de la unidad y la necesidad imperiosa de crear una civilización pacífica mundial. Hace más de cien años escribió las siguientes palabras que constituyen una piedra angular de las creencias baha'is:

"¡Oh hijos de los hombres! ¿Acaso no sabéis por qué os hemos creado a todos del mismo polvo? Para que ninguno se enaltezca a sí mismo por encima de otro. En todo momento ponderad en vuestro corazón cómo habéis sido creados. Puesto que os hemos creado a todos de una misma sustancia os incumbe ser como una sola alma, caminar con los mismos pies, comer con la misma boca y habitar en la misma tierra, para que mediante vuestros hechos y acciones se manifiesten los signos de la unicidad y la esencia del desprendimiento desde vuestro más íntimo ser".

UN Document #: A/CONF.189/10/Add.2
 

Descripción de La Comunidad Internacional Baha'i

Descripción de La Comunidad Internacional Baha'i

La Oficina de la Comunidad Internacional Baha'i, en las Naciones Unidas

New York—6 June 2000

HISTORIA DE COOPERACIÓN ACTIVA CON LAS NACIONES UNIDAS

La Comunidad Internacional Baha'i es una organización no gubernamental (ONG) que abarca y representa a la comunidad mundial de la Fe Baha'i, que incluye más de cinco millones de hombres y mujeres de más de 2,100 grupos étnicos y casi toda nacionalidad, nivel económico, oficio y profesión. Hay comunidades baha'is importantes en 236 países y territorios, de los cuales 182 están organizadas como afiliadas nacionales (o regionales) con más de 12,000 comunidades locales organizadas. Como ONG en las Naciones Unidas, la Comunidad Internacional Baha'i es una asociación de cuerpos administrativos nacionales conocidos como Asambleas Espirituales Nacionales.

La Comunidad Internacional Baha'i tiene una larga historia de cooperación con los organismos internacionales. En la Sede de la Liga de las Naciones en Ginebra, una Oficina Internacional Baha'i, establecida en el año 1926, sirvió de base para la participación Baha'i en las actividades de la Liga. En 1945 cuando la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue firmada en San Francisco, estuvieron presentes representantes baha'is. En 1948, la Comunidad Internacional Baha'i se inscribió con las Naciones Unidas como organización internacional no gubernamental (NGO, siglas en inglés) y en 1970 se le otorgó estado consultivo (actualmente llamado estado "especial") con el Consejo Económico y Social (ECOSOC). Llegó a estado consultivo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en 1976, y con el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) en 1989. Una relación de trabajo con la Organización Mundial de la Salud (WHO) también fue establecida en 1989. A través de los años, la Comunidad ha trabajado estrechamente con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas (UNESCO), y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

La Comunidad Internacional Baha'i tiene oficinas en las Naciones Unidas en Nueva York y Ginebra así como representaciones ante las comisiones regionales de las Naciones Unidas y otras oficinas en Addis Ababa, Bangkok, Nairobi, Roma, Santiago y Viena. En años recientes una Oficina para el Medio Ambiente y una Oficina para el Adelanto de la Mujer fueron establecidas como parte de su Oficina en las Naciones Unidas.

Una Oficina de Información Pública, basada en el Centro Mundial Baha'i y con una sucursal en París, disemina información sobre la Fe Baha'i por el mundo y publica un noticiero trimestral ONE COUNTRY (UN SÓLO PAÍS) Este noticiero, publicado en inglés, francés, chino, ruso, español y alemán, es distribuido a lectores en más de 170 países. ONE COUNTRY cubre proyectos de desarrollo socioeconómicos, relaciones con el sistema de las Naciones Unidas, así como cuestiones de alcance mundial de interés para quienes toman las decisiones.

OBJETIVOS Y ACTIVIDADES

Las comunidades baha'is en todo el mundo participan en actividades para ayudar a lograr los objetivos enumerados en la Carta de la ONU. Dichas actividades incluyen, pero no son limitadas a, la promoción de la participación a nivel de vecindario en iniciativas de desarrollo sostenibles, el adelanto de la condición de la mujer, la educación de los niños, la prevención del abuso de los narcóticos, la eliminación del racismo y la promoción de la educación en el campo de los derechos humanos. Actualmente las comunidades baha'is alrededor del mundo administran más de 1,600 proyectos, incluyendo 300 escuelas que son propiedad de los baha'is y regentadas por ellos mismos y al menos 400 escuelas ubicadas en pueblos en calidad de tutoría.

La Oficina de la Comunidad Internacional Baha'i ante la ONU coopera como organización no gubernamental (ONG), comparte su experiencia y participa en las sesiones ordinarias de los organismos de la ONU tales como la Comisión de los Derechos Humanos, la Comisión del Estado de la Mujer, la Comisión del Desarrollo Social y la Comisión del Desarrollo Sostenible. Según su informe trimestral más reciente al Consejo Social y Económico de la ONU (ECOSOC), la Comunidad Baha'i participó en aproximadamente 150 reuniones patrocinadas por la ONU entre enero de 1994 y diciembre de 1997 ofreciendo más de 80 declaraciones respecto a una gran gama de temas. La Oficina de la Comunidad Internacional Baha'i ante la ONU también ha participado de lleno, junto con algunos grupos afiliados nacionales, en la reciente serie de conferencias internacionales sobre asuntos de importancia mundial y en actividades paralelas de los organismos no gubernamentales. Dichas conferencias incluyen la Cumbre Mundial del Niño en 1990, la conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente y Desarrollo en 1992 (La Cumbre de la Tierra) en Río de Janeiro, la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos en Viena en 1993, la Conferencia Mundial sobre las Naciones Insulares Menores en 1994 en Barbados, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en 1994 en Cairo, la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social en 1995 en Copenhagen, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995 en Beijing, la Conferencia sobre la Población Humana (Hábitat II) en 1996 en Estanbul, y la Cumbre sobre la Alimentación en 1996 en Roma. Los foros de las ONG realizadas conjuntamente con estas conferencias de la ONU también ha atraído una participación entusiástica y sustantiva de baha'is de todas partes del mundo.

En sus relaciones con las Naciones Unidas, la Comunidad Internacional Baha'i promueve los principios sobre las cuales se puede construir una paz duradera.

La unidad de la humanidad. El reconocimiento de la unidad de la humanidad es la base para la paz, la justicia y el orden el en mundo. Esto implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad.

La igualdad entre el hombre y la mujer. La emancipación de la mujer es un requisito para la paz. Por cierto, solamente cuando a la mujer se le acepte como copartícipe a la par con el hombre en todos los campos de la actividad humana, se podrá crear el clima moral y psicológico para que pueda sobresalir la paz internacional.

Derechos humanos una norma universal. Los derechos humanos son inseparables de las responsabilidades. Si han de establecerse la paz, el progreso social y la prosperidad económica, deben reconocerse y protegerse los derechos humanos en los ámbitos locales, nacionales e internacionales. Además, se les debe educar a los individuos para que reconozcan y respeten sus derechos propios y los de otros.

La justicia económica y la cooperación. Una visión de la prosperidad humana en el sentido más amplio, es decir, un despertar a las posibilidades del bienestar espiritual y material de todos los habitantes del planeta, ayudará a galvanizar la voluntad colectiva para vencer los obstáculos a la paz como la disparidad desmesurada entre ricos y pobres.

La educación universal. Ya que la ignorancia es la causa principal para la caída y decadencia de los pueblos y de la perpetuación de los prejuicios, no hay nación que pueda llegar al éxito a menos que todos sus habitantes reciban una educación, tanto mujeres como hombres. La educación debe promover la unidad esencial de la ciencia y la religión.

Un idioma auxiliar internacional. A medida que el mundo se haga cada vez más interdependiente, debe adoptarse y enseñarse en las escuelas del mundo entero un idioma y escritura universal auxiliar acordado universalmente como complemento al idioma, o idiomas, de cada país. La adopción de tal idioma mejorará la comunicación entre las naciones, reducirá los costos administrativos y promoverá la unidad entre los pueblos y las naciones.

El derecho a la educación

El derecho a la educación

COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS 56º período de sesiones Tema 10 del programa provisional

Geneva—20 March 2000

El derecho a la educación es, a juicio de la Comunidad Internacional Baha'i, uno de los derechos más importantes enunciados en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Tan importante es el derecho a la educación que se detalla en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. De hecho, la misión de los fundadores de las grandes religiones a través de la historia ha sido educar a la humanidad. La educación es decisiva para el desarrollo del potencial de cada persona y para el disfrute de toda la gama de derechos humanos. Al mismo tiempo, la educación debe servir a la sociedad en conjunto infundiendo a las personas el respeto constante de los derechos de los demás y el deseo de sostener y defender esos derechos.

Por tanto la Comunidad Internacional Baha'i se felicita de que en 1998 la Comisión de Derechos Humanos aceptara la recomendación del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de que nombrara un relator especial cuyo mandato “se centraría en el derecho a la educación” 1/. También nos complace que el mandato del Relator Especial incluya la aplicación “del principio de la educación primaria obligatoria y gratuita para todos” 2/ y que tenga en cuenta “la situación y las necesidades de las niñas” 3/.

Si bien aceptamos que el acceso a la educación es un asunto que merece mucha atención de los Gobiernos y de las organizaciones no gubernamentales, pensamos que el contenido de la educación es de importancia principal. La Declaración Universal de Derechos Humanos dice que el fin de la educación no sólo es “el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad” sino también la promoción de “la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos…” 4/. Para lograr estos fines amplios y elevados, la educación debe dirigirse a toda la persona, es decir, debe tratar de desarrollar toda la gama de capacidades humanas – intelectuales, sociales, físicas y espirituales.

Muchos opinan que el fin de la educación se reduce a dar a la persona el poder de alcanzar bienestar y prosperidad materiales, y dan poca importancia a las obligaciones de la persona con los demás y con la humanidad en conjunto.

Este enfoque materialista de la educación seguirá aumentando la disparidad entre los pocos ricos y los muchos empobrecidos – perpetuando las injusticias de la estratificación social y contribuyendo al aumento de la inestabilidad del mundo. En cambio, si la educación material va acompañada de la educación espiritual y el desarrollo moral, será el medio de asegurar el bienestar y la prosperidad de la humanidad en conjunto. En vez de acentuar la competencia, en este momento histórico sería mejor que la educación fomentara las actitudes y conocimientos necesarios para la cooperación, porque la supervivencia misma de la humanidad depende ahora de nuestra capacidad de cooperación y de nuestra dedicación colectiva a la justicia y a los derechos humanos para todos. La capacidad de cooperar con los demás también asegurará que cada vez más personas gocen del derecho a la educación.

Los recientes conflictos europeos son prueba de la incapacidad de la educación material por sí sola de fomentar el respeto de los derechos humanos. La fe baha'i, por principio, da prioridad a la educación espiritual y moral sobre los demás aspectos de la educación. “La buena conducta y el carácter moral elevado deben venir primero”, dicen los escritos baha'ies, “pues si no se forma el carácter, la adquisición de conocimientos será perjudicial. El conocimiento es laudable cuando va unido a la conducta ética y a un carácter virtuoso; de lo contrario es un veneno mortal, un peligro terrible” 5/. La función de la educación moral y espiritual es guiar el uso de las capacidades humanas para bien de todos. Proponemos, por tanto, que el fin de la educación debe ser no sólo la adquisición de conocimientos, sino también la adquisición de cualidades espirituales como la compasión, la fiabilidad, el servicio, la justicia y el respeto de todas las personas.

En el centro del informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, “La educación encierra un tesoro” 6/, está la idea enunciada en la Convención sobre los Derechos del Niño de que la educación debe permitir al individuo desarrollar plenamente sus potencialidades 7/. “Considera al hombre como una mina rica en gemas de valor inestimable”. Bahá’u’lláh dice: “Sólo la educación puede revelar sus tesoros y permitir que la humanidad se beneficie de ellos” 8/. Estos tesoros deben desarrollarse, extraerse y cultivarse conscientemente porque, aunque la capacidad para el bien es innata, los seres humanos pueden ser presa de inclinaciones corruptas igualmente innatas. “El hombre es como el acero”, declara Bahá’u’lláh, “cuya esencia está oculta: mediante advertencias y explicaciones, buenos consejos y buena educación, la esencia sale a la luz. En cambio, si se le permite permanecer en su estado original, la corrosión de los deseos y apetitos lo destruye” 9/.

Como todo niño tiene necesidad de educación, especialmente en valores morales, es indispensable dar educación a las niñas, que serán las madres y primeras educadoras de las generaciones futuras. Educar a las madres es el modo más eficiente de asegurar la difusión de los beneficios de la educación a toda la sociedad. El acceso igual de las mujeres y las niñas a la educación también hará posible su plena participación en la sociedad, que a juicio de los baha'ies será el catalizador para la creación de una sociedad justa y el establecimiento de una paz duradera en el mundo. Por tanto apoyamos la recomendación de la resolución de que el Relator Especial promueva “la eliminación de todas las formas de discriminación en la educación” 10/.

Al considerar el contenido de la educación, es importante recordar que los prejuicios que separan a los pueblos del mundo, y que a veces estallan en conflictos y guerras, no son sólo resultado de la ignorancia sino producto a veces de una educación tendenciosa. La elaboración y el respeto de un conjunto universal de principios de educación, basados tal vez en la Declaración Universal de Derechos Humanos, podrían servir de marco unificador dentro del cual se cultivara la comprensión de la diversidad de la experiencia humana. La fuerza de este marco procederá de su fundamento, el principio de la unidad de la humanidad. La aceptación de este principio hará posible el cultivo de la unidad entre los diversos elementos de la familia humana, reconociendo aspiraciones humanas comunes en las diversas culturas, costumbres y temperamentos que existen en todos los países y en todo el mundo. La unidad de la humanidad y la universalidad de los derechos humanos deben enseñarse en todas las aulas del mundo, junto con las técnicas de consulta y solución de conflictos.

La educación debe ser universal, obligatoria y gratuita. Reconocemos que esta meta puede alcanzarse sólo si la responsabilidad se comparte. “Toda persona, sea hombre o mujer”, dicen los escritos baha'ies, “debe entregar … una parte de lo que gana mediante el comercio, la agricultura u otra ocupación, para la formación y educación de los niños” 11/. La Relatora Especial sobre el derecho a la educación, Sra. Katarina Tomasevski, merece encomio por haber incluido la sección titulada “Obstáculos financieros que dificultan el acceso a la enseñanza primaria” en su informe preliminar 12/.

Aún cuando los gobiernos prestan servicios educativos, algunos grupos encuentran obstáculos. La experiencia de los organismos de las Naciones Unidas y de los Estados Miembros en materia de alfabetización y salud pública ha demostrado que ciertos grupos de la población de diversos países no pueden aprovechar los beneficios de esos servicios públicos a causa de situaciones políticas, culturales, étnicas, lingüísticas o geográficas. Por tanto proponemos que se requiera adoptar disposiciones especiales para proteger el derecho a la educación de esos grupos desfavorecidos. Esperamos con interés el trabajo proyectado de la Relatora Especial de reunir y analizar “la información cuantitativa y cualitativa existente sobre la pauta de la falta de acceso a la educación, a fin de levantar un inventario de los obstáculos a la realización del derecho a la educación” 13/.

Finalmente, aunque convenimos en que hay que dar prioridad a la educación universal obligatoria en la infancia, también creemos que todos se benefician cuando la educación se vuelve un proceso que dura toda la vida. La UNESCO dice que la educación debe infundir sed y deseo de saber 14/, a lo que añadiríamos que también debe fomentar el deseo de excelencia. Estas aspiraciones adquiridas en la infancia, unidas a las posibilidades de continuar la educación durante toda la vida, son las bases de una civilización en progreso constante.

La Comunidad Internacional Baha'i proseguirá sus esfuerzos en apoyo de una educación que desarrolle la capacidad individual e inculque el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las personas. A este respecto, se complace en prometer su pleno apoyo y cooperación a la Relatora Especial de la Comisión para la protección y la realización universal del derecho a la educación.

 

1/       Resolución de la Comisión de Derechos Humanos 1998/33, párr. 6, a).

2/       Ibíd., párr. 6, a), ii).

3/       Ibíd., párr. 6, a), iii).

4/       Artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

5/       Baha'i Education, recopilación de textos de los Escritos Baha'ies, Londres, Baha'i Publishing Trust, 1987, pág. 29, párr. 74.

 

6/       Véase el informe a la UNESCO de la Comisión Internacional  sobre

Educación para el Siglo XXI: “La educación encierra un tesoro”.

7/       Véase el artículo 29, a), de la Convención sobre los Derechos del Niño.

8/       Gleanings of the Writings of Bahá-u-lláh, CXXII, págs. 259 y 260.

9/       Baha'i Education, pág. 3, párr. 10.

10/      Resolución 1998/33 de la Comisión de Derechos Humanos, párr. 6, a), iii).

11/      Tablets of Bahá-u-lláh, pág. 90.

12/      E/CN.4/1999/49, párrs. 32 a 41.

13/      Ibíd, párr. 59.

14/    Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre Educación para el Siglo XXI. Uno de los cuatro pilares de la educación es “aprender a conocer”.

Seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer

Seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer

Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer 43º período de sesiones 1º a 12 de marzo de 1999 Tema 3c) del programa provisional Seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer: Consecución de objetivos estratégicos y adopción de medidas en las esferas de especial preocupación

1 March 1999

La Comunidad Internacional Baha'i acoge con beneplácito el hecho de que en la Plataforma de Acción de Beijing se haya reconocido la salud de la mujer como esfera de especial preocupación y que la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer haya logrado dirigir la atención mundial hacia esa cuestión de vital importancia. La Comunidad Internacional Baha'i, que colabora activamente con la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer y otros organismos de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales en la promoción de la salud de la mujer, acaba de participar en la Reunión del Grupo de Expertos sobre la Mujer y la Salud: incorporación de la perspectiva de género en el sector de la salud, celebrada en Túnez, en septiembre y octubre de 1998.

Dado que la Comisión estudia las medidas que los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales podrían tomar para mejorar la salud de las mujeres y para potenciar su papel a fin de que participen plenamente en el mundo exterior, proponemos los siguientes temas de estudio:

a) Cuando las mujeres entren en el ámbito del derecho y la política y cuando hagan oír su voz en los salones de consejos del mundo, tendrán un papel decisivo en poner fin a las guerras, lo que dejará inmensos recursos disponibles para empresas pacíficas. La enorme energía que se gasta en la guerra, afirma la Comunidad Internacional Baha'i, podrá dedicarse a erradicar las enfermedades, aumentar el nivel de la salud física, agudizar y perfeccionar el cerebro humano, prolongar la vida humana y fomentar todo elemento que estimule la vida intelectual, moral y espiritual de la humanidad;

b) La salud de la mujer tiene importancia, no sólo para ella, sino también para su familia, su comunidad y el mundo en general. Desde el punto de vista baha'i, el progreso mismo de la civilización depende de que las mujeres participen sin restricciones en todos los aspectos de la vida social. Para ello es imprescindible que se ayude a las mujeres y a las niñas a desarrollar sus recursos y que éstas cuiden constantemente de su salud física, emocional y espiritual a fin de contribuir, en pie de igualdad con los hombres, al avance de la civilización;

c) Las causas evitables de la mortalidad y morbilidad materna, el VIH/SIDA, la tuberculosis, los trastornos depresivos y los actos de violencia contra la mujer afectan considerablemente a toda la comunidad. Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la educación de los hijos y en el fomento de la salud de la familia, tanto en el hogar como por conducto de las organizaciones que promueven y protegen la salud y el bienestar de la comunidad. No puede haber familias y comunidades saludables si no se presta una atención esmerada a la creación de las condiciones necesarias para que las niñas y las mujeres gocen de buena salud;

d) La salud de la mujer debe ser objeto de atención durante toda su vida. Debe cuidarse su alimentación, especialmente durante los primeros años, y protegérsele de diversas prácticas tradicionales lesivas durante su adolescencia y la edad adulta. También se debe prestar especial atención a la salud de las mujeres mayores. Al aumentar notable­mente la esperanza de vida de las mujeres, debe protegerse su derecho a la salud física, mental y espiritual.

La Comunidad Internacional Baha'i ha participado activamente en la labor de mejorar la salud de las mujeres y las niñas. Gran parte de esa labor consiste en sensibilizar al público sobre los derechos de la mujer y de la niña, elevar el estudio de las cuestiones al nivel de los principios y aplicar esas normas en los planos local, nacional y mundial. Estamos dispuestos a seguir protegiendo y fomentando la salud de la mujer y la niña y deseosos de colaborar con la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, otros organismos de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales en todo lo que permita a la mujer aportar su parte al progreso de la civilización.

Abdu'l-Baha afirma en sus escritos que el mundo de la humanidad tiene dos alas: una son las mujeres y la otra los hombres. El pájaro no podrá volar mientras no se iguale la fuerza de las alas. Si una de las dos sigue siendo débil, no le será posible emprender el vuelo.

Protección de las Minorías

Protección de las Minorías

COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS 55º período de sesiones Tema 16 del programa provisional INFORME DE LA SUBCOMISIÓN DE PREVENCIÓN DE DISCRIMINACIONES Y PROTECCIÓN A LAS MINORÍAS

11 January 1999

[11 de enero de 1999]

A medida que crecen los conflictos entre países en el mundo, la comunidad internacional empieza a comprender la necesidad apremiante de atender a la cuestión de las minorías. Puesto que todos los países poseen minorías de una u otra clase, los Gobiernos se están volviendo cada vez más conscientes de que el riesgo de inestabilidad se halla más extendido de lo que en principio cabía imaginar. Por tanto, resulta muy indicado que en estas fechas el asunto de las minorías figure en el orden del día de Naciones Unidas. La Declaración de Derechos de las Personas Pertenecientes a las Minorías Nacionales, Étnicas, Religiosas o Lingüísticas, adoptada hace más de cinco años, ha supuesto una gran aportación a las discusiones al permitir que se articulen criterios internacionales. En ella se afirma no sólo que las minorías no deben ser objeto de discriminación, sino que se indica que la diversidad cultural, lingüística y religiosa dentro de cada país debería ser en realidad salvaguardada y alentada. Dado que tal criterio aparece ahora articulado, el siguiente paso corresponde a su ejecución. La Comunidad Internacional Baha'i comprueba con agrado que el Grupo de Trabajo sobre Minorías, establecido por la Subcomisión para la Prevención de la Discriminación y Protección de las Minorías, viene dando pasos graduales para implementar los medios con que revisar la ejecución de la Declaración y responder a los asuntos que plantea su puesta en marcha.

A juicio de la Comunidad Internacional Baha'i, garantizar iguales derechos a las minorías es responsabilidad que corresponde tanto a las minorías como a las mayorías. A los grupos gobernantes (sean de la mayoría o de la minoría) les cumple el cometido especial de llevar a cabo los ajustes sociales y políticos que, en aras de la justicia, permitan que los demás componentes de esa sociedad ejerzan, al máximo posible, sus derechos fundamentales y comunes. Por otro lado, los grupos que no ejerzan el poder poseen la responsabilidad moral de responder respetuosamente a los esfuerzos auténticos que vengan realizándose en su favor y de reconocer, aceptar y cumplir las responsabilidades que contraen con el conjunto de la sociedad. Según vayan surgiendo los temas, tanto las mayorías como las minorías habrán de examinarlos en el contexto de un mundo caracterizado por un grado creciente de interdependencia, un mundo en el que las ventajas de la parte quedan mejor servidas por el avance del conjunto, y donde el conjunto no puede prosperar mientras las partes estén oprimidas o en la miseria.

Es preciso que los Gobiernos tomen la iniciativa demostrando su decisión de reconocer a las minorías los mismos derechos de los demás ciudadanos. Cabe hacerlo mediante la identificación de las condiciones que tienden a enajenar a ciertas minorías y mediante la puesta en vigor de las leyes que atiendan a dichas condiciones. Aunque esta clase de legislación constituye un paso importante, por sí sola y por sí misma nunca pondrá fin a la discriminación de las minorías. Las actitudes deben cambiar. Los grupos deben aprender a verse de modo muy diferente al que prevalece hoy día. Deben reconocerse unos a otros como corresponsables, como colaboradores merecedores de respeto y de un trato justo. Las mayorías, por su parte, deben abandonar el supuesto de unos títulos de superioridad, en tanto que las minorías con el tiempo habrán de liberarse del desamparo y sospecha inducidos por una discriminación prolongada.

La legislación puede facilitar de hecho los cambios de actitud al penar legalmente conductas consideradas anteriormente aceptables. Al motivar a que las personas cambien su conducta, la legislación estimula el examen de las creencias que subyacen a formas inveteradas de proceder, e invita a que la atención se centre en los principios que dan sostén a la nueva conducta. Sin embargo, sólo un cambio de conciencia y corazón permitirá erradicar permanentemente esa voluntad de odiar a quienes consideramos diferentes de nosotros mismos. Un cambio tan profundo sólo puede realizarse mediante la influencia de los principios espirituales y morales. El lecho de roca sobre el que se asientan la paz, la armonía y la estabilidad del mundo lo constituye el principio de la unidad de la humanidad. Hacer caso omiso de la unidad de la familia humana conduce a que las personas se vuelvan vulnerables a los miedos y odios irracionales, fácilmente azuzados por la mentira, las medias verdades, las distorsiones y las acusaciones enardecidas que para su propio provecho suelen proferir dirigentes carentes de escrúpulos.

Pero la unidad no significa uniformidad; la unidad de la familia humana entraña un respeto hacia la diversidad dentro de ella. Para encaminarnos hacia un mundo caracterizado por la unidad en la diversidad, los niños deben aprender a ver en la diversidad una fuente de enriquecimiento, no una amenaza. La Comunidad Internacional Baha'i, por tanto, alaba al Grupo de Trabajo por la atención que dedica a la promoción de la educación multicultural e intercultural. Desde nuestro punto de vista, comprender la diversidad cultural como expresión variada de nuestra común humanidad es una de las claves para la resolución pacífica y duradera de los conflictos relacionados con las minorías. Los currículos escolares deberían centrar sus objetivos en anular las animosidades fundadas en las diferencias étnicas, lingüísticas y religiosas, proporcionando para ello instrucción sobre las diversas culturas presentes en cada país de un modo que subraye las aspiraciones comunes que nos unen a todos como miembros de la familia humana. Cuando los niños aprendan a reconocer las cualidades humanas fundamentales dentro de una gran variedad de culturas, llegarán a contemplar cada cultura como una aportación enriquecedora a la sociedad en su conjunto. También serán menos susceptibles de verse manipulados por quienes, movidos por razones políticas, enfrentan a un grupo contra otro.

La Comunidad Internacional Baha'i está convencida de que, para que los esfuerzos realizados por Naciones Unidas y los Gobiernos den su fruto, es preciso sumar las fuerzas de las esferas de influencia política y legal, espiritual y moral. Por su parte, la Comunidad Internacional Baha'i procura atender al desafío de nutrir a las minorías dentro de su propia composición en todas partes del mundo. Las comunidades baha'is están obligadas por las enseñanzas de su fe no sólo a tolerar, sino también a nutrir, alentar y salvaguardar a todas las minorías pertenecientes a cualquier fe, raza, clase o nación. Por esta razón, los Escritos baha'is sugieren que si hay alguna discriminación que deba tolerarse, tal ha de ser la que favorezca a la minoría. Guiándose de los principios constitutivos del orden mundial enunciados hace más de un siglo por Bahá’u’lláh, las comunidades baha'is de todo el mundo se hallan empeñadas en integrar a las gentes de todas las procedencias raciales, nacionales y religiosas en una sola comunidad: una comunidad unida y diversa al mismo tiempo.

La Comunidad Internacional Baha'i seguirá colaborando con el Grupo de Trabajo sobre Minorías, y está dispuesta a ofrecer su experiencia en el establecimiento de comunidades unidas caracterizadas por el respeto a la diversidad.

Valorando la Espiritualidad en el Desarrollo

Valorando la Espiritualidad en el Desarrollo

Consideraciones Iniciales en cuanto a la Creación de Indicadores de Base Espiritual para el Desarrollo Un trabajo escrito de concepto redactado que fue presentado al "Diálogo Mundial de las Fes y el Desarrollo", hospedado por el Presidente del Banco Mundial y el Arzobispo de Canterbury al Palacio de Lambeth.

London, England—18 February 1998

del 18 al 19 de Febrero de 1998

Tabla de Contenido

Abstracto

I. Una Perspectiva Baha'i sobre el Desarrollo

II. Indicadores de Desarrollo: Su Valor y Uso

III. Indicadores de Base Espiritual para el Desarrollo: Consideraciones Iniciales

IV. Indicadores de Base Espiritual: Cinco Principios Fundamentales

1. La Unidad en la Diversidad

2. La Equidad y la Justicia

3. La Igualdad de los Sexos

4. La Confiabilidad y el Liderazgo Moral

5. La Investigación Independiente de la Verdad

V. Indicadores de Base Espiritual: Cinco Areas de Política Prioritaria

1. El Desarrollo Económico

2. La Educación

3. La Mayordomía Ambiental

4. Llenando las Necesidades Básicas en Alimento, Nutrición, Salud y Albergue

5. El Gobierno y la Participación

VI. Desarrollando Indicadores de Base Espiritual: Tres Ejemplos

VII. Hacia el Desarrollo de Indicadores de Base Espiritual: Posibles Pasos Colaborativos

Abstracto

Este trabajo escrito concepto se concentra en la importancia de crear medidas para asesorar el progreso de desarrollo por medio de la perspectiva de los principios espirituales. El trabajo escrito comienza delineando una perspectiva baha'i en cuanto al desarrollo. Luego menciona el uso de los indicadores actualmente e introduce el concepto de indicadores de base espiritual para el desarrollo. Considera, aunque resumidamente, cinco principios espirituales cruciales al desarrollo y cinco áreas de política en que estos principios pudieran aplicarse para generar metas e indicadores para medir el progreso hacia dichas metas. Entonces se presentan tres ejemplos breves de cómo tales indicadores pudieran concebirse y desarrollarse. Y por último se sugiere una iniciativa colaborativa para desarrollar indicadores de base espiritual para el desarrollo, involucrando a las religiones y una prominente agencia internacional de desarrollo.

El desarrollo en sí de estas medidas se encuentra mucho más allá del alcance de este trabajo escrito. Más bien, la intensión de este trabajo, como lo sugiere el subtítulo, es el de ofrecer consideraciones iniciales en cuanto a la creación de indicadores de base espiritual para el desarrollo con la esperanza de que pueda lanzarse un proceso consultativo en que el trabajo difícil, y a la vez meritoriosa, de conceptualizar y desarrollar tales indicadores se comience en serio.

I. Una Perspectiva Baha'i en cuanto al Desarrollo

El desarrollo, según el punto de vista baha'i, es un proceso orgánico en el que "lo espiritual se expresa y se realiza en lo material".1 El desarrollo significativo requiere que el proceso aparentemente antitético del progreso individual y avance social, de globalización y descentralización, y de promover las pautas universales y fomentar la diversidad cultural, se armonicen. En nuestro mundo más y más interdependiente, los esfuerzos de desarrollo tienen que ser guiados por una visión del tipo de comunidad mundial que deseamos crear y animarse por un conjunto de valores universales. Instituciones justas, desde el nivel local hasta el nivel planetario, y sistemas de gobierno en los que la gente puede asumir responsabilidad por las instituciones y los procesos que afectan sus vidas, también son esenciales.

Bahá’u’lláh enseña que el reconocimiento del principio espiritual fundamental de nuestra época, la unicidad de la humanidad, tiene que estar al corazón de una nueva civilización. La aceptación universal de este principio tanto requerirá como posibilitará la reestructuración mayor de los sistemas educativos, sociales, agrícolas, industriales, económicos, legales y políticas del mundo. Esta reestructuración, la cual tiene que ordenarse por un diálogo continuo e intensivo entre los dos sistemas de conocimiento disponible a la humanidad - la ciencia y la religión - facilitarán la emergencia de la paz y la justicia en todo el mundo.

Las comunidades que prosperan en este futuro lo harán debido al hecho de que reconocen la dimensión espiritual de la naturaleza humana y hacen del desarrollo moral, emocional, físico, e intelectual del individuo su prioridad central. Garantizarán la libertad de credo y alentarán el establecimiento de lugares de adoración. Sus centros de aprendizaje buscarán cultivar las potencialidades sin límite latentes en la consciencia humana y perseguirán como meta principal la participación de todos los pueblos en la generación y la aplicación del conocimiento. Recordando siempre que los intereses del individuo y de la sociedad son inseparables, estas comunidades promoverán el respeto tanto por los derechos como por las responsabilidades, fomentarán la igualdad de mujeres y hombres y el que sean socios, y protegerán y cuidarán a la familia. Promoverán la belleza, tanto natural como hecho por el hombre, e incorporarán en su diseño los principios de la preservación y la rehabilitación ambiental. Guiados por el concepto de la unidad en la diversidad, apoyarán la amplia participación en los asuntos de la sociedad, y más y más se fijarán en líderes que estén motivados por el deseo de servir. En estas comunidades los frutos de la ciencia y la tecnología beneficiarán a toda la sociedad, y habrá trabajo disponible para todos.

Tales comunidades resultarán ser los pilares de una civilización mundial - una civilización que será la culminación lógica de los esfuerzos de desarrollo de la humanidad a través de largos trechos de tiempo y geografía. La aseveración de Bahá’u’lláh de que toda persona es "creada para llevar adelante una civilización en continuo progreso"2, implica que toda persona tiene tanto el derecho como la responsabilidad de contribuir a esta empresa colectiva de largo alcance, cuya meta es nada menos que la paz, la prosperidad y la unidad de toda la familia humana.

Los baha'is son optimistas de que tal futuro es inevitable, y de hecho, que ya ha comenzado a surgir. También son realistas, comprendiendo que el progreso hacia este futuro requerirá de la humanidad una enorme cantidad de perseverancia, sacrificio y cambio. La velocidad y el costo precisos de este progreso se determinarán en gran parte por las acciones, en los años del porvenir inmediato, de los gobiernos, de organizaciones multilaterales, del sector privado, de las organizaciones de la sociedad civil, y de individuos claves. Al esforzarse hacia este futuro, todos los concernientes deben comprender claramente lo que están buscando y deben siempre ser vigilantes por medio de la reflexión propia y la evaluación propia si han de llegar a ser participantes constructivos en este proceso. Por lo tanto, son necesarios metas claras, políticas y pautas significantes, programas identificados, e indicadores de progreso acordados, si es que el avance hacia el futuro común de la humanidad ha de trazarse y si han de determinarse y realizarse correcciones regulares a ese curso.

Mientras que cada uno de estos elementos - metas, políticas, pautas, programas, e indicadores relevantes - es crítico para los esfuerzos por crear tal futuro, el trabajo actual se dirige a la importancia de la creación de indicadores de base espiritual para asesorar, y finalmente ayudar a guiar el progreso de desarrollo.

II. Indicadores de Desarrollo: Su Valor y Uso

El concepto de indicadores se define de varias maneras, y los términos criterios, punto de referencia, e indicador a menudo se usan intercambiablemente, aunque no necesariamente significan lo mismo. Para el propósito de este trabajo el término indicador se usará para referirse a "una medida cuantitativa, cualitativa o descriptiva que, al ... comprobarse periódicamente"3 puede mostrar la calidad, la dirección, el paso y los resultados de cambio.

Los indicadores pueden armarse de varias formas. Por ejemplo, los indicadores relacionados por tópico que midan progreso en la salud, educación, o agricultura pueden agruparse en una tabla de medidas (un conjunto de indicadores). Los mismos indicadores pueden recopilarse en un índice y así presentarse como una sola medida compuesta tal como perspectiva de índice de salud, índice de educación, o índice de seguridad de comida.4 O bien, una amplia gama de indicadores relacionados a varios fenómenos puede expresarse en una sola medida, tal como "índice de mortalidad infantil".5

Rara vez puede un indicador permanecer solo como fuente de información significativa.6 El progreso no es un evento ni una estadística, sino un proceso - una tendencia compuesta de numerosos factores. No puede expresarse por una sola medida ni referencia a un solo momento en la historia. Por lo tanto, los indicadores deben colocarse en un contexto temporal específico y correlacionarse con medidas de otros factores relacionados.7

En todo el mundo varios actores usan indicadores, desde las agencias de las Naciones Unidas (ONU), gobiernos y grupos comunitarios hasta negocios, instituciones educacionales, grupos de política y académicos. Los indicadores no cambian la realidad, pero sí ayudan a formar la manera en que la percibimos, y sirven para forjar un entendimiento del desarrollo en común. Por lo tanto, son de importancia fundamental para un mundo complejo y de veloz cambio. Por ejemplo, pueden usarse para hacer gráficas de tendencias e indicar relaciones, ayudando así a definir asuntos y clarificar desafíos que puede confrontar una sociedad en particular. Proveen información que puede indicar una necesidad de ajustes y correcciones a políticas, metas, prioridades, programas, actitudes, y comportamientos. Los indicadores pueden usarse a llamar la atención a asuntos particulares, a crear consciencia pública con compromiso y activismo en torno a necesidades y desafíos específicos. Pueden sugerir una asignación más equitativa de recursos limitados, o causar un cambio de recursos de una área a otra donde haya una necesidad identificada y urgente. Por ende, en un sentido muy real, "los indicadores no sólo comprueban el progreso; sino que hacen que ocurra."8

Por el otro lado, existen numerosos fallos y dificultades asociados con los indicadores. Por ejemplo, las estadísticas, que sirven como base de la mayoría de los indicadores, pueden ser sujeto de varias configuraciones e interpretaciones. Muchos conjuntos de indicadores son estáticos en el tiempo; otros son muy estrechos en su enfoque, sin embargo se usan para representar el estado de bienestar y progreso de una comunidad. Además, demasiado a menudo los indicadores no se emparejan con metas ni se miran por la lente de proceso histórico.

El estado de indicadores de desarrollo actualmente

Actualmente, existen numerosos esfuerzos notables, muchos de los cuales aún se encuentran en la fase de concepto, para extender las fronteras de lo que se valora y se mide, para hacer que los indicadores de desarrollo reflejan más de lo que realmente constituye el progreso individual y comunitario. Estos esfuerzos, que involucran una diversidad de organizaciones, instituciones e individuos a todo nivel de la sociedad, están intentando definir y medir el progreso en términos de conceptos tales como capital humana, capital social, cultura, integración social, y bienestar comunitario.

Por ejemplo, el Informe de Desarrollo Humano anual del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, con su Indice de Desarrollo Humano, ha sido instrumental en ampliar la gama y el alcance de indicadores de desarrollo que se consideran dentro del sistema de la ONU y por los gobiernos en todo el mundo.9 Los planes de acción global que surgieron de las mayores conferencias de la ONU en esta década10 han ayudado a cambiar el punto de vista dominante del desarrollo de un proceso de arriba hacia abajo, en general dirigido tecnológica y económicamente, a uno en el que la gente y las comunidades en medida creciente definen y se asumen responsabilidad por su propio progreso. Estos planes de acción han hecho un llamado por la creación y el uso de indicadores que capturan este enfoque emergente sobre la gente y las comunidades.11 En una serie de Trabajos Ocasionales Conjuntos recientemente emitidos por el Instituto de Investigación para el Desarrollo Social de la ONU (UNRISD) y la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas (UNESCO), el concepto de indicadores culturales, incluyendo el bienestar individual y social, y la habilidad de la gente por vivir juntos, se explora dentro de varios marcos.12 El Banco Mundial mismo ha estado a la delantera del desarrollo del concepto de capital social y está buscando formas de medirla.13 Además, las OONGG, fundaciones y grupos comunitarios han iniciado varios proyectos de indicadores que buscan medir, y así valorar, el desarrollo centrado en la gente y la comunidad;14 estos proyectos a menudo involucran la comunidad en la concepción y el desarrollo de indicadores.

Por importantes que sean estos esfuerzos, son sólo pasos preliminares en el proceso de trazar una nueva dirección para la familia humana. No sólo es necesario expandir estos procesos grandemente, sino también hay que explorar y desarrollar nuevos acercamientos a la conceptualización y la medida tanto los aspectos tangibles como los intangibles del desarrollo. Hay que examinar minuciosamente las nociones de lo que constituyen medidas eficaces del desarrollo para determinar la medida a la cual toman en cuenta lo que es central al propósito y la motivación humanos.

En las siguientes secciones, tal acercamiento - el desarrollar indicadores de base espiritual para el desarrollo - se considera. Mientras que en esta sección se usa el tiempo presente del verbo, debe tenerse en cuenta que estos indicadores están todavía por construirse. Además, este trabajo tiene solamente la intensión de ser una exploración inicial de algunos de los elementos de tales indicadores, y no es un intento por construirlos cabalmente.

III. Indicadores de Base Espiritual para el Desarrollo: Consideraciones Iniciales

La idea de desarrollar indicadores de base espiritual para el desarrollo es oportuna. Se están sentando las bases, en parte, por un número creciente de esfuerzos por hacer que los valores y los principios espirituales se consideren seriamente en el desarrollo.15 Además, el concepto de la espiritualidad y los valores espirituales, una vez casi tabú en la mayoría de las deliberaciones de la ONU relacionadas al desarrollo, actualmente está articulándose a los más altos niveles.

Los indicadores de base espiritual asesoran el progreso de desarrollo como una función de la aplicación de principios espirituales.16 Estos indicadores están basados en principios universales que son esenciales al desarrollo del espíritu humano, y por lo tanto, al progreso individual y colectivo. Estas medidas emergen de una visión del desarrollo en la que el progreso material sirve como vehículo para el avance espiritual y cultural.

Los indicadores de base espiritual ayudan a establecer, clarificar y priorizar las metas, políticas, y programas. Al centro de su conceptualización se encuentra el entendimiento de que la naturaleza humana es fundamentalmente espiritual y los principios espirituales que resuenan con el alma humana, proveen un enorme poder de motivación para el sacrificio y el cambio. Por lo tanto, los pueblos del mundo estarán mucho más dispuestos a apoyar políticas y programas que emergen del desarrollo de indicadores basados en principios espirituales, que a endosar objetivos e iniciativas que están basadas en una concepción de la vida puramente materiales. Así pues, el uso de estas medidas podría ayudar a transformar no sólo la visión sino también la práctica en sí del desarrollo.

Los componentes de un indicador de base espiritual incluyen una visión de un futuro pacífico y unido; el (los) principio(s) escogido(s) cruciales a la realización de tal futuro; el área de política al cual se dirige el (los) principio(s); y la meta hacia la cual la medida asesora el progreso. El indicador es cuantitativamente o cualitativamente medible y verificable, y se puede adaptar dentro de una gran diversidad de contextos sin violar la integridad del (de los) principio(s) involucrados.

La sección siguiente explora brevemente cinco principios que pueden usarse en la construcción de indicadores de base espiritual del desarrollo.

IV. Indicadores de Base Espiritual: Cinco Principios Fundamentales

Basado en la visión de una civilización global justa, unida y sostenible, se presentan cinco principios espirituales17 que son fundamentales a la realización de tal futuro. Aunque no son los únicos principios necesarios para considerar, se siente que éstas cinco contienen suficiente diversidad de conceptos para servir como punto de partida para con este esfuerzo. En algunos casos se emparejan dos principios estrechamente relacionados. Ya que el intento de esta sección es meramente sugerir algunos principios que se puedan explorar, cada uno se trata brevemente. Sin embargo, ya que estos principios son la base misma de los indicadores que han de construirse, sería importante en extremo el que se definan claramente en la fase inicial del trabajo. Los cinco principios son

1. la unidad en la diversidad;

2. la equidad y la justicia;

3. la igualdad de los sexos;

4. la confiabilidad y el liderazgo moral; y

5. la búsqueda independiente de la verdad.

1. La Unidad en la Diversidad

Lejos de dirigirse a la subversión de las bases existentes de la sociedad, ello [el principio de la unicidad de la humanidad] busca expandir sus bases, a remoldear sus instituciones de una manera consonante con las necesidades de un mundo en continuo cambio. No puede confligir con lealtades legítimas algunas, ni puede socavar lealtades esenciales. Su propósito no es ni apagar la llama de un patriotismo sano e inteligente en los corazones del hombre, ni abolir el sistema de autonomía nacional tan esencial si los peligros de la centralización excesiva han de evitarse. No ignora, ni intenta suprimir, la diversidad de orígenes étnicos, de clima, de historia, de lenguaje y tradición, de pensamiento y costumbre, que diferencian a los pueblos y naciones del mundo. Hace un llamado para una lealtad más amplia, para una aspiración mayor que cualquiera que haya animado a la raza humana. Insiste en la subordinación de los impulsos e intereses nacionales a los reclamos imperativos de un mundo unificado. Repudia la centralización excesiva por una parte, y rechaza cualquier intento por la uniformidad por otra. Su consigna es la unidad en la diversidad.18

El concepto de la unidad en la diversidad es una forma de expresar el principio de la unicidad de la humanidad, según se abraza por las Enseñanzas Baha'is. La unidad en la diversidad se encuentra en contraste con la uniformidad. Abriga la diversidad natural de temperamento y talentos entre los individuos al igual que las variadas experiencias, culturas y puntos de vista de la humanidad, ya que contribuyen al progreso y al bienestar de la familia humana. Parecido al papel desempeñado por los genes comunes en la vida biológica de la humanidad y su ambiente, la inmensa riqueza de la diversidad cultural alcanzada en los miles de años es vital al desarrollo de la raza humana que está llegando a su madures colectiva. Representa una herencia que nos enriquece a todos y que tiene que permitirse dar sus frutos en una civilización global. La aceptación del concepto de la unidad en la diversidad, por lo tanto, implica el desarrollo en el individuo de una consciencia global, un sentido de ciudadanía mundial, y un amor por la humanidad en su totalidad. En este aspecto, cada individuo necesita comprender que, ya que el cuerpo de la humanidad es uno e indivisible, cada miembro de la raza humana nace en el mundo como un fideicomiso de la totalidad y que la ventaja del parte en una sociedad mundial es mejor servida al promover la ventaja de la totalidad.

2. La Equidad y la Justicia

La justicia y la equidad son Guardianes gemelos que vigilan al hombre.19 De ellas se revelan tales palabras benditas y perspicaces como las que son la causa del bienestar del mundo y la protección de las naciones.20

La equidad es la justicia, la pauta por la cual cada persona y grupo es capaz de maximizar el desarrollo de sus capacidades latentes. La equidad difiere de la igualdad absoluta en que no dicta que todos se traten exactamente de la misma manera. Mientras que todos están dotados de talentos y habilidades, el desarrollo cabal de estas capacidades puede requerir diferentes enfoques. Es la equidad lo que asegura que se distribuyan justamente el acceso y la oportunidad para que este desarrollo pueda realizarse.

La equidad y la justicia son guardianes gemelos de la sociedad. La equidad es la pauta por la cual se deben hacer las decisiones de política y compromiso de recursos. La justicia es el vehículo por medio del cual se aplica la equidad, su expresión práctica en la vida del individuo y de la sociedad. Es sólo por la realización de la verdadera justicia que se establecerá la confianza entre los diversos pueblos, culturas, e instituciones de un mundo más y más interdependiente.

Las Enseñanzas Baha'is aseveran que los pilares de la justicia son el castigo y la recompensa. Aquellos que actúen justamente merecen recompensa, ya sea tangible o intangible, por tal comportamiento. Aquellos que actúen injustamente necesitan la sanción apropiada tanto para detener la injusticia como para salvaguardar su propio bienestar espiritual.

3. La Igualdad de los Sexos

El mundo de la humanidad posee dos alas: el hombre y la mujer. Mientras estas dos alas no estén equivalentes en fuerza, el pájaro no volará. Hasta que la mujer logre el mismo grado que el hombre, hasta que ella disfrute de la misma esfera de actividad, no se realizarán logros extraordinarios para la humanidad; la humanidad no puede ascender a las alturas del logro verdadero.21

El principio de la igualdad de los sexos es fundamental a todo pensamiento realista en cuanto al futuro bienestar de la tierra y sus pueblos. Representa una verdad sobre la naturaleza humana que ha esperado en gran medida sin reconocerse por las largas épocas de la niñez y la adolescencia de la humanidad. Cualesquier inequidades sociales pueden haberse dictado por los requisitos de supervivencia del pasado, claramente no pueden justificarse en un momento en que la humanidad se encuentra al umbral de la madures.

La negación de la igualdad perpetúa una injusticia hacia la mitad de la población humana y promueve en el hombre actitudes y hábitos dañinos que se llevan de la familia al lugar del trabajo, a la vida política, y finalmente a las relaciones internacionales. No existe base alguna, ya sea moral, práctica, ni biológica, en la cual puede justificarse tal negación. Sólo en la medida en que a la mujer se le acepte como compañera cabal en todo campo del esfuerzo humano se creará el clima moral y psicológico en que la paz puede emerger, y se desarrolle y florezca una civilización mundial justa y unida. Por lo tanto, un profundo compromiso al establecimiento de la igualdad entre el hombre y la mujer, en todo departamento de la vida y a todo nivel de la sociedad, será esencial al avance de la humanidad.

4. La Confiabilidad y el Liderazgo Moral

Ante la vista de Dios, la confiabilidad es la base de Su Fe y el fundamento de toda virtud y perfección. Un hombre que esté privado de esta cualidad está desprovisto de todo. ¿De qué valdrán la fe y la piedad si falta la confiabilidad? ¿Qué importancia pueden tener? ¿Qué beneficio o ventaja pueden conferir?22

De las múltiples virtudes en los Escritos Baha'is a los cuales se exhorta a los individuos a cultivar, la confiabilidad es de primer rango. Bahá’u’lláh asevera que la tranquilidad y la seguridad del mundo, la estabilidad de todo asunto - de toda transacción humana, de todo contrato negociado, de todo esfuerzo promulgado - dependen de ella. Ya sea en el hogar, en el trabajo, en la comunidad o en los negocios o en los asuntos políticos, la confiabilidad yace al centro de todo intercambio y compromiso constructivo. Es la clave al mantenimiento de la unidad entre diversos pueblos y naciones. Por lo tanto, todo esfuerzo de desarrollo tiene que incluir como objetivo primario la inculcación de la confiabilidad en los individuos, las comunidades y las instituciones involucradas.

Aquellos que ejercen la autoridad tienen una gran responsabilidad de ser merecedores de la confianza pública. Los líderes - incluyendo los que se encuentran en el gobierno, la política, los negocios, la religión, la educación, los medios de comunicación, las artes y las organizaciones comunitarias - tienen que estar dispuestos a ser responsables ante todos por la manera en que ejercen su autoridad. La confiabilidad y una moralidad activa tienen que ser la base de todo liderazgo si ha de realizarse el verdadero progreso. El liderazgo moral,23 el liderazgo del futuro, encontrará su máxima expresión en el servicio a los demás y a la comunidad en general. Fomentará la toma de decisiones colectiva y la acción colectiva y se motivará por un compromiso a la justicia, incluyendo la igualdad de mujeres y hombres, y al bienestar de toda la humanidad. El liderazgo moral se manifestará en la adherencia a una sola pauta de conducta tanto en vida pública como en la privada, para los líderes y ciudadanos por igual.

5. La Investigación Independiente de la Verdad

Todas las naciones del mundo tienen que investigar para la verdad independientemente y virar sus ojos de las ciegas imitaciones moribundas de épocas pasadas enteramente. La verdad es una cuando se investiga independientemente, no acepta división. Por lo tanto la investigación independiente de la verdad llevará a la unicidad del mundo de la humanidad.24

No existe contradicción alguna entre la verdadera religión y la ciencia.25

La realidad es una, y cuando la verdad de investiga y se acierta, llevará al progreso individual y colectivo. En la búsqueda de la verdad, la ciencia y la religión - los dos sistemas de conocimiento disponibles a la humanidad - tienen que actuar recíprocamente estrecha y continuamente. Las vislumbres y las destrezas que representan el logro científico deben mirar hacia la fuerza de compromiso espiritual y principio moral para asegurar su aplicación apropiada.

El desarrollo espiritual incluye la investigación de la verdad por uno mismo. La reflexión continua, basada en la experiencia al aplicar esta verdad, es crítica al proceso de desarrollo espiritual. Para la investigación colectiva de la verdad y la toma de decisiones en grupo, la consulta,26 que toma su fuerza del grupo y fomenta la unidad de propósito y de acción, es indispensable. Las instituciones y aquellos que se encuentren en posiciones de autoridad bien deberían crear condiciones conducentes a la significativa investigación de la verdad, mientras fomentan el entendimiento de que la felicidad humana y el establecimiento de la paz, la justicia y la unidad son las metas máximas de tal investigación.

V. Indicadores de Base Espiritual: Cinco Áreas de Política Prioritaria

Esta sección examina brevemente las cinco áreas de política en que los principios espirituales identificados anteriormente pueden aplicarse para generar metas, y eventualmente, indicadores de base espiritual para medir el progreso hacia estas metas.

Al igual que con los principios espirituales discutidos, estas áreas de política están entreconectadas y, en algunos casos, se solapan. Por lo tanto, las iniciativas en una área requerirán acción en otras. Las cinco áreas consideradas brevemente en lo que sigue son

1. el desarrollo económico;

2. la educación;

3. el fideicomiso ambiental;

4. el llenar las necesidades básicas en el alimento, la nutrición, la salud y el albergue; y

5. la gobernancia y la participación.

1. El Desarrollo Económico

La riqueza es digna de alabanza en el más alto grado, si es adquirida por los esfuerzos propios de un individuo y por la gracia de Dios, en el comercio, la agricultura, el arte y la industria, y si se gasta para propósitos filantrópicos. Ante todo, si un individuo sensato e ingenioso iniciara medidas que universalmente enriquecieran a las masas de los pueblos, no existiría emprendimiento mayor que este, y tendría el rango ante la vista de Dios del logro supremo, pues tal benefactor supliría las necesidades y aseguraría la comodidad y el bienestar de una gran multitud. La riqueza es muy recomendable, siempre y cuando la población entera es rica. Sin embargo, si unos pocos tienen riqueza extrema mientras que los demás están empobrecidos, y no hay fruto ni beneficio de esa riqueza, entonces es sólo una sujeción a su poseedor. Por otra parte, si se gasta en la promoción del conocimiento, la fundación de escuelas elementales y otras, el fomento del arte y la industria, la capacitación de los huérfanos y los pobres - en breve, si se dedica al bienestar de la sociedad - su poseedor sobresaldrá ante Dios y el hombre como el más excelente de todos los que habitan la tierra y se contará como uno de las personas del paraíso.27

Central a la tarea de la reconceptualización de la organización de los asuntos humanos es la realización de un entendimiento apropiado del papel de la economía. La falta de poner la economía en el contexto más amplio de la existencia social y espiritual de la humanidad ha llevado a un materialismo corrosivo en las regiones de mayor ventaja económica en el mundo, y condiciones persistentes de privación entre las masas de los pueblos del mundo. La economía debería servir las necesidades de los pueblos; no se debe esperar que las sociedades se reformulen para servir a los modelos económicos. La función última de los sistemas económicos debe ser el de equipar a los pueblos y las instituciones del mundo con los medios para lograr el propósito verdadero del desarrollo: es decir, la cultivación de las ilimitadas potencialidades latentes en la consciencia humana.

La sociedad debe desarrollar nuevos modelos económicos formados por vislumbres que surgen de un entendimiento favorable de experiencia compartida, de ver a los seres humanos en relación unos a otros, y de un reconocimiento del papel central que realizan la familia y la comunidad en el bienestar social y espiritual. Deben reasesorarse las prioridades dentro de instituciones y organizaciones. Los recursos deben dejar de dirigirse a aquellas agencias y programas que son dañinas al individuo, a las sociedades, y al ambiente, y dirigirse hacia aquellas relacionadas a fomentar un dinámico orden social justo y próspero. Tales sistemas económicos serán firmemente altruistas y cooperativas por naturaleza; proveerán empleo significativo28 y ayudarán a erradicar la pobreza en el mundo.

2. La Educación

El requisito primario y más urgente es la promoción de la educación. Es inconcebible que cualquier nación lograr la prosperidad y el éxito a menos de que esta preocupación suprema y fundamental se lleve adelante. La razón principal por la decadencia y la caída de los pueblos es la ignorancia. Actualmente las masas de los pueblos están mal informadas de hasta los asuntos ordinarios, cuanto menos comprenden el núcleo de los problemas importantes y necesidades complejas del momento.29

El desarrollo de una sociedad global exige el cultivo de capacidades mucho más allá de cualquier cosa que la raza humana ha podido lograr hasta el momento. Los desafíos por delante requerirán una enorme expansión en el acceso al conocimiento de parte tanto de los individuos como de las organizaciones. La educación universal30 será contribuyente indispensable a este proceso de formación de capacidad, pero el esfuerzo sólo tendrá éxito en la medida en que tanto los individuos como los grupos en cada sector de la sociedad tengan la habilidad de adquirir conocimiento y aplicarlo a la formación de asuntos humanos.

La educación tiene que durar toda la vida. Debe ayudar a las personas a desarrollar el conocimiento, los valores, las actitudes, y las destrezas necesarias para ganarse la vida y a contribuir con confianza y constructivamente a la formación de comunidades que reflejen los principios de la justicia, la equidad y la unidad. También deberá ayudar al individuo a desarrollar un sentido de lugar y comunidad, basado en lo local, pero que abarque el mundo entero. La educación exitosa cultivará las virtudes como el fundamento para el bienestar personal y colectivo, y creará en los individuos un profundo sentido de servicio y un compromiso activo al bienestar de sus familias, sus comunidades, sus países, y de hecho, toda la humanidad. Alentará la reflexión propia y el pensar en términos de proceso histórico, y promoverá el aprendizaje inspiracional por medio de medios tales como la música, las artes, la poesía, la meditación y la interacción con el ambiente natural.

3. El Fideicomiso Ambiental

No podemos segregar al corazón humano del ambiente fuera de nosotros y decir que una vez se reforme uno de éstos todo mejorará. El hombre es orgánico con el mundo. Su vida interior forma el ambiente y a la vez es afectada profundamente por el. Uno actúa sobre el otro y todo cambio duradero en la vida del hombre es el resultado de una de estas reacciones mutuas.31

Los Escritos Baha'is describen a la naturaleza como un reflejo de lo sagrado.32 Enseñan que la naturaleza debe valorarse y respetarse, pero no alabarse; sino que deberá servir a los esfuerzos de la humanidad por llevar adelante una civilización en continuo progreso. Sin embargo, a la luz de la interdependencia de todas las partes de la naturaleza, y la importancia de la evolución y la diversidad "para con la belleza, eficiencia y perfección del todo,"33 deberá hacerse todo esfuerzo por preservar en la medida posible la biodiversidad y el orden natural de la tierra.

Como administradores, y fideicomisarios, de los vastos recursos y la diversidad biológica del planeta, la humanidad debe aprender a hacer uso de los recursos naturales de la tierra, tanto los renovables como los no-renovables, de manera tal que asegure el que sea sostenible y la equidad a lo largo del tiempo. Esta actitud de fideicomiso requerirá completa consideración de las consecuencias ambientales potenciales de toda actividad de desarrollo. Compelerá a la humanidad a que balancee sus acciones con moderación y humildad, dándose cuenta de que el verdadero valor de la naturaleza no puede expresarse en términos económicos. También requerirá un profundo entendimiento del mundo natural y su papel en el desarrollo colectivo de la humanidad tanto material como espiritual. Por lo tanto, la administración ambiental sostenible tiene que verse no como un compromiso discrecionario que la humanidad puede considerar contra otros intereses competidores, sino como responsabilidad fundamental que tiene que aceptarse - un prerrequisito del desarrollo espiritual al igual que la supervivencia física del individuo.

4. El Llenar las Necesidades Básicas en la Comida, la Nutrición, la Salud, y el Albergue

En una sociedad mundial tal ... los recursos económicos del mundo se organizarán, sus fuentes de materia prima se aprovecharán y se usarán cabalmente, sus mercados se coordinarán y se desarrollarán, y la distribución de sus productos se regulará equitativamente ... La enorme energía disipada y desperdiciada en la guerra, ya sea económica o política, se consagrará a tales fines como para extender la variedad de invenciones humanas y desarrollo técnico, a aumentar la productividad de la humanidad, al exterminio de la enfermedad, a la extensión de la investigación científica, a la mejora de la pauta de salud física, al refinamiento y agudizamiento del cerebro humano, a la explotación de los recursos no usados y no sospechados del planeta, al prolongamiento de la vida humana y al progreso de cualquier otra agencia que pueda estimular la vida intelectual, moral, y espiritual de toda la raza humana.34

Los asuntos de comida, nutrición, salud y albergue son centrales al desafío de proveer un adecuado nivel de vida para todos los miembros de la familia humana. Sin embargo, estos asuntos no pueden enfrentarse únicamente como problemas técnicos ni económicos. El eliminar el hambre y la mala nutrición; el establecer la seguridad de comida; el proveer albergue adecuado; y el lograr la salud para todos requerirá un cambio en valores, un compromiso a la equidad, y una correspondiente reorientación de políticas, metas y programas.

Existen las tecnologías y los recursos para satisfacer las necesidades básicas de la humanidad y para eliminar la pobreza. Sin embargo, la equidad en el uso de estas tecnologías y recursos solamente sucederá con ciertos entendimientos y compromisos. Mientras que los individuos deben hacer lo más que puedan para proveer sus propias necesidades y las de sus dependientes, la comunidad tiene que aceptar la responsabilidad, cuando sea necesario, de ayudar a satisfacer las necesidades básicas. El acceso a los programas de desarrollo y sus beneficios tienen que asegurarse para todos. La economía de la producción y distribución de comida tendrá que reorientarse y el papel crítico del agricultor en la seguridad económica y de comida valorarse apropiadamente.35 En cuanto a la salud - el bienestar físico, espiritual, mental y social del individuo36 - el acceso a agua limpia, a albergue, y a algún tipo de energía barata ayudaría mucho en la erradicación de los problemas que actualmente atormentan a un vasto número de individuos y comunidades. Debe reconocerse, sin embargo, que algunas enfermedades reflejan el malsano comportamiento humano. Por lo tanto, el incluir al desarrollo moral en la educación ayudaría a reducir significativamente ciertos problemas de salud actuales.

5. El Gobernar y la Participación

Bendito es el gobernante quien socorre al cautivo, y el rico que cuida al pobre, y el justo quien obtiene del hacedor de mal los derechos de los desposeídos, y feliz el fideicomisario quien observa aquello que el Ordenador, el Anciano de los Días ha prescrito para él.37

El buen gobernar es esencial al progreso social. Mientras que el gobernar a menudo se iguala al gobierno, de hecho involucra mucho más. El gobernar ocurre a todo nivel y abarca las formas en que el gobierno formal, los grupos no-gubernamentales, las organizaciones comunitarias, y el sector privado manejan recursos y asuntos. El buen gobernar es necesario si las comunidades han de mantener su equilibrio, manejarse por entre las dificultades, y responder creativamente a los desafíos y a las oportunidades por delante. Tres factores que en gran medida determinan el estado del gobernar son la calidad de liderazgo, la calidad de los gobernados, y la calidad de las estructuras y los procesos existentes. Hay un consenso internacional emergente sobre las características centrales del buen gobernar, especialmente en relación al gobierno formal. Estas características incluyen la democracia, la soberanía de la ley, la responsabilidad, la transparencia y la participación por la sociedad civil.

Sin embargo, este consenso tiene que expandirse para abarcar una apreciación del papel que tiene que asumir el gobernar en la promoción del bienestar espiritual y material de todos los miembros de la sociedad. El gobernar tiene que guiarse por valores universales, incluyendo una ética de servicio al bien común. Tendrá que dar lugar a la participación significativa de los ciudadanos en la conceptualización, el diseño, la implementación, y la evaluación de programas y políticas que los afecten. Deberá tratar de realzar la habilidad de la gente de manejar el cambio y deberá ofrecer oportunidades a que aumenten sus capacidades y su sentido de valor. Tendrá que proveer los mecanismos para el acceso equitativo a los beneficios de programas y políticas, a la educación y a la información, y a las oportunidades para el aprendizaje vitalicio. Además, tiene que ayudar a asegurar el que los medios noticiosos sean activos, vibrantes y veraces. También tendrá que establecerse a nivel global un sistema de gobernar verdaderamente participatorio.

VI. Desarrollando Indicadores de Base Espiritual: Tres Ejemplos

Esta sección ofrece tres ejemplos breves de cómo los indicadores de base espiritual podrían construirse. Finalmente tales indicadores se necesitarán a todo nivel - local, nacional, y global.

El primer ejemplo de un indicador de base espiritual explora la aplicación del principio de la unidad en la diversidad a la norma educativa. Comenzando con una visión de desarrollo que acepte tanto la posibilidad como la necesidad de un mundo unido y pacífico, la unidad en la diversidad se identifica como un principio espiritual esencial a la realización de ese futuro. Entonces se escoge un área de norma: en este caso, la educación. Al considerar el principio38 de la unidad en la diversidad en la educación, surgen numerosas posibilidades para normas, metas y programas, varios de los cuales podría perseguirse. Sin embargo, en este ejercicio se limitará la consideración a una sola meta: el fomentar en los estudiantes una consciencia global - una consciencia inherente en el principio de la unidad en la diversidad.

Un programa educativo para promover tal consciencia pudiera incluir, pero no limitarse a, el cultivo de una apreciación por la riqueza y la importancia de los diversos sistemas culturales, religiosos, y sociales del mundo, y criar el sentimiento de pertenencia y responsabilidad hacia la comunidad mundial. También podría incluir el estudio de las contribuciones significantes que las naciones del mundo están haciendo al progreso colectivo de la humanidad por medio de la participación en tales foros internacionales como las Naciones Unidas, por medio de tales acuerdos como los numerosos tratados de derechos humanos y los planes de acción global de la ONU, y por medio de iniciativas internacionales tales como los Sitios de Herencia Mundial.

Para poder asesorar el progreso hacia esta meta, uno podría medir el porcentaje de tiempo - tanto dentro de clase como dentro de programas después de la escuela - dedicado a temas o actividades que fomenten la consciencia global. Otra medida podría ser un análisis de contenido de libros de texto para determinar el porcentaje de espacio que se dedica al tema. Otra medida más podría ser la prevalencia de tales temas en los currículos de los institutos de capacitación de maestros. Y otra podría involucrar las actitudes y el conocimiento de los estudiantes (y maestros) en cuanto a estos temas, según se miden por encuestas. Este ejercicio podría ir más allá: varias de estas medidas podrían combinarse en un índice general, o podrían reunirse como un conjunto de indicadores relacionados a la meta de fomentar una consciencia global en los estudiantes.39

Un segundo ejemplo de indicadores de base espiritual explora la aplicación de los principios de la equidad y la justicia a las normas de desarrollo económico. Al seguir el mismo proceso del primer ejemplo, los principios principales se identifican como la equidad y la justicia; el desarrollo económico se escoge como el área de norma; y la meta que se escoge es la de eliminar la pobreza dentro de y entre las naciones del mundo. Obviamente ésta es una meta de varias facetas. Para los propósitos de este ejemplo, sólo se considerará la diferencia entre las naciones, aunque la distribución de riqueza dentro de las naciones tiene que verse si la pobreza del mundo ha de eliminarse. Además, solamente la pobreza en lo que concierne los ingresos se investigará. Una premisa de esta meta es que existen recursos suficientes en el mundo para satisfacer las necesidades de todos, pero que el eliminar la pobreza requerirá moderar el consumo y la acumulación, el establecer relaciones de comercio justas y equitativas, y el quitar el peso de excesiva deuda nacional.

Hay disponibles numerosas medidas de diferencia de ingreso que muestran donde se encuentran países individuales en una serie continua. La mayoría de éstas podrían usarse como medidas, si se tomaran a lo largo del tiempo, para determinar si la diferencia entre las naciones más prósperas económicamente y las menos prósperas se está reduciendo. Tendrá que establecerse una base de lo que constituye la pobreza económica de cara al ingreso nacional per cápita para poder determinar el progreso hacia la eliminación de la pobreza. Otra medida podría pesar los beneficios económicos que surgen de oportunidades de comercio que favorecen a las naciones más pobres. Y otra medida podría calcular, en términos del ingreso per cápita, los efectos de los pasos tomados por las naciones, ya sea individual o colectivamente, por reducir, o bien eliminar, las deudas existentes bilaterales y multilaterales que tienen los países desheredados económicamente.

Un tercer ejemplo de indicadores de base espiritual explora la aplicación del principio de la investigación independiente de la verdad en las normas en el área de gobernar y participación. En este caso se identifica como el principio básico la investigación independiente de la verdad; el área de norma escogido es el gobernar y la participación; y la meta es la de fomentar el uso efectivo de la consulta de amplia base en la formulación e implementación de normas y programas de desarrollo. La consulta se entiende como un proceso de toma de decisiones colectivo que maximiza la participación por todo segmento de la comunidad y busca llegar a la verdad de un asunto dado. El lograr esta meta requerirá que se establezcan mecanismos y se abran avenidas para que los miembros de la comunidad participen significativamente en la conceptualización, el diseño, la implementación y la evaluación de las normas y los programas que les afectan.

El progreso hacia esta meta será mucho más difícil de determinar que el progreso hacia las metas en los ejemplos anteriores. Las medidas podrían incluir encuestas para determinar la medida de participación individual en toda fase del desarrollo, y el grado al cual los individuos ven que su contribución al progreso comunitario sea significativo y seguido. Esta medida tendría que tomar en cuenta el porcentaje de la comunidad involucrada y el grado de participación por aquellos miembros comunitarios típicamente excluidos, incluyendo a la mujer, las minorías y los ancianos. Otra medida podría determinar la existencia de estructuras y procesos formales e informales que facilitan las iniciativas colaborativas, y el número y la frecuencia de reuniones realizadas, o el porcentaje de la comunidad involucrada con cualquiera de estos mecanismos.

Obviamente los ejemplos anteriores no tienen los detalles necesarios para poner en operación los indicadores propuestos. Por ejemplo, toda medida tendría que contener pautas para asesorar la información y los datos recogidos. Esta información y datos también tendrían que asesorarse a lo largo del tiempo para dar una vista significativa del progreso que se está haciendo. Además, sería necesario especificar cabalmente, y de antemano, lo que constituye el éxito.

VII. Hacia el Desarrollo de Indicadores de Base Espiritual: Posibles Pasos Colaborativos

Este trabajo escrito ha presentado cierta visión del futuro y, basado en esa visión, ha examinado brevemente los principios espirituales que pudieran usarse al construir indicadores de progreso hacia este futuro. Ha considerado áreas de normas en que estos principios podrían aplicarse para poder generar metas y, finalmente, indicadores para medir el progreso hacia tales metas. Por último, ha dado breves ejemplos de cómo podrían concebirse y desarrollarse tales medidas de base espiritual.

El enfoque usado en este trabajo no sigue el proceso normalmente asociado con la creación de indicadores. Es decir, la creación de indicador por lo general, aunque no siempre, sigue el establecimiento de normas y metas. Sin embargo, los grupos comunitarios y otros, más y más se están acercando a desarrollo de indicador por crear primero una visión, luego identificar los principios que subyacen esa visión, luego miran áreas de normas en las cuales crear metas basadas en esos principios, y finalmente, construyen indicadores para medir el progreso hacia estas metas. Éste es el enfoque usado en el trabajo actual. Una vez se hagan comunes los indicadores de base espiritual, un sinnúmero de enfoques llegarán al mismo propósito: el infundir principios espirituales en nuestro entendimiento, práctica, y asesoramiento del desarrollo.

La identificación en sí de metas y la construcción de indicadores de base espiritual para el desarrollo podría emprenderse como proceso colaborativo. Al considerarse la propuesta siguiente, ni los pasos, ni los principios, ni las áreas de norma sugeridas tienen que tomarse como punto de partida.

La propuesta es la siguiente: que los representantes de las religiones del mundo se reúnan, tal vez bajo el auspicio del Banco Mundial, u otra agencia de desarrollo internacional tal como el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, para comenzar a consultar sobre principios espirituales y cómo afectan el progreso individual y colectivo.40 El objetivo inicial de este esfuerzo - que deberá verse desde el principio como sustancioso, consumidor de tiempo y seguido - sería de llegar a un acuerdo sobre un número limitado de principios espirituales que se comparten universalmente y un conjunto de áreas de norma prioritarias en las que se aplicarían. Basados en estos principios y áreas de prioridad, se generarían metas y se construirían indicadores para medir el progreso hacia estas metas. Otros objetivos podrían agregarse al progresar las consultas. Al grado en que pueda articularse una visión común, el esfuerzo se fortalecerá. Mientras que los representantes no tendrían que estar involucrados en los aspectos técnicos tales como calcular las medidas cuantitativas - la agencia de desarrollo involucrada podría asumir esta responsabilidad - ellos tendrían que repasar los indicadores, una vez creados, y estar involucrados en cualquier trabajo de revisión requerida luego de probarse.41

Las diferencias religiosas no deberán mostrarse insuperables en tal iniciativa, pues existe un hilo subyacente de unidad conectando las grandes tradiciones religiosas del mundo. Cada una propone verdades espirituales básicas y normas de comportamiento que constituyen la base misma de la cohesión social y el propósito colectivo. Por lo tanto, las religiones deberían poder colaborar en un esfuerzo que usa y honra sus verdades más profundas y contiene tanta promesa para la humanidad.

Mientras progresa este proceso, podría beneficiarse de utilizar cierto trabajo que ya está realizándose en el campo del desarrollo, tales como los planes de acción global de la reciente serie de conferencias de la ONU. En estos planes de acción los gobiernos del mundo se han comprometido a "desarrollo social, económico y espiritual"42 y a "lograr un mundo de mayor estabilidad y paz, construido sobre la visión ética y espiritual."43 Han reconocido que sus "sociedades tienen que responder más efectivamente a las necesidades materiales y espirituales de los individuos, sus familias y las comunidades en que viven... no sólo como asunto de urgencia, sino también como asunto de compromiso sostenido e inquebrantable en los años por delante."44 Además, han afirmado que "el desarrollo es inseparable del ambiente cultural, ecológico, económico, político, y espiritual en que se realiza."45 Estos mismos gobiernos también han reconocido que "a los individuos se les deberá permitir desarrollarse a su máxima potencia, incluyendo saludable desarrollo físico, mental y espiritual,"46 y que "la religión, la espiritualidad y la creencia desempeñan un papel central en las vidas de millones de mujeres y hombres, en la forma en que viven y en las aspiraciones que tienen para el futuro."47 (Cursiva agregada para dar énfasis.)48

Estos compromisos, juntos con las normas, metas y programas sugeridos en estos planes de acción, llevan el peso de un consenso global. En este sentido, representan el mayor entendimiento común de prioridades y enfoques de desarrollo que la comunidad internacional ha logrado alcanzar. Por otra parte, más allá de aseveraciones generales sobre el papel fundamental y la importancia de la espiritualidad, visión espiritual y desarrollo espiritual, estos acuerdos globales no ofrecen visión coherente de lo que significan estos términos, y las medidas actuales de desarrollo - los determinantes del "éxito" - por lo general, fracasan en tomar en cuenta factores espirituales. Sin embargo, debe reconocerse que estos planes de acción han reconocido que la espiritualidad es parte integrante del desarrollo y sí intentan articular ciertos principios tales como la tolerancia y la solidaridad, algunos en mayor detalle y con mayor éxito que otros. Por lo tanto, las consultas de los representantes religiosos podrían enriquecerse profundamente por el estudio de estos documentos. Además, estas consultas bien podrían generar normas y metas semejantes a los que se encuentran en estos acuerdos globales y podrían, consecuentemente, beneficiarse de considerar las recetas que contienen estos acuerdos. Sin embargo, ya que las normas y metas desarrolladas por los representantes religiosos se basarían en principios espirituales claramente identificados, tendrían mucha más probabilidad de ser apoyados por la gente que los que se basan en consideraciones predominantemente materiales.

Al hacer un llamado para la creación de indicadores de desarrollo en cada uno de los planes de acción global, las Naciones Unidas ha puesto en movimiento un proceso a niveles nacional y global para el establecimiento de medidas apropiadas para el progreso. El trabajo en los indicadores de base espiritual podría eventualmente unirse a estas iniciativas.

Al desarrollarse estas medidas de base espiritual y al ponerse en uso, podrían establecerse procesos consultativos nacional y localmente en donde las comunidades se alentarían bien a adoptar estos indicadores para sus condiciones particulares, o bien a desarrollar medidas semejantes independientes de esta iniciativa global. El proceso de adoptar o crear tales indicadores sería en sí mismo esclareciente y apoderante para aquellos que estuvieran involucrados. Además, los programas y las normas que surgirían eventualmente de estos procesos, seguramente ganarían el apoyo de mucha gente y cobrarían endosos formales de instituciones y comunidades religiosas.

La creación de indicadores de base espiritual no sería el propósito máximo de esta iniciativa. Más bien, sería el de colocar los principios espirituales al centro del desarrollo, de usarlos en sentar las bases, normas y programas, y de utilizarlos para motivar la acción individual y colectiva. Sin embargo, al demostrar que la aplicación de principios espirituales es tanto práctica como medible, la aceptación de la espiritualidad como el alma misma del desarrollo puede avanzarse significativamente. Por lo tanto, el crear medidas de base espiritual para el desarrollo no es sólo oportuno, sino esencial.

Notas:

  1. ‘Abdu’l-Bahá, Paris Talks [La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá], (duodécima edición) (Londres, Editorial Baha'i, 1995, página 9).
  2. Bahá’u’lláh Gleanings from the Writings of Bahá’u’lláh [Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh] (Wilmette, Baha'i Publishing Trust, 1976, página 215).
  3. The Intergovernmental Seminar on Criteria and Indicators for Sustainable Forest Management [El Seminario Intergubernamental sobre Criterios e Indicadores para el Manejo Sostenible de Silvicultura], 19-22 de agosto de 1996, Helsinki, Finlandia; Informe de Trasfondo #3, página 17.
  4. Véase, por ejemplo, el Human Development Report 1997 [Informe de Desarrollo Humano 1997] por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.
  5. Este indicador, además de medir directamente los fallecimientos infantiles, también tiende a reflejar medidas de ingresos, educación, y gastos de salud pública, entre otros.
  6. Por ejemplo, un indicador que mida años de estudios escolares, por si sólo, revelará poco beneficio de tal aprendizaje a la sociedad. Para mostrar esto, una persona de mucha educación escolar pero con mucha falta de moral tenderá ser dañino a la comunidad, mientras que una persona con poca o ninguna educación formal pero con fuerte sentido de moralidad, en general, mostrará ser de beneficio a la sociedad (por supuesto, mejor sería que el individuo sea tanto educado formalmente como capacitado moralmente).
  7. Otra forma de ver la interrelación de factores es por medio de la analogía de síntomas médicas - tales como fiebre, escalofríos, e hinchazón - que individualmente pueden significar cosas muy diferentes. Sólo cuando se miren juntos en un patrón particular identificable por un doctor competente es que pueden diagnosticarse como una condición específica y pude recetarse un tratamiento razonable.
  8. The Community Indicators Handbook: Measuring Progress Toward Healthy and Sustainable Communities [Manual de Indicadores Comunitarios: Midiendo el Progreso Hacia Comunidades Saludables y Sostenibles], 1997, Tyler Norris Associates, Redefining Progress and Sustainable Seattle, página 1.
  9. El Informe de Desarrollo Humano apareció por primera vez en el 1990.
  10. Éstos incluyen la Cumbre Mundial para Niños de 1990 (la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, Protección y Desarrollo de Niños y el Plan de Acción para Implementar la Declaración Universal sobre la Supervivencia, Protección y Desarrollo de Niños en la década de 1990); la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Ambiente y Desarrollo de 1992 (la Declaración de Río sobre el Ambiente y el Desarrollo y Agenda 21); la Conferencia Mundial de 1993 sobre Derechos Humanos (la Declaración de Viena y Programa de Acción); la Conferencia Internacional de 1994 sobre Población y Desarrollo (el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo); la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de 1995 (la Declaración de Copenhagen y el Programa de Acción); la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 (la Declaración de Beijing y Plataforma de Acción); y la Conferencia sobre Establecimientos Humanos - Albergue II (la Declaración de Estambul y la Agenda de Albergue).
  11. Está en proceso el trabajo sobre estos indicadores de parte de gobiernos, comisiones y agencias de la ONU, y organizaciones no-gubernamentales (OONGG). Tales esfuerzos se están realizando, por ejemplo, bajo el auspicio de muchos gobiernos nacionales y varios cuerpos de la ONU, tales como el Centro para Establecimientos Humanos de la ONU, la Comisión sobre Desarrollo Sostenible, la Comisión para Desarrollo Social, y la Comisión sobre el Estado de la Mujer. Las OONGG y las coaliciones de OONGG están contribuyendo a este trabajo y también están emprendiendo sus propias iniciativas para con esto.
  12. UNRISD News, Núm. 16, Primavera/Verano 1997, páginas 14 - 15. Los tres trabajos ocasionales conjuntos mencionados son: Hacia un Informe Mundial sobre Cultura y Desarrollo: Construyendo Estadísticas e Indicadores Culturales; Indicadores Culturales de Bienestar: Algunos Asuntos Conceptuales; e Indicadores Culturales de Desarrollo.
  13. Para una exposición excelente sobre capital social, véase el capítulo 6, "Capital Social: el Eslabón Perdido?" en Expandiendo la Medida de la Riqueza: Indicadores de Desarrollo Ambientalmente Sostenible, Estudios de Desarrollo Ambientalmente Sostenible y Monografías Serie Número 17, El Banco Mundial, Washington, D.C. Véase además, Enfrentándose a la Crisis: Un Estudio Comparativo de Respuestas Hogareñas a la Pobreza y la Vulnerabilidad en Cuatro Comunidades Urbanas Pobres, Caroline O.N. Moser, Estudios de Desarrollo Ambientalmente Sostenible y Monografías Serie Número 8, El Banco Mundial, Washington, D.C..
  14. Estas iniciativas incluyen Manual de Indicadores Comunitarios: Midiendo el Progreso Hacia Comunidades Saludables y Sostenibles; los Principios Bellagio; y el proyecto de Nuevos Indicadores de la Nueva Fundación Económica.
  15. Estos esfuerzos incluyen el trabajo de numerosas OONGG dirigiéndose a valores y principios espirituales como fundamentales al progreso, las iniciativas de valores éticos y espirituales dentro del Banco Mundial, y varios proyectos de investigación. Entre los informes publicados se encuentran Cambio de Consciencia Global: Indicadores de una Paradigma Emergente (Duane Elgin y Coleen LeDrew, Awakening Earth, 1997); Cultura, Espiritualidad, y Desarrollo Económico: Abriendo un Diálogo (William F Ryan SJ, Centro de Investigación Internacional de Desarrollo, Ottawa, Canadá, 1995); y la Encuesta de Valores Mundial, 1981 - 1984 y 1990 - 1993 (Principle Investigator, Grupo de Estudios de Valores Mundiales, Consorcio inter-universitario para la Investigación Política y Social, Ann Arbor, Michigan, 1994).
  16. Los principios espirituales, según aseveran los Escritos baha'is, son aquellas verdades esenciales dados a la humanidad por aquella realidad superior, aquella incognoscible escencia de escencias llamado Dios. Las religiones traídas a la humanidad por una sucesión de luminarias espirituales han sido el lazo primario entre la humanidad y aquella realidad superior, y han galvanizado y refinado la capacidad de la humanidad por amar, por comprender la realidad y por lograr el progreso espiritual.
  17. Dos principios espirituales que pudieran ser parte de una lista extendida son la belleza y el servicio.
  18. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh - Selected Letters [El Orden Mundial de Bahá’u’lláh - Cartas Escogidas] (Wilmette, Editorial Baha'i, 1974 [segunda edición revisada], páginas 41 - 42).
  19. En los Escritos Baha'is, "Hombre es un término genérico que aplica a toda la humanidad." (‘Abdu’l-Bahá, The Promulgation of Universal Peace: Talks Delivered by ‘Abdu’l-Bahá during His Visit to the United States and Canada in 1912 [La Promulgación de la Paz Universal] [segunda edición] [Wilmette, Editorial Baha'i, 1982, página 76].)
  20. Bahá’u’lláh, Epistle to the Son of the Wolf [Epístola al Hijo del Lobo] (Wilmette, Editorial Baha'i, 1988 [nueva edición], página 13).
  21. ‘Abdu’l-Bahá, The Promulgation of Universal Peace: Talks Delivered by ‘Abdu’l-Bahá during His Visit to the United States and Canada in 1912 [La Promulgación de la Paz Universal] [segunda edición], página 375.
  22. ‘Abdu’l-Bahá, "Trustworthiness" [La Confiabilidad] The Compilation of Compilations, Volume II (Baha'i Publications Australia), 1991, página 340).
  23. Para una exploración de este concepto, véase Moral Leadership, 1997, the Global Classroom, Washington DC, publicado originalmente como Liderazgo Moral, 1993, Universidad Núr, Santa Cruz, Bolivia.
  24. ‘Abdu’l-Bahá, Japan Will Turn Ablaze: Tablets of ‘Abdu’l-Bahá, Letters of Shoghi Effendi and Historical Notes About Japan [El Japón se encenderá] (Osaka, Editorial Baha'i, 1974, página 35).
  25. ‘Abdu’l-Bahá, Paris Talks [La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá] (duodécima edición), página 145.
  26. La consulta requiere que los participantes individuales se esfuercen por trascender sus respectivos puntos de vista para poder funcionar como miembros de un cuerpo con sus propios intereses y metas. En la consulta, donde se intercambian puntos de vista tanto con franqueza como con cortesía, las ideas pertenecen no al individuo que las presenta, sino al grupo en general, para aceptar, rechazar, o revisar como mejor sirva las metas perseguidas. La consulta tiene éxito en la medida en que todos los participantes apoyan las decisiones tomadas. Bajo tales circunstancias, una decisión anterior puede fácilmente reconsiderarse si la experiencia expone cualquier fallo.
  27. ‘Abdu’l-Bahá, The Secret of Divine Civilization [El Secreto de la Civilización Divina] (Wilmette, Editorial Baha'i, 1990, páginas 24 - 25).
  28. Cada individuo tiene derecho a trabajo significativo y la responsabilidad de mantener a su familia y a contribuir al bienestar de la comunidad. Al desempeñarse en una ocupación u oficio en el espíritu de servicio, el individuo contribuye algo de valor a la sociedad. Por su parte, la sociedad reconoce el valor de sus miembros al crear oportunidades para que ellos se ganen la vida y hacer una contribución al bien común, ayudando así al desarrollo espiritual del individuo. Pues es al contribuir al bien común que el individuo adquiere verdadera madurez espiritual.
  29. ‘Abdu’l-Bahá, The Secret of Divine Civilization [El Secreto de la Civilización Divina], página 109.
  30. Las Enseñanzas Baha'is aseveran que de ser imposible que una familia eduque todos sus niños - una condición que deberá erradicarse en el futuro - la prioridad debe dársele a la educación de la niña ya que las madres son las primeras educadoras de futuras generaciones.
  31. Shoghi Effendi, por medio de su secretaria, de una carta de fecha 17 de febrero de 1933 a un creyente individual.
  32. "La naturaleza es la Voluntad de Dios y su expresión en y por medio del mundo contingente." Bahá’u’lláh, Tablets of Bahá’u’lláh revealed after the Kitáb-i-Aqdas [Tablas de Bahá’u’lláh] (Wilmette, Editorial Baha'i, 1988, página 142).
  33. ‘Abdu’l-Bahá, Selections from the Writings of ‘Abdu’l-Bahá [Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá] (Haifa: Centro Mundial Baha'i, 1978, página 291).
  34. Shoghi Effendi, Call to the Nations [Llamado a las Naciones] (Haifa: Centro Mundial Baha'i, 1977, páginas 55 - 56).
  35. Un sistema coordinado mundial de reservas de comida será esencial al bienestar físico de la familia humana en tiempos de falta, especialmente si el cambio global crea más y más inestabilidad en la producción de comida.
  36. La 37ª Asamblea de Salud Mundial hizo un llamado por que "los estados miembros consideren el incluir en sus estrategias para la salud para todos una dimensión espiritual..." (WHA 37.13, 15 de mayo de 1984)
  37. Bahá’u’lláh, Tablets of Bahá’u’lláh Revealed after the Kitáb-i-Aqdas [Tablas de Bahá’u’lláh], página 70.
  38. Por supuesto, pudiera identificarse y aplicarse más de un principio en cualquier área de norma dado.
  39. Obviamente, esto no describe en detalle la evaluación de esta información ni de tomar en cuenta las descripciones negativas de los mismos temas.
  40. Este involucramiento señalaría una disposición de parte de estas agencias de desarrollo por tomar en serio la realidad espiritual de la naturaleza humana.
  41. Al construir estos indicadores, se necesitará considerar medidas tanto cualitativas como cuantitativas. Podrían usarse encuestas de opinión pública, grupos de enfoque con audiencias claves, entrevistas individuales y a fondo, y asesoramientos rápidos participatorios, para ayudar a obtener los datos necesarios. El análisis de los datos requerirá una comprensión del marco y los principios filosóficos que dieron lugar a los indicadores en primer lugar.
  42. Agenda 21, 6.3.
  43. Habitat Agenda [Agenda de Albergue], 4.
  44. Copenhagen Declaration on Social Development [Declaración Copenhagen sobre el Desarrollo Social], 3.
  45. Programme for Action for the World Summit for Social Development [Programa de Acción para la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social], 4.
  46. Agenda 21, 6.23.
  47. Platform for Action of the Fourth World Conference on Women [Plataforma para la Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer], 24.
  48. Dada la fuerte influencia de las OONGG en estas conferencias, incluyendo aquellas que buscaban hacer que los valores y principios espirituales fueran la fuerza motriz de estos planes de acción, este enfoque sobre lo espiritual no sorprende.

Derechos del Niño

Derechos del Niño

Comisión de Derechos Humanos 54º período de sesiones Tema 20 del programa provisional

13 February 1998

[13 de febrero de 1998]

Abuso sexual de los niños dentro de la familia

La Comunidad Internacional Baha'i acoge con agrado la aprobación de la resolución 1997/78 de la Comisión, la cual aborda una amplia variedad de condiciones que afectan a los niños a través de todo el mundo. La resolución, al igual que la Declaración y Programa de Acción de Viena, hace un llamado para que se fortalezcan, a un nivel nacional e internacional, los mecanismos y programas concebidos para combatir la explotación y el abuso de los niños. En agosto de 1996, el Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de los Niños (en adelante, el Congreso Mundial) enfocó la atención mundial hacia una de las formas más viles de abuso hacia los niños, la explotación sexual.

En la presente declaración, quisiéramos enfocar nuestra atención en el abuso sexual de los niños que tiene lugar dentro de la familia; éste, el Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de Esclavitud (en adelante, el Grupo de Trabajo) lo ha descrito como "una forma moralmente abominable de la esclavitud" (E/CN.4/Sub.2/1997/13, recomendación 13). El abuso sexual de los niños que ocurre en el seno familiar hace estragos en todas las regiones del mundo, en todos los estratos económicos y sociales, y en toda clase de familias. Dicho abuso destruye el respeto tanto hacia la persona en sí como hacia los demás. Cuando el abuso ocurre dentro de la familia, que es donde se forma el concepto básico del niño mismo, es precisamente donde el daño es especialmente devastador, ya que inhibe el reconocimiento por parte del niño de su fundamental nobleza como ser humano, y obscurece la percepción del niño de aquello que le lleva a su avance o a su degradación. El abuso sexual por parte de los familiares predispone a la persona a una vida no sólo como víctima, sino frecuentemente como perpetrador de abuso también. Dicho abuso destruye los verdaderos cimientos de la sociedad ‑la familia‑ y restringe la habilidad que la persona tiene para contribuir al bienestar de la sociedad. Por lo tanto, el abuso sexual dentro de la familia tiene consecuencias transcendentales, tanto para los individuos implicados como para la sociedad.

El establecimiento y la subsiguiente puesta en práctica de los castigos apropiados según la gravedad de los delitos constituiría un paso importante y un factor disuasivo para los abusadores potenciales. Tales acciones comunicarían de forma inequívoca la intención del gobierno de velar por el derecho de todo niño a estar seguro dentro de su propio hogar. Nosotros, por lo tanto, estamos de acuerdo con la recomendación del Grupo de Trabajo de que los gobiernos "tomen las medidas necesarias para castigar severamente a los perpetradores de este delito sumamente nefasto" (E/CN.4/Sub.2/1997/13, recomendación 13, párr. 3). Al mismo tiempo, creemos que la solución definitiva de este problema no radica tanto en los castigos que se impongan sino en la prevención del mismo. Opinamos que es a través de la educación apropiada y el fortalecimiento de la integridad familiar, que se puede reducir de forma eficaz y a largo plazo el número, tanto de víctimas como de perpetradores.

La importancia, que revisten tanto la educación como las familias sanas en la protección de los niños, se ve reflejada en numerosos informes y estudios de las Naciones Unidas sobre este tema. En su declaración, el Congreso Mundial enumera los factores que contribuyen a la explotación sexual de los niños, entre los que se encuentran "las familias disfuncionales, [y] la falta de educación" (párr. 6). El informe de la Relatora Especial sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía observa que "La vulnerabilidad de los niños reside principalmente en las circunstancias... como la pertenencia a familias marginadas y/o rotas" (E/CN.4/1997/95, párr. 12). El Programa de Acción adoptado por la Comisión de Derechos Humanos en 1992 [1]/, asigna un capítulo entero al tema de la educación, y la Agenda de Acción del Congreso Mundial adoptada en 1996 (cap. 3, Prevención, párrs. a) a h)), tiene como enfoque la educación como medida preventiva importante. Además, el Grupo de Trabajo recomienda que los organismos encargados de vigilar el acatamiento de los tratados sobre los derechos humanos de las Naciones Unidas, presten especial atención a los artículos relacionados con estas dos áreas cuando examinen los informes de las partes firmantes de los Estados [1]/.

Los estudios demuestran que el abuso sexual trasciende todos los estratos educacionales, lo cual sugiere que la educación que es sólo académica no es suficiente para disuadir el abuso. Es por lo tanto importante determinar qué tipo de educación pudiera prevenir el abuso sexual de los niños. La Convención sobre los Derechos del Niño declara que la educación del niño, que tiene lugar tanto en la escuela como en el hogar, deberá estar encaminada a "desarrollar la personalidad [y] las aptitudes... del niño hasta el máximo de sus posibilidades" (art. 29, 1 a)). Según el Programa de Acción adoptado por la Comisión de Derechos Humanos en 1992 la educación debe inculcar "... valores tales como el amor propio" (anexo, párr. 21 b)). Creemos que para que la educación sea eficaz ésta debe capacitar la inculcación de conocimientos no sólo para asegurar la adquisición de datos, aptitudes y la habilidad de raciocinio, sino también para promover el reconocimiento del carácter espiritual de la humanidad, con todas sus consecuencias para el bienestar moral de la sociedad. Desde el punto de vista de la Comunidad Internacional Baha'i, por lo tanto, la educación debe procurar descubrir y desarrollar los talentos singulares de cada niño a la vez que cultiva en el niño el deseo y la capacidad de ser un miembro responsable y dedicado de la familia y la sociedad en general.

Además de conocimientos y aptitudes, todos los tipos de educación transmiten también valores y creencias, ya sea consciente o inconscientemente. Se deberían examinar los sistemas educacionales imperantes y los planes de estudio para ver cuáles son los valores implícitos que imparten y deben volverse a diseñar para enseñar tales principios como la confiabilidad, honradez, solidaridad, cooperación, la unidad del género humano y la igualdad de derechos para la mujer y el hombre. Creemos que este último tiene consecuencias profundas para la vida doméstica y social y, una vez que todos los miembros de la familia lo acepten, podría llegar a ser una potente fuerza disuasoria del abuso sexual dentro del seno familiar.

Teniendo en cuenta los cambios que tienen que realizarse dentro del ámbito de educación formal, es importante recordar que la educación tiene lugar en la familia también. Las actitudes y conductas que se aprenden en el seno de la familia repercuten en la sociedad en general, y se llevan desde el hogar al lugar de trabajo y al mundo de la política. Por lo tanto hay que prestar gran atención en idear formas de diseminar información usando los métodos y medios más eficaces, para así conocer cuáles son los patrones de comportamiento que tienen lugar en la familia que conducen a la disfunción y que afectan gravemente el bienestar de los miembros de la familia, en especial los niños.

Una herramienta importante para crear y mantener la viabilidad familiar es la consulta, que comprende a todos los miembros de la familia ‑madre, padre e hijos, así como a otros miembros de la casa. En realidad, la consulta es un vehículo ideal para buscar los puntos de vista del niño sobre todos los asuntos que le conciernen, tal como lo estipula la Convención sobre los Derechos del Niño. Las Escrituras baha'is recomiendan la consulta familiar usando la discusión franca y plena, alentada por la conciencia de la necesidad de observar la moderación y el equilibrio como una panacea para el conflicto doméstico [1]/. Tan valiosa es la consulta para resolver problemas en grupo y establecer nuevos métodos de interacción basados en la igualdad y el respeto mutuo, que parte de la educación de cada niño debería comprender la formación de las aptitudes y habilidades que se requieren para consultar de manera eficaz.

En conclusión, se necesitan campañas de educación pública para proclamar el derecho de los niños de estar seguros en sus propios hogares y para alentar tanto a los abusadores como a las víctimas a buscar ayuda. La discusión amplia de este problema, sus causas, consecuencias y remedios ayudaría a levantar el velo de sigilo y vergüenza que rodea el tópico del abuso sexual dentro de la familia, lo cual impide que muchas personas busquen ayuda. Por lo tanto, instamos que todos los medios, incluso los de comunicación, se usen para despertar la conciencia del público sobre la necesidad de acabar con el abuso sexual de los niños, especialmente cuando ocurre dentro del seno familiar.

[i]/   Resolución 1992/74, anexo, párrafos 18 a 23, en los que se recomienda metas educaciones como: "hincapié especial en las niñas", "los esfuerzos en materia de educación deben fundarse en principios de ética universalmente reconocidos, en particular el derecho a la integridad de la familia".

 

[i]/   E/CN.4/Sub.2/1997/13, recomendación 13, párrafo 7, menciona el artículo 13, párrafo 1, del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en el cual se estipula que "la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad".

 

[i]/   Casa Universal de Justicia, citada en Baha'i Marriage and Family Life: Selections from the Writings of the Baha'i Faith, pág. 36.

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